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Manos se juntan contra el hambre en Quito

La Asociación de Recicladores Quitumbe recibe y distribuye alimentos. Ayuda a personas de bajos recursos. Son 33 familias del sur. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los cubiertos se colocan en varias mesas, distribuidas en una casa en el barrio de San Roque. Los pequeños se lavan las manos y avanzan. Se sientan y reciben un plato con sopa. No faltan las risas y las voces dulces. A medida que acaban, llega el platillo fuerte y el jugo. Los alimentos para los menores, familiares de personas que han sido privadas de la libertad, no faltan de lunes a viernes.

El grueso de los víveres, para los 30 usuarios de la Fundación Wiñarina, llegan cada 15 días desde el Banco de Alimentos Quito, en las calles Guamote y Saraguro, en el sur.

La organización es una de las 110 fijas vinculadas al establecimiento y hay 40 más, ocasionales. En este se recolectan alimentos de empresas, mercados, supermercados, etc.

El Banco de Alimentos Quito opera de lunes a viernes. La comunidad se puede sumar al voluntariado. Está en el sur de la capital. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

En la pandemia, la dinámica cambió. Para la distribución de los productos se entablaron vínculos con organizaciones sociales. Antes se distribuían alimentos a familias y unas 45 agrupaciones. Una razón: evitar aglomeraciones.

Wiñarina es una de aquellas. Esta surgió de la mano de María Elena Cadena, hace 25 años. San Roque aún albergaba al ex penal García Moreno.

Kevin Cruz, director del Proyecto, da cuenta de que antes de la emergencia eran 60 beneficiarios, que además de alimentos recibían atención psicológica, actividades artísticas y guías académicas.

En el confinamiento les apoyaron con kits. Cuando se reabrió la fundación, luego de la cuarentena, volvieron 30 usuarios. Algunos no regresaron por miedo al covid-19. También dan terapias a los familiares de los niños.

Ampliaron el servicio a pequeños de 2 a 6 años. Las madres no tenían con quién dejarlos para poder trabajar.

Juan tiene 11 años y fue uno de los que retornó. Él asiste hace dos años a la Fundación, y su padre estuvo detenido. Juegos, arte y charlas son parte de las actividades que realiza junto al resto de niños. A su lado está David, de 8, y lo que más le gusta es el boxeo.

María, de 12, se acerca y exclama que lo suyo es el arte. Los nombres de los niños y de sus madres están protegidos.

La Fundación Wiñarina, en el Centro de Quito, apoya con alimentación, terapias y ayuda académica a niños de escasos recursos. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Las mujeres hablan del alivio de saber que, mientras ellas trabajan, a sus hijos no les falta un pan y acompañamiento ante la realidad que atraviesan.

Alicia, de 53 años, se unió a Wiñarina hace dos. Tiene tres hijos y su familiar fue detenido por venta de droga.

Ella está en pie a la 01:00, va al mercado Mayorista para adquirir mercadería y regresa a ofertarla en San Roque. La jornada se extiende hasta las 17:00. “A veces vendo, a veces no. Pero, sé que mis hijos reciben comida”. Ella, muchas veces, no logra comer.

Sofía, madre de dos retoños, destaca que, además, les ayudan con las clases virtuales. Cada día, para ella, la jornada arranca a las 04:00. Pero no logra pagar el Internet. El padre de sus hijos estuvo detenido por juicio de alimentos.

World Vision Ecuador recoge que el país es el segundo con desnutrición crónica en la región: uno de cada cuatro menores de 4 años sufre esta realidad. Y el cierre de escuelas afectó el desarrollo de los programas de alimentación.

El 39% de los hogares, que antes de la pandemia recibía nutrición escolar, actualmente, no accede a esta.

Cruz alude a la importancia del Banco y pagan valores simbólicos, unos USD 200 por cada compra. Más cuando, por la crisis, bajaron las donaciones y los voluntarios se fueron.

Los alimentos llegan a la Asociación de Recicladores Quitumbe. Cada 15 días, dos delegados los retiran y los llevan hasta el centro de acopio de la agrupación, en el barrio Ejército Nacional. 10 personas están asignadas a la clasificación y entrega a 33 familias. 21 son gestores ambientales y apoyan a 12 más. Las últimas se sumaron en la pandemia.

Los beneficiarios reciben kits con entre 15 y 19 productos para preparar en casa.

Elvia Pisuña lleva 34 de sus 50 años en el reciclaje. Empezó por consejo de una vecina y hoy es dirigente, tanto de la agrupación del sur, como vicepresidenta de la Red Nacional de Recicladores del Ecuador.

La actividad ha sido el sustento de sus seis hijos. De todas formas, reconoce lo duro del oficio y las dificultades que se han sumado en la emergencia. De ahí que los alimentos son una ayuda.

Las familias son de barrios como Venecia, Chillogallo y La Ecuatoriana.

En la emergencia, el Banco de Alimentos les dio la posibilidad de ampliar los beneficiarios. Estos, bajo la cubierta del centro de acopio, a una sola voz, repiten la importancia de la iniciativa. Muchos perdieron sus empleos.

Los alimentos no han llegado solos. Pisuña da fe de charlas de nutrición y les han enseñado a tener una alimentación saludable. Cada familia aporta entre USD 5 y 10 por kit.

El Banco de Alimentos atendió a más de 400 000 personas en el 2020. Este año procesará al menos 1 000 toneladas de víveres. La meta es evitar el desperdicio de alimentos y combatir el hambre en Quito.

Entre los productos que se distribuyen están aquellos con alguna falla en el empaque, por ejemplo. Todos en buen estado. Se aprovechan los residuos orgánicos, en el Ecoparque Río Grande. En la pandemia se incrementaron las visitas a beneficiarios. Dan una guía y comprueban que la ayuda llegue.

No olvide

Ojo. El Banco de Alimentos abre de lunes a viernes. Su trabajo va a organizaciones, ya no directamente a familias. Evite aglomeraciones.

Trámite. La vinculación de organizaciones sociales al Banco de Alimentos se gestiona a través de WhatsApp: 0979008826 o [email protected]

Apoyo. Para donaciones al Banco, ya sea en productos, dinero o tiempo (voluntariado), las vías son: 099 545 0969 o [email protected]

Donar. Para ayudas a la Fundación, depósito en la cuenta corriente 02-00521932-5, Produbanco, a nombre de Wiñarina, o llamar al 097 860 3697.

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