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Los pretextos más comunes de las personas que no usan mascarilla o cometen otras infracciones en Quito

Militares realizando controles en el espacio público en Quito

Militares realizando controles en el espacio público en Quito

Militares realizando controles en el espacio público en Quito. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

La lista de pretextos es interminable cuando las personas cometen infracciones durante la emergencia sanitaria del covid-19 en Quito. Según datos de la Agencia Metropolitana de Control (AMC), más de 2 700 actos de inicio se han emitido por mal uso del espacio público, no utilizar mascarillas, no respetar el distanciamiento, entre otras faltas, desde que comenzó el semáforo amarillo, el 3 de junio del 2020, hasta hoy.

Personal de la AMC señala que las justificaciones son ‘muy ingeniosas’ cuando los infractores se sienten atrapados y buscan una salida para evitar las multas. Por ejemplo, cuando padres e hijos son encontrados sin respetar los distanciamientos en las vías, parques o plazas, lo primero que dicen es que “somos familia y convivimos en la misma casa”.

Otro argumento es: “La señora es mi esposa y dormimos juntos, no tenemos coronavirus”. “Ya nos hicimos las pruebas y estamos sanos”. “Somos novios y llevamos bastante tiempo juntos”.

Al pillarlos sin mascarilla en la calle, los infractores suelen justificar su actitud diciendo que se encuentran solos sin gente alrededor. Los fumadores aseguran que únicamente salieron a consumir un cigarrillo lejos de los transeúntes para no hacerles daño. También argumentan que se olvidaron las mascarillas en la casa y salieron a la tienda únicamente para comprar.

También se ha detectado a personas consumiendo alimentos al interior de las paradas del transporte público. Su pretexto es que solo se sirven la comida, lo cual no afecta a quienes se encuentran en el entorno.

Los bebedores de alcohol en los espacios públicos son otro problema. La AMC indicó que la Policía Nacional juega un papel fundamental porque algunos libadores no portan el documento de identidad para evitar las sanciones. También suelen fingir que olvidaron el número de cédula debido que se encuentran en un alto estado de embriaguez.

Frente a ese tipo de situaciones, los policías piden los nombres completos de los infractores para buscar su información en el Sistema Integrado Informático de la institución (Siipne-móvil) y luego emitir las sanciones. Si alguien se cambia de nombre para burlar los controles, se lo retiene con fines investigativos como señala el artículo 478, numeral 3, del Código Orgánico Integral Penal.

Paúl Chicaiza, jefe de la Unidad de Operativos de la AMC, señala que es muy frecuente encontrar a conductores y acompañantes que no utilizan mascarillas al interior de los vehículos. “Al día, en promedio se sanciona a 75 ocupantes de automotores”.

Sostiene que la gente pone varios pretextos cuando incumple esa disposición. “Nos dicen que es injusto porque se encuentran al interior de los carros y que no se van a enfermar”. Sin embargo, el funcionario aclaró que la aplicación de la ordenanza 010 exige utilizar el protector facial dentro de los automotores. “Deben hacerlo bien, no colocárselo debajo de la nariz o quijada como hacen varias personas”.

El capitán David Pepinós es jefe policial del circuito Centro Histórico. Cuenta que el irrespeto al toque de queda, de 21:00 a 05:00, es frecuente. Los pretextos más comunes de los infractores es que se quedaron hasta tarde en la oficina o en la vivienda de un amigo, no lograron conseguir taxi para llegar a casa o que regresan del hospital visitando a un familiar.

Quienes incurren en esa falta por primera vez son multados con USD 100. La segunda vez deben pagar USD 400. A la tercera son apresados.

El general Fausto Salinas, comandante policial del DMQ, indicó que, en las fiestas clandestinas, la gente también busca pretextos. “Suelen decir que recién llegaron a la reunión o que permanecerán en la farra por poco tiempo”.

La gente que consume bebidas alcohólicas en la calle suele decir: “salimos de la casa para no interrumpir a quienes duermen en las habitaciones”. “No he cometido un delito, no soy delincuente”.