Derrumbe en El Madrigal, en Quito, deja a familias fuera de sus casas y pone en riesgo sus fuentes de trabajo

El derrumbe en El Madrigal, en Monjas, centro de Quito, obligó a evacuar viviendas mientras crece la incertidumbre por una tubería colapsada.

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A las 15:00 del domingo 11 de octubre de 2026, un derrumbe sorprendió a los moradores de la urbanización El Madrigal, en el sector de Monjas, en el suroriente de Quito. Tras un fuerte aguacero, parte de una ladera cedió luego del colapso de una tubería ubicada detrás de varias viviendas, lo que provocó la caída de tierra hacia la calle Mariano Hinojosa y afectó a casas construidas junto al talud.

La emergencia, ocurrida a pocos metros de la autopista General Rumiñagui, dejó postes derribados, 184 metros cúblicos de escombros, servicios comprometidos y familias obligadas a abandonar parte de sus viviendas por recomendación de las autoridades. Más allá de los daños visibles, los vecinos enfrentan ahora la preocupación de proteger sus hogares y mantener sus actividades económicas mientras esperan una solución definitiva.

Derrumbe en El Madrigal obliga a evacuar viviendas

Lenin Tinajero vive en una de las casas más cercanas al punto donde ocurrió el deslizamiento. Este 12 de octubre explica que, después de una intensa lluvia, colapsó una tubería de desagüe ubicada detrás de su domicilio y eso terminó por provocar el derrumbe de la peña junto a su propiedad.

“Me dijeron que tenemos que desalojar la planta de abajo por seguridad, pero allí está mi taller”, relata. Aunque asegura que la estructura principal de la vivienda no presenta fisuras ni riesgo inminente de colapso debido a sus muros de contención internos, la pérdida del terreno que servía como retiro de protección cambió radicalmente la situación.

En esa casa residen cinco familias, unas 15 personas. La recomendación de evacuar la planta baja implica reorganizar la vida cotidiana de varias personas y afecta directamente las actividades que se desarrollan en el inmueble.

Tinajero sostiene que la tubería involucrada tendría alrededor de 40 años y considera que el problema no fue únicamente consecuencia de las lluvias. Según su versión, una falla acumulada en el sistema terminó cediendo durante el aguacero. “Ahora tienen que hacer un muro de contención y cambiar la tubería. No nos sirve de nada que nos pongan plástico porque la tubería es la rota”, afirma.

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El temor crece entre las familias de Monjas

A pocos metros del sitio del derrumbe, Catalina Acurio todavía recuerda la sorpresa con la que recibió la noticia. Mientras almorzaba con su familia, un hermano que vive fuera de Quito la llamó para preguntarle si estaban bien después de ver imágenes del deslizamiento. “Nosotros no sentimos bulla”, cuenta. Cuando salió a verificar lo ocurrido encontró que la ladera se había venido abajo cerca de las viviendas.

En su casa viven tres familias, un total de diez personas. Tras conocer lo sucedido, salieron del lugar mientras llegaban equipos municipales y personal de la Empresa Eléctrica Quito (EEQ) para atender los daños causados por la caída de postes y cables.

La incertidumbre aumentó durante la madrugada. Según relata Acurio, las lluvias continuaron durante la noche y muchos vecinos permanecieron despiertos por temor a nuevos deslizamientos. “Tenemos mucho temor, mucha incertidumbre. En la noche fue terrible, nadie durmió”, señala.

Epmaps analiza soluciones para estabilizar la zona afectada

Ernesto Fonseca, subgerente de saneamiento de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps), explicó que la intensa lluvia saturó el terreno baldío ubicado junto al talud y afectó una tubería de alcantarillado utilizada por varias viviendas del sector.

De acuerdo con el funcionario, esa red no constaba en los registros de la empresa y habría sido construida como parte de la urbanización. Por ello, la entidad inició una evaluación para determinar el estado de la infraestructura y las posibles alternativas de intervención.

Como medida inmediata, entidad prevé colocar una tubería provisional para mantener el flujo de agua y reducir la presión sobre la ladera. También instalará una manga para canalizar el agua lluvia y evitar que continúe afectando al talud en caso de nuevas precipitaciones.

Fonseca indicó que el espacio disponible para trabajar es limitado debido a que las viviendas se encuentran construidas muy cerca del borde de la ladera. Además, señaló que será necesario realizar estudios más profundos para identificar una solución definitiva para una tubería que, según estimaciones preliminares de los moradores, se extiende por aproximadamente 350 metros.

Mientras las evaluaciones avanzan, los moradores expresan temor por nuevos derrumbes. Tinajero espera que las soluciones sean efectivas para evitar que otros deslizamientos amenacen a las viviendas, a sus negocios familiares y la tranquilidad con la que vivían junto a la ladera.

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