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Más de 620 locales han cerrado en la zona de la Mariscal, en Quito

En la calle José Calama abundaban bares y discotecas. Hoy luce casi abandonada. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los estudiantes que salían -a toda hora- de un instituto de idiomas y de las oficinas, llenaban tiendas, restaurantes y decenas de locales ubicados en la Reina Victoria, entre Baquedano e Ignacio de Veintimilla. Pero la pandemia terminó con todo ese movimiento.

Iván Alemán, propietario de un restaurante en La Mariscal, cuenta que el edificio de donde salían esos jóvenes y oficinistas hoy está prácticamente abandonado. Su local, con esfuerzo, logró sobrevivir a la disminución de clientes, no así los negocios colindantes.

Frente a su restaurante hay una especie de centro comercial pequeño con más de ocho locales, pero solo tres están ocupados. Los letreros, con números de teléfono y anuncios de ‘se renta’, abundan en esta zona y en las ventanas de decenas de propiedades en vías como la José Calama, Mariscal Foch y la Amazonas.

En la plaza El Quinde, el trajín es muy diferente del que caracterizaba a esta zona antes de la emergencia sanitaria. Allí, al menos cinco locales están abandonados, con vidrios y paredes grafiteadas. En los exteriores, donde hace meses se colocaban mesas, sillas y calefactores, se esconden personas en condición de calle, entre cobijas y cartones.

De acuerdo con la información que levantó la Administración Zonal La Mariscal, de los 2 237 establecimientos que fueron revisados en las últimas semanas, el 28% está cerrado. Es decir, cerca de 620. Los restantes 1 617 continúan abiertos y se distribuyen en puntos donde empieza la reactivación, pero a paso lento.

En el sur de La Mariscal la situación aún es preocupante. En calles como la Jorge Washington son comunes las propiedades desocupadas y negocios cerrados. Lucía Gangotena vive de los arriendos de varios locales en esa zona. Cuenta que tres negocios cerraron, y los demás pagan la mitad de su renta porque afirman que las ventas siguen bajas.

Selma Merino es propietaria de dos hostales ubicados en las calles Juan Rodríguez y Lizardo García. Ella comenta que, si bien la llegada de turistas no se asemeja a la prepandemia, al menos los visitantes -principalmente nacionales- ya empiezan a ocupar las habitaciones y a pasearse por los parques y plazas de La Mariscal, que son parte de un nuevo proyecto de regeneración.

Así lo confirma María Cecilia Zambrano, administradora Zonal. Para ella, el principal objetivo es inyectarle nuevamente vida a este colorido barrio de casi 190 propiedades patrimoniales, pero sin los conflictos como el microtráfico y la delincuencia, que alejaron a muchos turistas.

Para lograr ese cometido, desde esta Administración se impulsan iniciativas como el proyecto Apropiarte, que busca devolverles a los moradores del barrio el sentido de pertenencia de varios espacios. Para ello, se han adecuado esquinas y paredes con murales y pequeños atractivos como mesas de ajedrez pintadas sobre mojones de cemento.

Muchos dueños de los establecimientos también han mostrado su interés por recuperar La Mariscal, que hace muchos años era otro de los principales atractivos turísticos del Quito urbano, después del Centro Histórico.

Propietarios como Elio Serrano, vieron en el cambio de giro de sus negocios la única alternativa para salir y atraer nuevamente a los clientes.

Serrano es propietario de lo que hace meses era el conocido bar Bungalow, hasta donde llegaban decenas de jóvenes de varios países. Por la pandemia este centro de entretenimiento ha permanecido cerrado durante 18 meses y Serrano no proyecta una reapertura al menos en este año.

Por ello, él tramitó todos los permisos de ley para convertir al Bungalow en un restaurante de comida rápida, para que platillos como alitas y hamburguesas se conviertan en el principal atractivo de los comensales tal y como se pensó desde la apertura del bar.

Nicolás Cervantes es propietario del hostal Blue House desde hace 12 años y también cerró durante la pandemia, pero cuenta que en los últimos meses percibe una leve mejoría. Su target son ‘mochileros’ de otros países que de a poco regresan y se hospedan en este sitio, en la Joaquín Pinto.

En esa calle, indica Cervantes, varios locales se convirtieron en restaurantes, lo cual atrae a muchos viajeros y le devuelve la vida al sector.

Para Zambrano, el objetivo de reactivar La Mariscal se enfoca, precisamente, en impulsar a todos esos locales que cumplen con las normativas y se suman al mejoramiento de todo el barrio. Recalca que, pese a que los problemas se acentúan más en la zona occidental, del lado oriental el ambiente es totalmente opuesto. Así se visualiza, por ejemplo, en toda la Isabela Católica. La idea, insiste la Administradora Zonal, es que toda La Mariscal viva la reactivación y se convierta de nuevo en un referente turístico y cultural para la capital.