Suecia incia proceso de entrada en la OTAN
Soldados ucranianos evacúan Azovstal y son prisioneros rusos
El otro frente de la Unión Europea: Irlanda del Norte
Estado de excepción
Salud mental de los estudiantes, una prioridad con e…
Madres donan leche materna para salvar vidas
Mafias tienen casas en todo Guayaquil para resguardar droga
Las cifras sobre los recicladores de base, una tarea…

Capacitación para guías penitenciarios muestra debilidades

La formación del personal es una tarea fundamental. En el país, por cada 108 detenidos existe un guía penitenciario. Foto: cortesía

Un fuerte resguardo policial y militar se mantiene dentro y fuera de la Penitenciaría de Guayaquil. Cada semana, un total de 1 000 efectivos realizan controles en esta cárcel, considerada la más violenta del país. 

Ese número de uniformados es el necesario para mantener la vigilancia de los más de 8 500 detenidos que alberga ese recinto. Sin ese refuerzo, la vigilancia sería casi imposible, pues datos oficiales revelan que existe un déficit de guías penitenciarios. Los informes de Rehabilitación dan cuenta de que por cada 108 presos existe un guía.  

Los celadores confirman esta realidad y cuentan que la falta de personal ha sido una constante durante varios años en el sistema penitenciario. Actualmente, por ejemplo, en las cárceles del país existen 1 654 uniformados, pero se requieren de al menos 2 261 para que exista un manejo eficaz de los centros.  

Por eso, en cárceles como la Penitenciaría, los guías admiten que ellos no tienen el control de las celdas. Su trabajo se basa en coordinar con los jefes de cada pabellón, para que ellos sean quienes mantengan el orden. Incluso, la alimentación no se entrega a cada detenido. Los cabecillas son los que reparten la comida. 

La falta de seguridades dentro de esta cárcel incluso ha dificultado el ingreso de comitivas nacionales e internacionales, para constatar la situación en la cual habitan los detenidos. Una de estas estuvo integrada por un grupo de asambleístas. Ellos, en su informe, señalaron que no pudieron verificar las condiciones de vida de los detenidos, “dado que el control de los centros a lo interno lo ejercen las personas privadas de libertad”. 

Al déficit de personal del sistema carcelario también se suma otro inconveniente: la capacitación y formación de estos uniformados.

La Contraloría del Estado ha sido testigo de estas fallas. En un examen especial, que data de 2020, revela que desde 2014 los agentes penitenciarios no han tenido una formación continúa. En especial, respecto del manejo de armas y técnicas de defensa.  

El informe de auditoría señala una serie de respuestas que dieron los directores de seguridad penitenciaria para evadir sus responsabilidades.  

Por ejemplo, en el 2018 se indicó en un oficio que “no se consideró en su planificación un ítem designado para capacitación y en especial para el manejo de armas, ya que se necesita logística como adquirir municiones y un lugar de prácticas”.  

En otros años, en cambio, se manifestó que la falta de presupuesto era la razón por la cual no se organizaron cursos de capacitación para este grupo de seguridad. 

Los guías que trabajan en la cárcel de Cotopaxi tampoco han recibido instrucción en los últimos años. En ese centro de rehabilitación social hay un déficit de 540 agentes. Actualmente trabajan 180 uniformados.  

Los informes oficiales indican que carecen de toletes y gas pimienta. Para los traslados de detenidos “no cuentan con armamento letal, como fusiles de asalto y pistolas”.  

Además, las comitivas legislativas corroboraron que existe “una precariedad laboral en la carrera de guías, pues no cuentan con compensaciones, ni bonificaciones por traslados o residencia, ni incentivos de ascenso”.  

Los agentes penitenciarios dicen que empiezan ganando USD 840 mensuales y que la mayoría se mantiene con ese salario por varios años. “Muy pocos llegan a jefe, subjefe, inspector o subinspector, cuyos salarios superan los USD 1 400”, relata un agente.
  
Todas estas falencias han generado que los guías no puedan actuar en situaciones graves, como los amotinamientos o masacres dentro de las cárceles. Los guías relatan que cuando existen disturbios tienen la orden de salir corriendo de los pabellones y adentrarse a zonas de seguridad establecidas. 

“Nosotros no detenemos los asesinatos porque no tenemos ni equipos para contrarrestar a los internos, ni tampoco capacitación. En esos casos tiene que actuar la Policía con sus grupos tácticos. Pero a veces ni ellos pueden ingresar”, comenta un agente que ha trabajado en las tres cárceles más grandes del Ecuador.  

Hasta el momento, 315 detenidos han fallecido dentro de las prisiones del país en lo que va del 2021. Ante la crisis que se registra en el sistema, el Gobierno anunció una intervención en los centros penitenciarios, pero hasta el momento se desconoce cómo se fortalecerá a los guías.