Rodrigo Borja

Jorge Salvador Lara

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 1
Domingo 12 de febrero 2012
12 de February de 2012 00:00

Conocí a Jorge Salvador en el Congreso Nacional de 1962. Elegido él por el Partido Conservador y yo por una coalición de fuerzas de centroizquierda y de izquierda -denominada Frente Democrático-, mantuvimos muchas y muy arduas discusiones ideológicas y políticas en el seno del parlamento.

El congreso fue muy beligerante. Las fuerzas parlamentarias se dividieron en dos mitades: izquierdas y derechas. Y todos los días se promovían fuertes pero muy interesantes discusiones políticas e ideológicas. Jorge Salvador, al frente de la bancada de la derecha, lideraba la oposición parlamentaria contra del gobierno del doctor Carlos Julio Arosemena. Fue un diputado muy combativo. Llegó a plantear un juicio político para la destitución del presidente, pero no alcanzó a reunir los votos suficientes. Recuerdo que con frecuencia comenzaba sus discursos con una frase sacramental: "¡Voy a llamar al pan, pan; y al whisky, whisky!", en clara alusión a los "vicios masculinos" que se imputaban al doctor Carlos Julio, que fue también un hombre de inteligencia brillante.

Durante todo el período legislativo mantuvimos duras controversias ideológicas y políticas con Jorge Salvador. Recuerdo, como anécdota, que en uno de esos litigios doctrinales me llamó "niño prodigio". Y yo, en lugar de agradecerle, me enfadé y promoví un incidente. ¡Cosas de la inmadurez y de los complejos de la edad! Pío Oswaldo Cueva, de Loja, y yo éramos los diputados más jóvenes de ese congreso.

Pero mis distancias filosófico-políticas con Jorge Salvador no me impiden reconocer sus méritos y su valía ni admirar su honestidad intelectual, su caballerosidad, su sentido austero de la vida. Fue un pensador profundo, dueño de ideas trascendentales, y un lúcido investigador de nuestra historia. Leal con sus principios y convicciones, llevó una larga vida de ejemplar dignidad e independencia. No se dejó tentar por la riqueza. Fue un trabajador infatigable y tuvo una vida plena de realizaciones. Fue filósofo, jurista, catedrático, político, historiador, humanista, diplomático, internacionalista, crítico de arte, lingüista, arqueólogo, escritor, bibliómano, periodista, teólogo. Casi no hay campo de la cultura en que él no haya incursionado.

Fue un elegante, erudito y enérgico orador parlamentario. Sus discursos eran brillantes. Sin duda, fue uno de los grandes oradores que han pasado por el parlamento. Y lo digo con conocimiento de causa porque desde mis tiempos estudiantiles, cuando trabajaba como amanuense de la Cámara de Diputados, tuve la oportunidad de conocer y escuchar a varios de ellos: Pedro Saad, Camilo Ponce, Carlos Julio Arosemena, Luis Maldonado Tamayo, Carlos Luis Plaza Dañín, Luis Robles Plaza y algún otro que se me escapa.

Ha muerto Jorge Salvador Lara. El Ecuador ha perdido un gran ciudadano y Quito, su cronista vitalicio.