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Sin sorpresas

El tan proclamado diálogo impulsado por la Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea Nacional terminó sin sorpresas: el Ejecutivo impuso una vez más su visión unilateral y los asambleístas del Régimen oficiaron de notarios.

El informe de mayoría para primer debate reproduce íntegramente el esquema de control total sobre las universidades, maquillado con algunas reformas superficiales y algunas vivezas criollas. En respuesta a los argumentos de inconstitucionalidad, Senplades eliminó del proyecto la todopoderosa Secretaría Técnica  e incluyó una nueva Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación. El sofisma es claro. Se argumentará que el artículo 386 de la Carta de Montecristi establece un órgano para coordinar el sistema nacional de ciencia, tecnología, innovación y saberes ancestrales que involucra a las universidades.

Lo que no se dice es que este órgano carece de facultades para regular la educación superior y que en él deberían participar,  forzosamente, los institutos de investigación públicos y particulares, empresas públicas y privadas, organismos no gubernamentales, a más de universidades y escuelas politécnicas. Consumada la viveza, el proyecto de mayoría de la Comisión de Educación y Cultura asignó a esta nueva Secretaría las mismas facultades omnímodas e inconstitucionales de la tristemente célebre Secretaría Técnica que los laboratorios de Senplades inventaron en su proyecto inicial.

Con ese as bajo la manga, el Senplades sostiene ahora que el Gobierno está dispuesto a ceder espacios en el nuevo Consejo de Educación Superior que, de acuerdo a la Constitución, es el llamado a regular el sistema. Muy fácil regalar esos espacios sabiendo que el poder real reside en la nueva y pomposa Secretaría que permanece bajo el dominio absoluto del Ejecutivo. Sus poderes le permiten controlar, entre otras cosas,  la vida y muerte de las universidades, sus planes y programas, la creación de nuevas carreras, el manejo financiero de instituciones públicas y particulares, y el régimen estatutario de los gremios estudiantiles, docentes y laborales.

El dogmatismo de Senplades se ha impuesto y ha utilizado a la mayoría gobiernista de la Comisión de Educación como caja de resonancia. Queda tan solo el compromiso del Arq. Fernando Cordero, académico de tradición, que reafirmó la importancia de un diálogo real que alcance la verdadera reforma que todos anhelamos.  Dicha reforma deberá sustentarse en dos pilares: el derecho del Estado a exigir calidad y rendición de cuentas y el derecho de la Universidad a conducirse con libertad y autonomía. No a la ingeniería social.