
La fila para abordar avanzaba lentamente. Valeria no miraba el avión. Miraba a la niña que sostenía entre sus brazos. Le prometió que volverían a verse pronto. Ninguna de las dos imaginaba que ese abrazo tendría que durar más de cinco años.
Valeria, nombre ficticio para proteger su identidad, tenía 33 años cuando emigró a Estados Unidos. Era madre soltera y el padre de la niña no cumplía con la pensión alimenticia. Aunque trabajaba sin descanso, el dinero no alcanzaba para sostener la vida que quería ofrecerle.
En 2016 dejó Ecuador convencida de que marcharse era la única salida. Lo que comenzó como un viaje para buscar oportunidades terminó convirtiéndose en una larga historia de cumpleaños perdidos, videollamadas y abrazos aplazados.
La historia de Valeria es también la historia de una transformación económica silenciosa. Lo que para una madre significó enviar dinero cada mes para sostener a su hija, hoy representa uno de los principales pilares de la economía ecuatoriana.
En 2025, Ecuador recibió 7 729,5 millones de dólares en remesas, la cifra más alta desde que el Banco Central del Ecuador (BCE) comenzó a registrar estos flujos en 1993. El monto creció un 18,2 % frente a 2024, equivale al 5,9 % del Producto Interno Bruto (PIB) y convirtió a las remesas en la segunda fuente de ingreso de divisas del país.
Solo las exportaciones de camarón generaron más recursos. Ese sector cerró 2025 con un récord de 8 401 millones de dólares, un crecimiento interanual del 20,2 %, y desplazó al petróleo como principal producto de exportación del Ecuador. El crudo, por su parte, generó 7 750 millones de dólares. En otras palabras, el dinero enviado por los migrantes ya supera a uno de los sectores que durante décadas sostuvo la economía nacional.
La tendencia continúa. Entre enero y marzo de 2026 ingresaron 1 856,7 millones de dólares en remesas, un incremento del 7,6 % frente al mismo período del año anterior. Solo desde Estados Unidos llegaron 1 441 millones de dólares, es decir, 122 millones más que durante el primer trimestre de 2025.
Para Juan David Espinoza, docente de la Business School de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), las cifras muestran mucho más que un crecimiento económico.
“Cuando las remesas alcanzan un nivel similar al de las exportaciones petroleras, se evidencia que una parte significativa del ingreso nacional está siendo generada por ecuatorianos que encontraron oportunidades laborales fuera del país.”
Alberto Acosta Burneo, editor de Análisis Semanal, coincide en que el volumen alcanzado por las remesas refleja la magnitud del fenómeno.
“Estamos hablando de 7 730 millones de dólares. Si comparáramos las remesas con los productos de exportación, estarían entre los principales rubros del país. Eso permite dimensionar la importancia económica que tienen hoy.”
Para miles de familias, las remesas representan la posibilidad de pagar alimentos, medicinas, educación o vivienda. Pero su importancia va mucho más allá del ámbito familiar.
En una economía dolarizada, la entrada permanente de divisas es clave para mantener liquidez, financiar importaciones y respaldar la actividad económica. Cada dólar que llega desde el exterior fortalece la circulación de dinero dentro del país.
Espinoza explica que, desde una perspectiva macroeconómica, las remesas constituyen una fuente estable de divisas que dinamiza el consumo interno y fortalece la dolarización.
Ese papel se volvió aún más relevante en un contexto marcado por la salida constante de dólares para importar combustibles y pagar el servicio de la deuda externa. A ello se suma una menor entrada de divisas por la caída de la producción petrolera y la pérdida de peso de ese sector dentro de la economía.
Las remesas también se han convertido en una fuente de financiamiento externo que supera ampliamente a la inversión extranjera directa. Mientras gran parte de esta última corresponde a utilidades reinvertidas por empresas ya instaladas en Ecuador o a operaciones financieras que no implican necesariamente nuevos capitales, las remesas representan dólares frescos que ingresan directamente a la economía y se transforman casi de inmediato en consumo.
El dinero enviado por los migrantes llega directamente a las familias. En muchos cantones y parroquias representa la principal fuente de liquidez para cubrir alimentación, salud, educación, transporte y otras necesidades básicas.
Diversos estudios de organismos multilaterales han demostrado que las remesas tienen un efecto estadísticamente significativo en la reducción de la pobreza monetaria. Sin embargo, los especialistas advierten que esos recursos no reemplazan una política pública orientada a combatir las causas estructurales de la pobreza.
