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Los bancos privados atraviesan por un momento de altos recursos financieros para conceder créditos, sea para consumo como para la producción; entonces, ¿es momento de endeudarse con un crédito o ahorrar e invertir?
Debido a esa alta liquidez, algunos bancos ofrecen a sus clientes créditos con tasas preferentes y largo plazo de pago. Esos ofrecimientos llegan permanentemente a los correos electrónicos de sus usuarios
En el primer semestre de 2026, la banca privada registró un incremento en los depósitos y en los créditos, según el balance de la Superintendencia de Bancos. Los depósitos se incrementaron un 11,58%, pues pasaron de 56 894 millones de dólares en 2025 a 63 481 millones en 2026.
Mientras que los créditos aumentaron un 13,24%, luego de haber colocado 54 488 millones de dólares entre enero y junio de este año. El año pasado fueron 48 116 millones. Adicionalmente, la tasa de morosidad cayó 3,05% frente a 3,24%. Son buenos indicadores, según el superintendente Roberto Romero. Con este panorama, hay dos vías: endeudarse en un crédito o ahorrar e invertir.
El experto económico, Alberto Acosta Burneo; y Santiago Mosquera, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de las Américas, coinciden en su análisis. Explican que la alta liquidez se debe a que el 2025 fue un año extraordinario de exportaciones. El segundo factor: un récord de remesas y el tercero, constituyó el financiamiento que recibió el Gobierno desde el exterior. “Es más el dinero que le han prestado al país que lo que ha tenido que pagar”, indica Acosta Burneo.
Mosquera agrega que existe un saldo comercial favorable bastante elevado, a pesar de que se ha achicado un poco en los últimos meses. Las remesas batieron récord en 2025, pues ingresaron 7 729,5 millones de dólares y se espera que en este 2026 superen los 8 000 millones de dólares.
Todo esto inyectó mucha liquidez a la economía y esto ha hecho que crezcan los depósitos y que haya más dinero disponible para prestar, detalla Acosta Burneo. Sin embargo, él observa que la liquidez total de la economía ecuatoriana se está desacelerando; es decir, sigue creciendo, pero un poco más lento que el año pasado, porque las exportaciones y, también las remesas, dicen, van a ir a un ritmo más lento.
Por otro lado, la demanda de crédito ha subido fuertemente mes a mes, lo cual presiona a las tasas, lo que significa que las tasas no caen como en meses anteriores. Por ejemplo, desde septiembre la tasa activa subió ligeramente y “marca ya probablemente un fin a esta tendencia de caída de tasas”.
Según Mosquera, los bancos tratan de canalizar esos recursos para no tenerlos ociosos hacia el sector corporativo, las empresas, pequeños y medianos negocios, como las pymes. Se ofrecen microcréditos pasando por el sector de los hogares para el consumo.
Con ese panorama, los bancos se han abierto a los créditos. Sin embargo, el escenario en Ecuador para el último trimestre de 2026 es desafiante por el posible desarrollo del fenómeno de El Niño en Ecuador, cuyas previsiones son inundaciones, daños y hasta estiaje para el sector eléctrico, que impactarán en el bolsillo de los ecuatorianos.
Acosta Burneo comenta que es un buen momento para conseguir crédito porque existe financiamiento abundante y hay que aprovechar cuando es más barato como en la realidad actual. Pero, lo importante es saber ¿para qué se va a endeudar?, ¿qué se va a hacer con ese financiamiento?.
Si es para poner un negocio o emprendimiento es muy positivo, sin embargo, hay que medir los riesgos del entorno, como El niño y los posibles apagones; cómo me pueden afectar y cómo me voy a preparar para mitigarlos.
Si es un crédito de consumo, se debe evaluar la capacidad de generar ingresos adecuadamente, tomando en cuenta que los apagones pueden generar restricciones en el tiempo de trabajo o si se vive en una zona vulnerable frente a El Niño es posible que se tenga menores ingresos. “Sí es momento para endeudarse, pero hay que analizar para qué”.
Lo mismo sostiene Mosquera: la decisión de un hogar de tomar o no un crédito depende del destino de esos recursos y de la forma en que planea pagarlos.
El decano de la UDLA plantea que ante ante El Niño y los apagones, la decisión de endeudarse corresponde a cada tomador de fondos, quien debe evaluar si puede cubrir el crédito a lo largo del tiempo. La situación ideal, dice, es tomar recursos para un negocio cuyo flujo de caja permita pagar el costo financiero de esa deuda.
En el crédito de consumo, la clave está en ver si las condiciones financieras de los hogares mejorarán en el futuro. Sin esa perspectiva, “tal vez estamos incurriendo en un problema de sobreendeudamiento”.
