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Testimonio de inseguridad: ‘Me robaron con escopolamina y perdí mi empleo porque los delincuentes se llevaron documentos importantes de mi trabajo’

Un joven fue drogado con escopolamina el pasado 10 de agosto del 2020. No ha podido denunciar el caso por trabas burocráticas. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO.

Un joven fue drogado con escopolamina el pasado 10 de agosto del 2020. No ha podido denunciar el caso por trabas burocráticas. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO.

Un joven fue drogado con escopolamina el pasado 10 de agosto del 2020. No ha podido denunciar el caso por trabas burocráticas. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO.

Los robos con escopolamina continúan en el Distrito Metropolitano de Quito. Un caso ocurrió la noche del 4 de agosto del 2020 cuando a un joven le robaron al interior de su departamento ubicado en el centro de la urbe.

El hecho se produjo tras citarse con un hombre al que conoció por la red social Grindr. La víctima denunció que lo drogaron con escopolamina y un sospechoso fue detenido para las investigaciones.

Otro caso ocurrió seis días después, la tarde del pasado 10 de agosto del 2020. Cristian (nombre protegido), de 24 años, hizo amistad con un hombre al que conoció en la red social Tinder y se citaron para tomar cervezas en el norte de Quito. Tras drogarlo con la misma sustancia le robaron sus pertenencias y lo abandonaron en las inmediaciones de un centro comercial.

Este lunes 17 de agosto del 2020, se cumple una semana de aquel incidente y el joven no ha podido denunciar lo que ocurrió por las trabas burocráticas.

A continuación su testimonio:

“Salí de la oficina y me escribía con un chico que conocí a través de la red social Tinder. Me insistía que quería verme en persona y lamentablemente accedí a lo que me pidió. Nos hicimos amigos ese mismo día como si lo hubiera conocido en una fiesta.

Llegué al barrio Ponciano Bajo (norte), a las 17:30. El individuo me fue a ver en su vehículo junto a una mujer que supuestamente era su prima. Me recogieron y empezamos a tomar en una tienda. En verdad eran unas personas muy amables. Al principio sentía inseguridad porque no les conocía, pero finalmente se ganaron mi confianza.

Compraron un six pack de cervezas y pensé que me iban a dar una botella, pero no fue así. Me sirvieron en un vaso. Bebí un poco y luego apenas recuerdo que me abandonaron sin mis pertenencias en las inmediaciones del centro comercial El Condado Shopping, exactamente en la calle John F. Kennedy.

Me quitaron los lentes. También se llevaron papeles importantes de mi trabajo, mi celular, una maleta, mi chaqueta, una billetera con USD 30 en efectivo y mis documentos personales. En esos momentos, me acerqué a un hombre motorizado y le pedí ayuda para llamar a mi mamá, quien me auxilió casi a las 21:00 de ese día. Perdí el conocimiento y me desperté en una clínica. Los médicos me informaron que me drogaron con escopolamina.

El joven recuerda que las personas que le robaron lo empujaron del vehículo en el que se encontraban, por lo que resultó lastimado. Foto: cortesía

Me comuniqué con la Policía Nacional. Me indicaron que no podían tomar mi declaración y que debía ir a la Defensoría del Pueblo. Allí me pidieron que vaya a la Unidad de Flagrancias ubicada en la avenida Patria y 9 de Octubre. En la otra entidad me dijeron que en ese sitio solo se atienden los casos de personas que ya fueron detenidas.

Me recomendaron ir a la Casa de la Justicia en Carcelén y tampoco me solucionaron el problema. Lo lamentable es que yo tengo las placas del auto y más información, pero nadie quiere colaborar conmigo. Mi situación es frustrante porque lo que viví es muy fuerte.

El tipo con el que chateaba se llamaba Javier y me dijo que laboraba en una boutique de un centro comercial del norte de Quito. Un día después del robo, acudí a ese sitio para preguntar por él y el supervisor del local me dijo que nadie con ese nombre trabajaba allí.

Perdí mi trabajo porque se llevaron unos documentos muy importantes. Tengo la información de los sospechosos, pero nadie me ayuda. Conseguí las placas del carro y las autoridades no me escuchan. Yo regresé a vivir en Ecuador, pues antes residía en EE.UU.

Lamentablemente, en mi país no me han tratado bien. En febrero de este año, me robaron el teléfono celular mientras me encontraba en el auto de uno de mis amigos. Dos hombres con armas de fuego nos abordaron agresivamente en el sector de La Paz, al norte. Traté de denunciar el incidente y ocurrió la misma historia, lo que siempre pasa en este país. No pude denunciar.

Las autoridades no revisaron las cámaras para reconocer a quienes nos atacaron. Llamé a la Policía y nos dijeron que era imposible rastrearles (con los teléfonos celulares). Nos pidieron que tengamos más cuidado. Les proporcionamos las tres primeras letras de la placa y el modelo del auto, pero tampoco colaboraron. Es feo que no nos ayuden.

Todavía tengo las huellas del robo registrado el 10 de agosto. Son golpes en las manos, así como raspones en las rodillas como si me hubieran pateado. Solo alcanzo a recordar que me empujaron del carro, no me dejaron abrir la puerta para salir”.