Tráfico aéreo hace vulnerable a Guayaquil

Tres casas fueron afectadas en el norte de Guayaquil por la caída de la avioneta privada que había despegado de Manta con tres ocupantes. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.




La avioneta Cessna 206, matrícula HC-CLR, que cayó el martes 18 de septiembre de 2022 en Sauces 1, en el norte de Guayaquil, habría tenido una falla en el motor, y pese a ello el piloto nunca perdió el control y pudo maniobrar la aeronave sin que hubiera un mayor impacto.

Así lo notificó a EL COMERCIO una fuente amiga de los fallecidos en el accidente, ocurrido a las 15:34 en el norte de Guayaquil.

Hernán Carrera, subdirector zonal de la Dirección de Acción Civil, ratificó que ya en tráfico el piloto reportó un problema eléctrico, 30 segundos antes del choque.

El incidente recuerda a los pilotos cuán vulnerable es Guayaquil al tener su aeropuerto cerca de la zona habitada. Así lo explica el piloto Miguel Verzola, quien con siete años de experiencia en este campo se dedica a vuelos comerciales y es asistente de despacho en temas aéreos.

El tránsito sobre la ciudad es ine­vitable, porque el aeropuerto está allí para arribo y despegue. De allí que, en caso de una emergencia, sea imprescindible sobrevolar la ciudad y eso es peligroso, añade.

Un reglamento para la altura

La actividad de avionetas es muy común en Guayaquil. Es una ciudad que tiene camaroneras que realizan constantes sobrevuelos y donde el servicio de taxi aéreo es diario, además de los vuelos de carga, pero siempre bajo normas.

Verzola explica que las aeronaves están obligadas a transitar el área habitada de la urbe una altitud no menor de 340 metros. Además hay protocolos y procedimientos.

Entre esos protocolos cita, por ejemplo, la obligatoriedad de tener contacto visual con la ciudad completamente. De allí que no esté permitido volar con esas aeronaves si hay nubosidad. En cuanto a la altura, lo que se garantiza con esa norma es poder tener facultad para resolver situaciones de emergencia, pero no es garantía, como lo ocurrido el 18 de octubre.

“Una maniobra espectacular”

El territorio urbano de Guayaquil es utilizado estrictamente para tránsito. Fuera de la ciudad, en vía a la Costa o el sector de Lomas de Sargentillo, siempre fuera de las 10 millas náuticas, en cambio, sí hay sectores para practicar.

A propósito de la emergencia, sin embargo, el piloto de la avioneta debió aplicar lo que sus colegas llaman “una maniobra espectacu­lar”, pues evitó daños mayores y “no perdió el control del avión, planeó hasta donde más pudo”.

Expertos, que prefieren no ser citados, por el luto que vive el gremio, dicen que consta en videos que la hélice da vuelta, pero sin potencia, es decir, se presume que dejó de funcionar el motor.

La avioneta pertenecía al capitán Édgar Rosero, quien junto con el también capitán Juan Guzmán, falleció en el siniestro. A ellos les sobrevivió el capitán Christian Almendáriz, quien fue el piloto y sigue hospitalizado.


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