Espinoza sostiene que el fenómeno debe entenderse desde dos perspectivas. “Desde una perspectiva macroeconómica es una buena noticia para la estabilidad económica de corto plazo. Sin embargo, desde una perspectiva social constituye un indicador de que muchas familias continúan dependiendo de la migración como mecanismo para mejorar su bienestar.”
Acosta Burneo coincide en que, para una familia que no encontraba empleo en Ecuador, la migración significó una oportunidad para salir adelante.
“Desde una perspectiva individual es absolutamente positivo. El peor escenario habría sido que esas familias permanecieran sin empleo y sin ingresos. La migración, aunque dolorosa, termina siendo una oportunidad para sostener a quienes se quedaron.”
Sin embargo, añade que el verdadero desafío continúa siendo generar esas oportunidades dentro del país.
“Lo ideal hubiera sido que esas personas encontraran ese trabajo en Ecuador. Mientras no existan suficientes oportunidades de empleo, la migración seguirá siendo una alternativa para miles de familias.”
Cuando Valeria llegó a Dallas no conocía el mercado laboral estadounidense. Un amigo le ofreció una habitación que compartía con su hija y ella decidió empezar limpiando casas.
Imprimió volantes, los repartió por distintos barrios y pronto consiguió una cartera estable de clientes. Cobraba 250 dólares por jornada y regresaba a las mismas viviendas cada quince días. Con ese dinero compró un automóvil, comenzó a ahorrar y creyó que, por fin, había encontrado la estabilidad que tanto buscaba.
Pero todo cambió cuando decidió mudarse a Nueva York. Encontró más oportunidades laborales, aunque también jornadas que hacían imposible cuidar a su hija.
Sin familiares cercanos y sin una red de apoyo permanente, tomó la decisión más difícil de su vida: enviar a la niña de regreso a Ecuador para que creciera junto a sus abuelos mientras ella trabajaba siete días a la semana.
Durante más de cinco años, Valeria cubrió desde Estados Unidos la pensión escolar, el transporte, los útiles, la ropa y todos los gastos de su hija. Nunca dejó de enviar dinero. Nunca dejó de sentir culpa.
Para Juan David Espinoza, esa parte de la historia difícilmente puede medirse con cifras.
“Las remesas pueden cuantificarse en términos monetarios y es posible medir su impacto sobre el consumo, la educación o la vivienda. Sin embargo, resulta muy difícil calcular el costo emocional de la separación familiar, el desarrollo afectivo de los hijos o la fragmentación del núcleo familiar.”
Añade que esos efectos terminan incidiendo en el capital humano y en la cohesión social del país.
“Muchos niños cuentan con recursos materiales gracias al esfuerzo de sus padres migrantes, pero crecen sin esa cercanía emocional. Ese impacto existe, aunque no aparezca en los indicadores económicos.”
El 77,8 % de las remesas que recibió Ecuador durante 2025 provino de Estados Unidos, equivalente a 6 010,1 millones de dólares. España aportó el 14,1 % e Italia ocupó el tercer lugar entre los principales países de origen.
Para los analistas, esa concentración explica tanto la fortaleza actual de las remesas como una de las principales vulnerabilidades del país.
“Una desaceleración económica en Estados Unidos, un aumento del desempleo o políticas migratorias más restrictivas pueden reducir el flujo de remesas hacia Ecuador. Eso demuestra que una parte importante del ingreso de miles de hogares depende de factores externos sobre los cuales el país tiene muy poca capacidad de influencia”, sostiene Espinoza.
A pesar del endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos, ese país continúa siendo el principal destino para miles de ecuatorianos que buscan oportunidades laborales.
Los registros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) muestran que solo en mayo de 2026 fueron detenidos 417 ecuatorianos en la frontera con México. Durante todo 2025 fueron detenidos 4 949 compatriotas; en 2024 la cifra llegó a 10 747 y en 2023 alcanzó 6 587.
Para Acosta Burneo, detrás del crecimiento de las remesas también está la nueva ola migratoria registrada después de la pandemia. La salida de ecuatorianos volvió a acelerarse. Según Acosta Burneo, en 2023 se registró una salida neta cercana a 121 000 personas, uno de los niveles más altos de los últimos años.
En 2025, según cifras oficiales de movilidad internacional del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el flujo migratorio general llegó a 6 265 521 movimientos entre entradas y salidas de ecuatorianos y extranjeros.