Mosquera recuerda que el mercado laboral está apretado: quien pierde su empleo enfrenta más dificultad para conseguir uno nuevo, puede aceptar una reducción salarial o permanecer un tiempo sin trabajo. Por eso, aconseja, no es el momento más apropiado para endeudarse en bienes suntuarios como viajes, autos o conciertos, mientras sí existen gastos ineludibles: pensiones escolares de los hijos, alimentación y salud. En ese escenario, sugirió priorizar el ahorro antes que el consumo.
Sobre el sector corporativo, Mosquera destaca un aumento en la toma de créditos por parte de las empresas, que responde a expectativas de mejores condiciones de mercado. “Se están tomando recursos para invertir, para aumentar la base de capital de las empresas y eso va a permitir generar mayor producto y una expansión hacia adelante”.
Ahorrar es dejar de consumir hoy, define Acosta Burneo. El ahorro tiene que transformarse en un hábito de las personas. Lo ideal es hacer un presupuesto y cuando reciba un ingreso, lo primero es separar para el ahorro, no lo que sobra, porque normalmente no sobra nada. También, hay que dar otro paso: además de ahorrar hay que invertir, para elevar el patrimonio.
Eso depende del bolsillo de cada persona. Hay casos como el de una persona que gana el salario básico, que lo puede hacer, aconseja Acosta Burneo. A todo nivel de ingresos hay que ahorrar y debe hacerse un hábito, desde los bolsillos más pequeños hasta los más grandes. Es posible separar cinco dólares, 10 dólares o más, pues dependerá del bolsillo de las condiciones individuales de cada persona.
Se debe a tres factores: un año extraordinario de exportaciones en 2025, un récord de remesas y el financiamiento que el Gobierno recibió desde el exterior. Según el experto económico Alberto Acosta Burneo. Santiago Mosquera, decano de la Escuela de Negocios de la UDLA, agrega que existe un saldo comercial favorable elevado, aunque se ha achicado en los últimos meses. Las remesas alcanzaron 7 729,5 millones de dólares en 2025 y se espera que superen los 8 000 millones en 2026. En el primer semestre de 2026, los depósitos crecieron 11,58% y los créditos, 13,24%, según la Superintendencia de Bancos.
Depende del destino del crédito: para inversión o negocio es un buen momento, pero para consumo hay que evaluar primero la capacidad de generar ingresos frente al posible impacto de El Niño. Acosta Burneo señala que existe financiamiento abundante y conviene aprovechar cuando el crédito es más barato, pero advierte que lo importante es definir para qué se solicita el dinero. Para créditos de consumo, plantea evaluar si los apagones pueden generar restricciones en el tiempo de trabajo o si la persona vive en una zona vulnerable con menores ingresos previstos.
Un hogar debe evaluar si sus condiciones financieras mejorarán en el futuro antes de endeudarse en un crédito de consumo, ya que sin esa perspectiva se corre riesgo de sobreendeudamiento. Santiago Mosquera explica que la decisión de tomar o no un crédito depende del destino de esos recursos y de la forma en que se planea pagarlos. Recuerda que el mercado laboral está apretado: quien pierde su empleo enfrenta más dificultad para conseguir uno nuevo, puede aceptar una reducción salarial o permanecer un tiempo sin trabajo. Por eso considera que no es el momento más apropiado para endeudarse en bienes suntuarios como viajes, autos o conciertos. En ese escenario, sugiere priorizar el ahorro antes que el consumo.
El ahorro debe convertirse en inversión colocándolo en un producto financiero que genere rendimiento, porque guardarlo sin invertir limita la ganancia frente al efecto del interés compuesto.
Acosta Burneo detalla que en el sistema financiero existen distintas opciones, como cuentas de ahorro de alto rendimiento al 5% de interés, y depósitos a plazo con mayor rendimiento pero con los recursos bloqueados hasta el vencimiento. Pone un ejemplo concreto: si una persona destina 100 dólares mensuales al ahorro durante 30 años a una tasa del 5%, obtendría 83 000 dólares, frente a apenas 36 000 dólares sin inversión. Explica que mientras más tiempo se mantenga el dinero invertido, mayor es el efecto de capitalización, porque los intereses generados se reinvierten y generan, a su vez, más intereses.
No existe un monto mínimo fijo: cualquier persona, sin importar su nivel de ingresos, puede empezar a ahorrar cantidades pequeñas, como cinco o 10 dólares. Acosta Burneo señala que incluso una persona que gana el salario básico puede ahorrar y que el ahorro debe convertirse en un hábito a todo nivel de ingresos, desde los bolsillos más pequeños hasta los más grandes. Recomienda separar el ahorro primero, antes de gastar, en lugar de ahorrar lo que sobra al final del mes, “porque normalmente no sobra nada”.