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Quito prevé que el 2022 se inicie con subida de contagios

El Municipio estableció brigadas de inoculación para llegar a sitios alejados, como el barrio Osorio (foto), donde está la población que aún no se vacuna. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Al finalizar el 2021, Quito experimentó un crecimiento de casos covid-19. La perspectiva es que al iniciar el 2022 esa tendencia se mantenga.

Eso es lo que se pronostica. Lo que aún no se puede saber es cuánto llegará a incidir la variante Ómicron, cuyo conocido poder de transmisibilidad aún no se refleja en las estadísticas.

En septiembre del 2021, después de iniciado el proceso de vacunación masiva, las cifras de contagios cayeron en Quito. Se llegó a tener 40 por semana en septiembre. En el peor momento de contagios, antes de la vacunación, se llegó a tener 5 000 contagios a la semana.

Desde mediados de octubre del 2021, sin embargo, empezó a registrarse un aumento de casos. Se inició con una subida a 100 semanales. Al empezar noviembre ya eran 400. Para mediados de diciembre la cifra llegó a 632. La última medición (semana del 18 al 25 de diciembre), habla de 535 casos.

¿A qué se deben estos incrementos? El secretario de Salud del Municipio de Quito, Francisco Viteri, atribuye estas subidas (que también se ven en el resto del país) a los efectos de los feriados nacionales y locales.

Esas festividades empezaron el 9 de octubre, siguieron el 2 y 3 de noviembre y continuaron el 6 de diciembre.

Sobre esta última fecha, aclara que por los tiempos de desarrollo de la infección y hasta que los casos lleguen a los registros, es probable que el efecto de las fiestas quiteñas se vea, más bien, en los reportes de enero.

Así que es de esperar que la tendencia al alza se mantenga a inicios de este año.

Un alza que, hasta ahora, no es tan significativa. “Estamos en un 10% y 12% de lo que se tenía en los peores momentos de contagios”, enfatiza Viteri. También destaca que la mortalidad no ha subido. De hecho, en la segunda y tercera semanas de diciembre no hubo muertes por covid.

En las cifras de contagios no se ve, aún, la incidencia de la variante Ómicron, conocida por su alto poder de transmisión. El primer caso en Ecuador se registró el 14 de diciembre.

“Todavía no se puede tener una visión de la incidencia de la variante Ómicron en Quito”, dice Viteri. Los casos oficialmente registrados son pocos: 46, entre 24 confirmados y 22 sospechosos. “Esperamos que las medidas que hemos tomado a nivel local y nacional disminuyan el impacto que la transmisibilidad de Ómicron ha generado a nivel mundial”, dice Viteri.

Para el epidemiólogo de la Universidad Central, Alberto Narváez, la dificultad de saber a ciencia cierta si Ómicron ya está incidiendo en Quito y el país radica en los retrasos del registro de datos oficiales.

Él considera que los efectos de esa variante pueden ya estar iniciándose y que, probablemente, en la primera y segunda semanas de enero haya una elevación de casos por efectos de ella.

Desde este mes, recomienda, debe haber más empeño en apuntalar las medidas para evitar que el sistema sanitario colapse, en especial el primer nivel de atención (centros de salud). Es allí donde, probablemente, aumente la presencia de personas con síntomas no graves, que es lo que se ve que la variante Ómicron genera. “Ómicron tiene alto poder de contagio y una letalidad baja, 80% menor que la Delta”, explica Narváez.

La vacunación ayuda y mucho, dice el epidemiólogo. Pero no es lo único que se debe hacer. “Hay que aplicar la metodología del queso suizo: considerar varias capas de protección, que incluye vacunas, mascarilla, distanciamiento, pruebas, rastreo de casos”.

En Quito, dice, aquello sí se ha hecho, en conjunto entre autoridades y universidades. “La gente debe tener claro que la vacunación no evita el contagio, pero sí reduce las posibilidades de enfermar y de morir”, agrega.

Al respecto, Viteri informa que en Quito ya más del 90% de la población mayor a cinco años está vacunada. Ese 10% que falta lo componen, especialmente, niños de 5 a 12 años y adultos que están en zonas marginales o rurales. Para llegar a esa población se han creado brigadas móviles.

El Secretario aspira a que el 100% esté vacunado en enero. Como plazo máximo, dice que no debería pasar del primer trimestre.

Esas metas podrían variar si se toma en cuenta lo que dice el epidemiólogo de la UTE, Daniel Simancas. Él cree que ya la vacunación completa debiera ser de tres dosis.

“Sin tercera dosis estamos más expuestos ante las variantes”, afirma. “No hay que relajarse. Debemos vacunar a la mayoría de la población y mantener medidas de prevención”.

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