El economista explica que la migración suele responder al comportamiento de la economía.
“Cuando la economía crece poco o se contrae, la población sale a buscar oportunidades fuera del país. Esas personas encuentran empleo y, naturalmente, comienzan a enviar recursos a sus familias.”
Las remesas hoy sostienen el consumo de miles de hogares, reducen la pobreza monetaria, fortalecen la dolarización y representan una de las principales fuentes de ingreso de divisas para Ecuador.
Pero detrás de esos 7 729,5 millones de dólares también hay historias como la de Valeria.
Después de más de cinco años separadas, Valeria regresó con un único propósito: volver a abrazar a su hija y a sus padres, quienes durante todo ese tiempo la cuidaron e intentaron llenar el vacío que dejó su ausencia.
La niña que había despedido en el aeropuerto ya no estaba. Frente a ella encontró a una adolescente. Se abrazaron entre lágrimas, sin necesidad de decir demasiado. Había pasado media infancia entre videollamadas, cumpleaños celebrados a la distancia y mensajes de voz enviados entre un turno y otro de trabajo.
Valeria suele decir que esos años nadie podrá devolvérselos. Perdió momentos que jamás volverán. Pero, cuando mira a su hija, también siente que el sacrificio tuvo un sentido. Hoy la joven estudia, tiene oportunidades que su madre nunca encontró y puede imaginar un futuro distinto al que obligó a Valeria a dejar el país en busca de una vida mejor.
Mientras el Banco Central registra millones de dólares que ingresan al país y fortalecen la economía, detrás de cada remesa sigue viajando una historia que no cabe en ninguna estadística: la de madres y padres que cambiaron abrazos por depósitos bancarios para que sus hijos pudieran tener el futuro que ellos nunca tuvieron. Esa es, quizás, la cifra más difícil de medir.
Porque en 2025 alcanzaron un récord de 7 729,5 millones de dólares, convirtiéndose en la segunda mayor fuente de ingreso de divisas del país, solo por detrás de las exportaciones de camarón.
Según el Banco Central del Ecuador (BCE), las remesas crecieron 18,2 % respecto a 2024 y representaron el 5,9 % del Producto Interno Bruto (PIB). Incluso superaron los ingresos generados por las exportaciones petroleras, reflejando el creciente peso económico de los ecuatorianos que trabajan en el exterior.
Entre enero y marzo de 2026 ingresaron 1 856,7 millones de dólares en remesas.
La cifra representa un incremento del 7,6 % frente al mismo período de 2025. Solo desde Estados Unidos llegaron 1 441 millones de dólares, consolidando a ese país como el principal origen de las remesas enviadas a Ecuador.
Porque fortalecen la dolarización, impulsan el consumo interno y aportan liquidez a la economía.
Los especialistas señalan que estos recursos permiten a miles de familias cubrir gastos de alimentación, salud, educación y vivienda. Además, en una economía dolarizada, cada dólar que ingresa desde el exterior contribuye a mantener la circulación de divisas, financiar importaciones y sostener la actividad económica nacional.
Ayudan a reducir la pobreza monetaria, pero no eliminan los costos sociales de la migración.
Los expertos advierten que, aunque las remesas mejoran las condiciones económicas de los hogares, muchas familias enfrentan largos períodos de separación. El costo emocional de padres e hijos que permanecen distanciados durante años no puede reflejarse en las estadísticas económicas.
De Estados Unidos.
Durante 2025, el 77,8 % de las remesas recibidas por Ecuador tuvo origen en Estados Unidos, equivalente a 6 010,1 millones de dólares. España ocupó el segundo lugar e Italia el tercero. Esta concentración también representa un riesgo, ya que cualquier desaceleración económica o cambio en la política migratoria estadounidense podría afectar el flujo de recursos hacia Ecuador.
El crecimiento de las remesas está estrechamente ligado al incremento de la migración ecuatoriana en los últimos años.
Los analistas explican que cuando la economía ofrece menos oportunidades laborales, más personas emigran para buscar empleo en el exterior. Una vez que logran estabilidad económica, comienzan a enviar dinero a sus familias, incrementando el volumen de remesas que recibe el país.
Representa el costo humano que existe detrás de cada remesa enviada a Ecuador.
Valeria emigró a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades y pasó más de cinco años separada de su hija. Su historia ilustra cómo detrás de los millones de dólares que fortalecen la economía existen sacrificios familiares, años de ausencia y reencuentros marcados por el tiempo perdido.