COLUMNAS DE OPINIÓN. Artículos de derechos humanos publicados originalmente en la página de opinión de la edición impresa de Diario EL COMERCIO.
Dimitri Barreto P.
Periodista desde 1996. Ha cubierto los efectos del conflicto armado colombiano, la corrupción y la violencia en Ecuador. Licenciado en Comunicación, con un diplomado en la UNAM sobre cobertura del crimen organizado. Macroeditor de EL COMERCIO. @ECdimitri

¡Terror e indefensión!

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Jueves 28 de enero 2021

El repudiable asesinato de Efraín Ruales en Guayaquil, este 2021, es un doloroso remezón en Ecuador. La muerte del conductor de televisión pone sobre la mesa la gravedad del sicariato, que en 2020 ya había segado las vidas de un candidato a la Asamblea al salir de una entrevista en Quevedo, de un europeo en la mesa de un centro comercial en Samborondón frente a su esposa e hija...

¿Sicariato? Sí. Un crimen premeditado por sujetos que ‘deciden’ sobre las vidas de los otros (denunciantes, ‘adversarios’ o personas con las que no simpatizan) en medio de la impunidad por una institucionalidad frágil. En Ecuador el sicariato es delito desde el 2014: “La persona que mate a otra por precio, pago, recompensa, promesa remuneratoria u otra forma de beneficio, para sí o un tercero será sancionada con pena privativa de libertad de 22 a 26 años”, reza en el COIP.

En 2020 los crímenes en Ecuador aumentaron un 14,5% frente al 2019 (hubo 1 361 homicidios y el año previo 1 188), un 36,7% frente al 2018 (hubo 995), un 40% frente al 2017 (hubo 972); las cifras son del Gobierno.

¿Más homicidios? Los datos oficiales destapan un indicador escalofriante: en el 58,4% de esas muertes los atacantes usaron armas de fuego, pese a que desde el 2009 Ecuador prohíbe su porte. No; no se trata de armar a la ciudadanía, lo que en una sociedad cada vez menos capaz de resolver diferencias de forma pacífica solo agravaría la violencia cotidiana.

¿Armas de fuego? Sí. Señores, el sicariato, esa circulación ilegal de armas... develan la operación de estructuras organizadas. Hay que mirar a México: en medio de la pandemia se documenta cómo el crimen organizado trafica no solo droga sino pruebas para covid-19, mascarillas, hasta oxígeno... ¿Tráfico? Sí. Organizaciones con músculo financiero para entrenar grupos, pagar delincuencias urbanas, controlar las rutas regionales del comercio ilegal de narcóticos, armas, fármacos...

En Ecuador, además de inteligencia para desmontar las raíces del crimen, urge una política integral de seguridad, que convoque a la sociedad y no culpe más a las víctimas ni diluya la violencia en impunidad. ¡No es tarde!