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El asambleísta electo César Monge no dejó a Guillermo Lasso ni por el cáncer

César Monge, asambleísta electo y mano derecha de Guillermo Lasso. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

César Monge, asambleísta electo y mano derecha de Guillermo Lasso. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

César Monge, asambleísta electo y mano derecha de Guillermo Lasso. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Decidió raparse la cabeza porque no estaba dispuesto a ver cómo se le caía el cabello ni de broma. Era el día de su cumpleaños 48, el 22 de julio de 2020, y apenas llegó a Houston, Estados Unidos, le pidió a una peluquera mexicana que se lo cortara.

Horas después vivió uno de los momentos más duros en su vida, le reconfirmaron que padecía cáncer de páncreas.

En Ecuador, el doctor Roberto Escala le había dado un diagnóstico preliminar y le recomendó atenderse en el Centro Oncológico del Hospital Anderson. “Uno siempre tiene la disposición de que te digan que no es, que regreses tranquilo, pero no ocurrió”.

César Monge recuerda que fueron dos jóvenes médicos ecuatorianos quienes le ratificaron el diagnóstico.

La imagen que tenía de una persona con cáncer era la de una película de Julia Roberts, de los años 90, cuando la contratan como enfermera, y se ven los efectos secundarios que sufre su paciente.

“Lo que veía eran cosas terroríficas, me veía y decía voy a empezar a vomitar, me resbalo en mi propio vómito y me caigo. Me imaginaba un escenario terrible. Pero gracias a Dios no fue así, no digo que no ha sido duro, ha sido durísimo, pero no tuve esos efectos”.

Nueve meses después, Monge luce rapado todavía, más delgado, pero de buen semblante, con energías, alegre y jocoso como siempre.

La noche del domingo 11 de abril de 2021, Guillermo Lasso lo nombró como uno de los artífices en el triunfo de su carrera hacia Carondelet.

Entre aplausos, le agradeció desde la tarima en el Centro de Convenciones, en Guayaquil. Se dieron un abrazo y se dijeron “mi hermano”.

Durante 10 años Monge ayudó a Lasso a construir el movimiento Creando Oportunidades (Creo), que lo lleva al poder, y lo acompañó en tres campañas presidenciales.

Es el hombre de confianza del nuevo presidente de Ecuador. Ha tenido a cargo los contactos con actores políticos y ha logrado acuerdos electorales claves en estos años. Ahora, Lasso aprovechará su carisma y habilidad negociadora y será el enlace del Gobierno en la Asamblea Nacional.

“Sigo haciendo el trabajo político de Creo, como siempre, he conversado con todos los bloques políticos, excepto con el correísmo”. Eso dice cuando se le pregunta si dejará la curul de asambleísta nacional, que ganó en febrero, para ocuparse del Ministerio de Gobierno. “Estaré donde Guillermo me diga”.

En ese trajín político nacieron los dos hijos que tiene con su esposa, Mercedes Plaza. La mayor, Mercedes, tiene la edad de Creo y aparece con él en las fotos que están en la pared de la oficina de su domicilio. Desde pequeña la llevaba a los recorridos de campaña y hace tres años nació Santiago.

Con mascarilla, Monge parece confundirse con el vicepresidente electo, Alfredo Borrero, quien también luce sin cabello. Se ríe al contar que en plena campaña los confundían, hasta que decidió usar los sombreros de vaquero que tenían su nombre. Pero también para proteger su salud.

Luego de su familia directa, las primeras dos personas con quienes se sentó a conversar de su salud fueron Lasso y su esposa, María de Lourdes Alcívar. Luego planificaron cómo iban a manejar el tema. Monge es el presidente nacional de Creo. Lasso tomó la posta: fue candidato y dirigente.

Hizo un paréntesis para enfocarse en salvar su vida. “Te replanteas todo”. Y sí hubo momentos en que dijo “bueno, hasta aquí , es algo que “lo tienes en la mente”.

Entre julio y octubre estuvo un poco alejado de la práctica electoral, pero estaba conectado siempre. El 20 de octubre Creo proclamó la candidatura de Lasso y Monge asistió vía telemática desde la habitación del hospital. Luego se conectó a las máquinas para recibir una quimioterapia.

“Soy un poco necio, me metía a la quimioterapia, me daban los palazos, al cuarto día descansaba y al quinto salía”.

Lo más difícil fue en la primera vuelta electoral. El tratamiento lo seguía desde Ecuador o Houston. “Si algo yo quería en esta campaña era vivirla completamente, cada minuto porque sabíamos que ‘esta era la última, la tercera es la vencida, tiene que ser’ y había la posibilidad de que ganes y también de que pierdas”.

Su cuerpo se adaptó a los tratamientos y le permitió entrar a la segunda vuelta. Estuvo en territorio, con las brigadas visitaron 490 mil casas en Guayaquil, y con Lasso visitaron cinco provincias en un fin de semana buscando votos.

El cáncer está controlado, sigue los tratamientos y debe estar en monitoreo médico.