
La producción de alimentos crece y mejora en las islas Santa Cruz, San Cristóbal y Santa Isabela de Galápagos. Los agricultores, que son reducidos en comparación con el resto de provincias de Ecuador, incrementaron el rendimiento de sus cultivos, para abastecer el 40% del consumo del archipiélago.
En las tres islas, las más pobladas del archipiélago, es posible cultivar papas, zanahorias, zuquinis, tomates, cebolla blanca, pimientos, papayas, melones, naranjas, mandarinas y más productos frescos. La isla Floriana también está poblada, pero apenas tiene 160 habitantes y ellos también producen sus alimentos.
Los agricultores y emprendedores comentan que las islas tienen varios climas (pisos climáticos) y por esa característica es posible sembrar casi de todo, bajo el sistema agroecológico, un modelo que guarda armonía con la vulnerabilidad de Galápagos.
Este modelo de producción agropecuaria es impulsado por la Fundación Heifer Ecuador en alianza con el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP).
Jimmy Robles, coordinador de Proyectos de la Fundación Heifer Ecuador en Galápagos, explica que la producción agroecológica se impulsa a través del programa de Escuela de Agroecología, como informó este medio, que funciona en las tres islas, donde se concentra la producción agrícola y pecuaria. Mediante ese esquema, los cultivos rinden más, los alimentos son sanos y la tierra no se contamina.
En 2019, la producción agrícola galapagueña significaba el 10% del consumo de la provincia, pero en este momento representa el 40%, según Robles.
Carmen Ramón produce alimentos en Galápagos en 2,5 hectáreas para su consumo y para vender en la feria. En su finca, situada en el sector Santa Rosa de la isla Santa Cruz, cosecha papas, rábanos y zanahorias y otras hortalizas en la época fría, de mayo a octubre, cuando la temperatura es de 8 a 15 grados. Aunque, este año ha sido muy caluroso. Cree que es por el fenómeno del Niño, que alteró el clima habitual de la zona. También recolecta orito, banano, plátano, naranjas, toronjas y otras frutas más.
Santa Rosa es uno de los sitios más húmedos de la isla, donde es posible tener ganado para la producción de leche y productos lácteos.
Desde los dos años, cuando llegó con sus padres desde Loja, la agricultura ha sido su vida entera. Junto a su esposo cultiva varios productos. Ahora complementa ese saber con la escuela de agroecología, donde aprendió durante casi seis meses, a preparar bioles a base de suero, melaza, levadura y ceniza; además, bioinsumos que reemplazan a los agroquímicos.
La escuela también le proporcionó la geomalla antimaleza, material que conserva la humedad del suelo, controla el monte y reduce el costo de la mano de obra. Un trabajador cobra de 35 a 40 dólares diarios.
Cada madrugada, desde las 04:00 de los sábados, ella carga su cosecha rumbo a la feria de Santa Cruz. “Si no tengo un trabajo, por lo menos tengo una fruta que comer, un verde, una yuca, un huevo”, dice sobre su decisión de quedarse en el campo antes que en la ciudad.
Su historia resume el espíritu de las familias productoras del archipiélago: parcelas pequeñas, gran esfuerzo y un vínculo con una tierra sana para las ‘Islas Encantadas’, un patrimonio mundial único.
En la provincia, los emprendedores se abastecen de materia prima de los agricultores. Diana Aguirre creó su marca Green Island y productos de salsas y mermeladas con cilantro, pimientos, tomates, otras hierbas y frutas que cultivan los agricultores de San Cristóbal, donde vive.
Junto a su amiga Carolina Estrada creó Green Island durante la pandemia, cuando la escasez de productos del continente y el desperdicio de hierbas y vegetales las llevó a buscar una solución: dar valor agregado a esos alimentos.
El resultado fue una línea de salsas chimichurri y conservas 100% naturales, sin químicos ni conservantes. Su producto estrella es el Cerrochurri, un chimichurri inspirado en los cerros de la isla, junto al Mundo Churri y el Verde Churri. La línea suma también una conserva de tomate deshidratado, un escabeche de berenjenas y una mermelada de maracuyá con banano. Su producto estrella es Cerrochurri.
