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La precariedad del trabajo remunerado del hogar se profundizó en la pandemia

El trabajo remunerado del hogar fue la actividad que más se contrajo (-10%) en el segundo trimestre del presente año. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Sandra (nombre protegido) tiene otra vez trabajo, pero es precario. En la pandemia, ella tuvo que dejar a su hija adolescente al cuidado de familiares para laborar puertas adentro en una casa en Quito. Su empleadora le dijo: “Si tú te vas, pierdes el trabajo, no me voy a contagiar por culpa tuya”.

Pero en diciembre del 2020 ya no aguantó esa situación. No podía dejar a su pequeña prácticamente sola. Abandonó su empleo y perdió los beneficios de indemnización.

La persona para quien laboraba volvió a llamarla en marzo de este año, pero esta vez le planteó trabajar 15 días puertas adentro y 15 días afuera. Por la falta de otro ingreso, Sandra tuvo que aceptar la oferta, pero ya no la afiliaron.

Ahora gana la mitad de un sueldo básico (USD 400) y labora de lunes a domingo, más de ocho horas al día cada dos semanas. No recibe horas extras. “Es un abuso, pero no tengo otra opción de empleo”.

La pandemia ha sido catastrófica para el sector del trabajo remunerado del hogar y aún no se recupera. Con una caída del 10%, fue la actividad que más se contrajo durante el segundo trimestre de este año.

La fundación Care Ecuador estudia de cerca la situación de este segmento.

Johanna Aguirre, oficial de Proyecto de esta organización, calcula que unas 19 000 trabajadoras fueron desafiliadas y se registraron alrededor de 33 000 actas de finiquito. “La pandemia golpeó fuertemente a estas mujeres, que ya eran una población vulnerable. Antes de la pandemia, solo 28% estaba afiliada, es una actividad poco valorizada”, dijo Aguirre.

La Ley humanitaria asestó otro golpe al establecer que se podía hacer una negociación con el empleador que no podía cancelar los salarios y dio pie a despidos sin indemnización, explica Aguirre. Y el Ministerio de Trabajo tampoco les dio apoyo.

Una encuesta de Care, realizada el año pasado a 439 mujeres de esta actividad, evidenció que solo 6% de las personas que fueron despedidas recibió una liquidación.

La fundación teme que con la nueva reforma laboral se generen nuevos abusos, por lo que sugiere que sean consideradas como sector esencial de la economía y se establezcan medidas de protección a través de Inspectorías del Trabajo especializadas.

“Solo han escuchado que la jornada laboral puede ser de 12 horas y ya quieren aplicar (los empleadores), cuando ni siquiera se ha aprobado”, comentó Lenny Quiroz, secretaria general de la Unión Nacional de Trabajadoras del Hogar y Afines (Untha).

La dirigente denuncia que lo mismo ocurrió con la Ley humanitaria, la cual empezó a aplicarse antes de que fuera aprobada. “Se impuso un trabajo por horas, que no es legal en el país”, indicó.

Otro problema es que quienes fueron despedidas sin indemnización no quieren denunciar con la esperanza de que las llamen otra vez.

A Leonor Zambrano le prometieron que la volverían a llamar si firmaba un documento en blanco que, según le dijo su empleador, se necesitaba para el trámite de su indemnización. Ella estuvo seis años con esa persona, limpiando un edificio y cocinando para 30 empleados de una empresa que el empleador tenía.

La mujer, oriunda de Chone y quien lleva 20 años laborando en actividades del hogar, trabajaba desde las 07:00 hasta las 18:00 y ganaba el sueldo básico. Sin embargo, a él, ese esfuerzo no le importó y en el papel le hizo llenar una supuesta carta de renuncia que la dejó sin sus derechos. Estuvo un año sin empleo.

Un halo de esperanza

En junio de este año la situación de Leonor cambió gracias a que un grupo de mujeres de la Untha se organizó para que las oportunidades laborales sean en condiciones justas. El gremio creó la empresa Asoclim y le dio trabajo a Leonor y a otras 25 mujeres.

Con asesoría de Care, las trabajadoras firmaron un convenio con Secap para profesionalizarse. Se formaron en limpieza, limpieza profunda, cocina saludable y más. También realizan trámites.

Los clientes pagan por el servicio a Asoclim, de acuerdo a sus necesidades, sea un día o más a la semana, y la Asociación se encarga de afiliar a las trabajadoras al IESS.

El salario que reciben es de USD 30,9 al día cuando antes ganaban máximo USD 20 o menos. Por ahora, Leonor labora tres días a la semana en los sitios que le indica Asoclim. Aguirre cree que iniciativas como estas permiten generar condiciones justas de trabajo para este segmento de la población.

Quienes quieran ayudar a estas mujeres pueden llamar para contratar sus servicios a los teléfonos de Asoclim, pueden pedir información en: 0979668355 o en asoclim.com.

“Debemos tener paciencia, nuestra empresa recién está empezando, pero esperamos que crezca. Es una esperanza para todas”, dice Leonor.

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