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Familia del policía Jorge Chiliguano se unió más tras su muerte

María Elena Gaibor abraza una bandera que la Policía Nacional entregó a su esposo Jorge Chiliguano. Foto: EL COMERCIO

Abraza una bandera y cierra los ojos. Rosa Elena Gaibor permanece en silencio, en medio de la sala de su casa, una vivienda de dos pisos levantada en El Conde, un barrio del sur quiteño. Se seca las lágrimas y dice que enmarcará la tricolor, que la comandante general de Policía, Tannya Varela, le entregó el día en que velaba a su esposo.

Jorge Chiliguano tenía 41 años. Era sargento y hace ocho días fue asesinado mientras atendía una emergencia en el barrio Nueva Aurora, también en el sur de Quito. La bandera, que se coloca sobre el féretro en honor al personal que muere en servicio, ahora permanece sobre un anaquel, junto a fotografías del sargento.

En una de esas imágenes, Chiliguano aparece con su esposa y sus dos hijas: Fernanda, de 18 años, y Melany, de 11.

En estos días, la casa de los Chiliguano-Gaibor está llena de familiares y amigos que llegaron de distintas partes del país para solidarizarse. “No vamos a dejar solas a mis sobrinas y a mi hermana”, dice Elina Gaibor. Ella llegó la noche del domingo desde Quevedo-Los Ríos, tras enterarse del ataque armado que sufrió su cuñado.

Es jueves en la tarde. Una veintena de personas, entre niños, adolescentes y adultos, copan cada espacio de la casa.

Unos conversan en la sala y otros en el comedor. Revisan álbumes familiares. Los más jóvenes elaboran pancartas para salir a protestar.

Yolanda Medina permanece en un sofá y observa una fotografía del policía. No puede contener las lágrimas. Llora. “Mi vida se fue con él”. A sus 64 años tuvo que despedir a su hijo. La imagen que sostiene en su mano se tomó en uno de los ascensos de grado. Recuerda que ella no quería que Jorge fuera policía, porque decía que era una profesión peligrosa, pero finalmente lo apoyó.

Su padre, también llamado Jorge Chiliguano, no olvida la conversación que hace 22 años mantuvo con su hijo cuando ingresó a la Escuela de Formación, en el sector de Tambillo-Machachi. “Yo le decía que siguiera en la Escuela Politécnica Nacional, porque ya había estudiado un año ahí. Quería que se graduara como ingeniero mecánico y lo apoyaba para el taller, pero él no aceptó. Dijo que quería ser agente y lo cumplió”.

Yolanda Medina y Jorge Chiliguano son los padres del policía asesinado el pasado domingo en el sur de Quito. Foto: EL COMERCIO

“Alguien me arrancó el corazón”, dice la madre entre sollozos. Mientras se acomoda sobre el sofá cuenta que Jorge le ayudaba con los gastos de la medicación que necesita por una cirugía de corazón abierto a la que fue sometida hace un año. El día del ataque, el policía escribió al teléfono de su mamá y le dijo que ya iba a la casa y que le compraría los fármacos. “Ya no lo volví a ver más”.

El primero en enterarse del asesinato fue su padre. Un familiar y una amiga fueron a su casa, en La Ecuatoriana.

Tocaron a su puerta y antes de que él pudiera saludarlos pusieron el dedo índice sobre su mascarilla para señalarle que no hablara y no alertar a su esposa. Lo llevaron a un carro y le dieron la noticia. “Sentí que me desvanecía. No sabía qué hacer. Estaba desesperado. Para mí no era verdad”. Después de llorar salió del carro y entró a la casa. No sabía cómo decir a su esposa lo que ocurría.

Había temor por su condición médica. Cuando ella escuchó lo que sucedió se desmayó. Los familiares dicen que todo se alteró en segundos.

En la casa de Rosa Elena aún se conserva un globo que su esposo mandó a su trabajo el último Día de la Madre. “Siento que pronto va a llegar”.

Ese domingo ambos se despidieron en el desayuno y se fueron a trabajar. Ella tuvo turno en un local de comida rápida.

Cerca de las 13:00 su cuñada fue a verla. “Yo la veía que entre los clientes me hacía señas”. Al acercarse, le contaron que su esposo recibió un disparo. Luego le dijeron que murió. “Yo gritaba. Perdí la razón. Salí corriendo y mi cuñada me llevó en su carro, pero cuando llegué Jorge ya había muerto”.

Recuerda que ambos se conocieron en Quito por accidente. Ella había llegado de Los Ríos para estudiar servicios auxiliares en computación. Un día caminaba por la ciudad y él, que estaba en servicio, hizo parar los carros para que ella cruzara la calle.

“Me pareció un lindo gesto pero yo seguí mi camino. Pensé que todo iba a quedar ahí”.

Tras un año de esa escena, él la reconoció en un centro comercial, se acercó y le recordó ese episodio. Después empezaron a salir. “Llamaba al celular de mi hermana para poder hablar”. Dice que le enamoró lo “romántico y detallista”. Él era músico y le dedicaba canciones. En su boda tocó el piano con la orquesta que contrataron. En su juventud él integró la banda Potencia Juvenil.

Hoy, todos piden más protección para los policías. En lo que va del año, siete agentes han sido asesinados mientras estaban en operaciones.

La familia tenía previsto celebrar el miércoles último el Día del Padre, porque hoy Jorge y Rosa Elena tenían turno en sus trabajos. Ella buscaba un regalo. Quería sorprenderlo con la última camiseta del Barcelona, equipo del que era hincha. El plan era llevarlo a un local de parrilladas en el sur. “Todo eso ya no se cumplió”, dice mientras llora.

#ATENCIÓN | “No podemos salir en la noche”. Marcha en #Quito por asesinato de policía » https://bit.ly/35BRSOl

Posted by El Comercio on Friday, June 18, 2021