El proyecto creció con el apoyo de la escuela de negocios de Heifer Ecuador, donde Aguirre obtuvo el registro sanitario del Cerrochurri. El requisito para la escuela era que su emprendimiento fuera sostenible, amigable con el ambiente y trabajar con los agricultores.
Hoy distribuye en cinco puntos de venta de la isla y produce entre 150 y 200 unidades al mes, con un precio estándar de 10 dólares. El 80% de los ingredientes proviene de productores locales, gracias a alianzas con fincas de la isla. “Todo es un dar y un recibir”, cuenta Aguirre sobre este modelo de economía circular que se práctica en las Galápagos.
Para ella, cada frasco lleva un trabajo silencioso: el de las mamás emprendedoras y el de los productores. Competir con marcas del continente no resulta sencillo, pero permanecer en el mercado, dice, es motivo de orgullo para todo su equipo. Este año contarán con su propia fábrica de producción.
Galápagos guarda especies únicas que exigen cuidado. Por eso, la Fundación Heifer apuesta por la producción agroecológica, un modelo que respeta el suelo, optimiza el agua, diversifica cultivos y evita el monocultivo. Adempas, reduce la dependencia de insumos externos, explica Robles.
Bajo ese enfoque, desde 2019, la fundación impulsa escuelas de agroecología en San Cristóbal, Isabela y Santa Cruz, con 30 productores por isla, 90 en total. Comenzaron en San Cristóbal, ya que concentra una mayor cantidad de productores agrícolas de frutas, hortalizas, verduras; y luego pasaron a Isabela y este año se trabajó en Santa Cruz.
Robles indica que el proceso incluye 15 fincas demostrativas, cinco por isla. Los agricultores de las tres islas interactúan entre sí y aprenden a elaborar bioles, compost y bocashi con materia orgánica local. Estos productos son insecticidas, nutrientes para el suelo y fertilizantes naturales.
De esa manera, hay un beneficio importante y multiplicador: se cuida el ambiente y la salud de los agricultores, pero también la población accede a alimentos frescos, de calidad, con menor huella de carbono y productos que fomentan una economía circular.
Los resultados de las escuelas son positivos porque más productores reducen el uso de agroquímicos y fomentan la producción agroecológica, asegura Robles. La diversificación productiva incrementó la oferta de alimentos que se venden a través de ferias directamente a los consumidores.
La comercialización directa también forma parte de la estrategia. En San Cristóbal funcionan dos ferias, Consumamos lo Nuestro y La Cosecha Campesina, impulsadas por Heifer Ecuador; en Isabela y Santa Cruz, acuden a las ferias libres, pero Heifer espera crear este 2026 ferias parecidas a las de San Cristóbal.
Por el aumento de la producción, los agricultores de las tres islas cubren el 40% de la demanda interna de alimentos de Galápagos frente al 10% de 2019. El 60% restante todavía llega desde el continente, con riesgo de especies invasoras y una huella de carbono alta por el transporte y el empaque, indica Robles.
En Galápagos hay pocos agricultores y Robles calcula que llegan a 300 en total, incluidos los 90 de las escuelas agroecológicas. También hay ganaderos, que ocupan el 70% del territorio de la provincia destinado para esa actividad, pero ventajosamente su producción es más intensiva que extensiva.
Las islas tienen más o menos 30 000 habitantes y casi 300 000 turistas que llegan anualmente, de los cuales más del 60% es extranjero, según datos del INEC y el Parque Nacional Galápagos.
La fundación también trabaja con escuelas de negocios rurales, para dar valor agregado a aquellos productos donde hay sobreproducción. Se capacita a más de 20 familias en marketing, costos y trámites sanitarios. Ese acompañamiento dio origen a emprendimientos como Galafruit, donde las mujeres convierten en pulpa la fruta que antes se perdía en San Cristóbal; o Green Island de Diana Aguirre.
