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Los 'pulmones' de Quito cuentan con 50 guardianes de bomberos

Imagen de un incendio forestal en el sector de Papallacta, al nororiente de Quito, que consumió cerca de 55 ha. Foto: Cortesía Cuerpo de Bomberos Quito.

El amanecer llega al barrio San Francisco de Miravalle y una neblina espesa permanece sobre la superficie del suelo. Soraya Lalangui es de estatura mediana y ojos negros. Su día se inicia a las 06:30 y sale de su casa, en Alma Lojana, en medio de un frío que carcome los huesos.

Durante su intensa jornada recorre el cerro Auqui, una elevación que se encuentra al oriente de la ciudad de Quito y separa los valles de Cumbayá y Los Chillos; tiene una altura de 500 metros y cuenta con 400 hectáreas.

Sus áreas verdes se extienden a los barrios de Guápulo, Cielo Azul, Alma Lojana y San Francisco de Miravalle. Lalangui forma parte de los 50 guardabosques que tienen como misión cuidar y velar por los bosques del Distrito Metro­politano de Quito.

El Auqui es parte de su vida; creció en este lugar, formó su hogar y ahora se encarga de proteger este ecosistema como algo suyo. La mujer tiene tres años como guardabosques y cuenta que su trabajo se centra en ser la primera línea de barrera para que los incendios forestales no ocurran.

Además de vigilar las actividades humanas en los entornos naturales, hace registros de los cambios que pueden sufrir los espacios para trabajar en las labores de colaboración y extinguir estos fuegos.

Mientras se adentra en el corazón del cerro, Soraya tiene que vigilar que nadie atente contra el frágil hábitat, pues su trabajo es cuidar que no haya quema de los pajonales. “Es maravilloso ver el cambio que ha tenido en los últimos cinco años; antes ocurrían incendios a cada rato. Creo que los guardaparques somos parte de la transformación de este paisaje. Hoy se ve verde y eso significa que la vida regresó”.

El teniente Mauro Pichucho, oficial del Cuerpo de Bomberos, explica que con la llegada de las altas temperaturas, propias del verano, la vegetación se seca, hay menos precipitaciones y eso hace que se forme una gran cantidad de materia vegetal apta para arder, si se produjera algún detonante que iniciara un incendio forestal.

Pese a ello, la inmensa mayoría de los incendios que se producen en la capital, claramente más de un 94%, se debe a la mano del ser humano, bien sea por alguna negligencia, como arrojar una colilla mal apagada, e incluso por hacerlo de forma intencionada.

Una de las tragedias más graves se reportó en septiembre de 2018, cuando un voraz incendio destruyó 921 hectáreas del cerro Atacazo. Es una zona de difícil acceso y los vientos provenientes de la Amazonía avivaron el fuego.

En enero de este año se registró un incendio forestal a la altura del kilómetro 11 de la vía Pifo–Papallacta; aproximadamente 55 hectáreas de terreno se consumieron.

Las fogatas mal apagadas por excursionistas que visitan montañas o por personas que acuden a parques son otro factor que puede desencadenar un incendio forestal, menciona Pichucho.

Medidas de prevención

Mauro Pichucho, junto a los brigadistas, establece la hoja de ruta. Foto: Cortesía Cuerpo de Bomberos de Quito.
Mauro Pichucho, junto a los brigadistas, establece la hoja de ruta. Foto: Cortesía Cuerpo de Bomberos de Quito.

En la fase de análisis de riesgos se determinó que hay 45 puntos de conflicto en áreas de conservación y en parques urbanos; es decir, que son propensos a los incendios forestales. Entre ellos están sectores como Nono, Puéllaro, Ilaló, Atacazo, Auqui, Casitagua y el parque Metropolitano Guangüiltagua.

Por eso se está sensibilizando a la comunidad sobre la importancia de la protección de bosques y sobre lo perjudicial que resulta quemar basura y maleza. Esas tareas están a cargo de 40 briga­distas comunitarios.

A esta labor se suma Freddy Toapanta; tiene 20 años y desde pequeño ya soñaba con apagar incendios. Ahora es brigadista y conjuntamente con los guardabosques recorre las comunidades para dar charlas de prevención. Recalca la importancia de llegar a la ciudadanía con el mensaje de cuidar de las áreas verdes.

Cuenta que en los dos años que va ejerciendo esta función ha visto escenas que le han marcado. Una de ellas fue el incendio de 2021 que ocurrió en el Antisana; “vi cómo conejitos corrían entre los pajonales para evitar ser alcanzados por las llamas, perdieron su hogar y otros murieron”.

El Ministerio del Ambiente impulsa la campaña Juntos Prevenimos los Incendios Forestales, para promover el manejo adecuado e integral del fuego y la conservación del patrimonio natural.

Entre 2010 y 2021 hubo 20 148 incendios forestales, que afectaron a más de 202 000 hectáreas de vegetación. La sanción por causarlos es de tres a seis años de cárcel.

#Quito | El vehículo pesado quedó con las llantas en el aire en la avenida Simón Bolívar » https://bit.ly/3PM9dsC

Posted by El Comercio on Monday, August 22, 2022