Con estos cambios, Robles dice que en Galápagos, la transición hacia la agroecología es posible.
El sector agropecuario de Galápagos vive una paradoja: pesa poco en la economía de la provincia, pero sostiene a cientos de familias. Según el informe de Estadísticas Agropecuarias 2024 del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, la actividad agropecuaria representa el 4.6% del Valor Agregado Bruto (VAB) provincial y solo el 0.1% del VAB agropecuario nacional. La producción está valorada en 13,10 millones de dólares en 2023, según el Banco Central del Ecuador.
Ese peso marginal contrasta con su relevancia laboral. El sector emplea a 612 personas, equivalentes al 7% del total de trabajadores de la provincia, en su mayoría hombres (84%), frente a un 16% de mujeres.
Así, mientras el turismo domina la economía de Galápagos, el agro cumple un rol distinto: garantizar parte de la alimentación local y mantener vivas las zonas rurales de las islas. Su aporte se mide en la subsistencia de comunidades que siguen produciendo café, frutas y alimentos en uno de los ecosistemas más protegidos del planeta.
Galápagos tiene producción agrícolas en cuatro islas
La agricultura local cubre el 40% de la demanda interna de alimentos de Galápagos. En 2019, la producción local apenas representaba el 10% del consumo provincial. El crecimiento se atribuye al programa de Escuelas de Agroecología impulsado por la Fundación Heifer Ecuador junto al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca desde 2019, que capacitó a 90 productores en San Cristóbal, Isabela y Santa Cruz mediante 15 fincas demostrativas. El 60% restante de los alimentos todavía se importa desde el continente, con riesgos como la introducción de especies invasoras y una huella de carbono más alta por transporte y empaque.
En Galápagos hay aproximadamente 300 agricultores en total, de los cuales 90 forman parte de las escuelas de agroecología. Esto significa que cerca del 30% de los productores del archipiélago ya aplica prácticas agroecológicas, como el uso de bioles, compost y bocashi elaborados con materia orgánica local en lugar de agroquímicos. Además del sector agrícola, existe una actividad ganadera que ocupa el 70% del territorio agropecuario de la provincia, aunque de forma más extensiva que intensiva.
Es un modelo de producción que respeta el suelo, optimiza el uso del agua, diversifica los cultivos para evitar el monocultivo y reduce la dependencia de insumos externos como los agroquímicos. Según Jimmy Robles, coordinador de proyectos de Fundación Heifer Ecuador en Galápagos, este esquema se enseña en Escuelas de Agroecología ubicadas en San Cristóbal, Isabela y Santa Cruz. Los productores elaboran sus propios insumos —biol, compost y bocashi— con materia orgánica local, lo que mejora el rendimiento de los cultivos, protege la salud de los agricultores y reduce la contaminación del suelo, un factor clave en un ecosistema tan vulnerable como el de Galápagos.
El sector agropecuario representa solo el 4,6% del Valor Agregado Bruto (VAB) provincial y apenas el 0,1% del VAB agropecuario nacional, con una producción valorada en 13,10 millones de dólares en 2023. A pesar de su bajo peso económico frente al turismo, que domina la economía de la provincia, el sector agropecuario emplea a 612 personas, el 7% del total de trabajadores de Galápagos, en su mayoría hombres (84%). Su verdadero valor está en sostener la alimentación local y mantener vivas las zonas rurales de un territorio protegido a nivel mundial.
Los emprendimientos como Green Island y Galafrut compran directamente a los agricultores locales y transforman su producción en salsas, mermeladas y pulpas con valor agregado. Green Island, creado por Diana Aguirre y Carolina Estrada en San Cristóbal, elabora chimichurris y conservas con hasta un 80% de ingredientes locales, y nació durante la pandemia como respuesta a la escasez de productos del continente. Galafrut, por su parte, convierte en pulpa la fruta que antes se perdía en la isla. Ambos proyectos recibieron apoyo de las escuelas de negocios rurales de Fundación Heifer, que ya capacitó a más de 20 familias en marketing, costos y registros sanitarios.

