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Andrés, el príncipe caído al que la corona británica le da la espalda

Andrés sintió la implacable mano de hierro de su madre, quien esta semana le arrancó de un tajo todos los títulos nobiliarios. Foto: Thorne1983 / Wikicommons

Andrés, el hijo consentido de la reina Isabel II, la soberana más longeva del Reino Unido, sintió la implacable mano de hierro de su madre, quien esta semana, sin el menor aspaviento, le arrancó de un tajo todos los títulos nobiliarios, incluidos los militares, que portan como su máximo orgullo los miembros de la familia real británica.

Esa fue la humillación final para el hasta ahora príncipe y duque de York, de 61 años, quien ahora tendrá que defenderse como un ciudadano común en un juicio civil en Nueva York, donde pesa una acusación en su contra por abuso sexual a una menor ocurrido hace dos décadas y que hace parte del caso Epstein.

Justamente, la reputación de Andrés, otrora considerado héroe de la guerra de las Malvinas (1982), se había hecho añicos por su vergonzosa relación con el fallecido financiero y pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein.

Por el mismo caso, ya otra británica, Ghislaine Maxwell, la socialité venida a menos y excompañera de Epstein, fue condenada por tráfico sexual de menores en nombre del empresario, quien se suicidó en agosto de 2019 en su celda de prisión, acusado de explotar sexualmente a niñas menores de edad por más de una década.

Los caminos se le cerraron a Andrés el miércoles pasado, cuando un juez neoyorquino se negó a archivar una demanda civil presentada contra el príncipe en agosto del año pasado por una víctima del multimillonario, lo que lo pone ante el riesgo de un juicio si no logra llegar a un acuerdo económico con la mujer.

Se trata de la estadounidense Virginia Giuffre, que acusó a Andrés de haberla agredido sexualmente en tres ocasiones en el año 2001, cuando ella tenía 17 años, todo bajo la tutela de Epstein.

Ahora, sin sus títulos, Andrés deberá defenderse “en este caso en calidad de ciudadano privado”, según informó el palacio de Buckingham el jueves, poco después de que hiciera público un escueto comunicado en el que anunciaba que “con la aprobación y acuerdo de la Reina la afiliación militar del duque de York y los patrocinios reales serán devueltos a la monarca. El duque de York seguirá sin asumir ningún cargo público y estará defendiendo su caso como un ciudadano privado”, rezó el comunicado.

Según allegados al Palacio de Buckingham en el texto del mensaje se resume “una movida brutal”, que busca por encima de todo proteger la reputación de la corona británica y que fuentes palaciegas aseguran que fue orquestada por los príncipes Carlos (hermano mayor de Andrés) y Guillermo (su sobrino).

“Era una caída anunciada, pero que pocos creían que sería tan brutal”, dijo a EL TIEMPO el analista internacional y seguidor de la política británica, Isaac Bigio, al describir a Andrés como “el niño mimado de la reina”, quien a sus 22 años se atrevió a pilotear un helicóptero entre balas y escaramuzas en la confrontación por las Islas Malvinas o las Falkland, como prefieren llamarla los ingleses.

Por su lado, el comentarista de temas de la corona Peter Hunt cree que “los Windsor han demostrado que cuando la institución está bajo amenaza, la preservación dinástica triunfa sobre la carne y la sangre” y por eso la decisión tan puntal de retirar los privilegios a Andrés ahora y no esperar al resultado del juicio en Nueva York.

Y así, en lugar de enfrentarse a un sinfín de preguntas incómodas sobre el futuro del príncipe Andrés, el Palacio de Buckingham ha realizado un ataque preventivo, anunciando efectivamente que el tercer hijo de la reina Isabel II nunca volverá a desempeñar un papel real oficial.

No obstante, muchos creen que la decisión fue dolorosa para la reina, al tener que ponderar entre ser madre o monarca, en el ocaso de su impecable reinado, y justo cuando se está alistando para celebrar sus bodas de platino el próximo 6 de febrero.

“Aunque a menudo se dice que Andrés es su hijo favorito, el código real del deber –el país primero, la devoción familiar después– está impreso en su ADN. Al igual que su abuela, la reina María, que hizo caso omiso de sus propios instintos maternales para salvar la monarquía en el momento de la abdicación de Eduardo VIII en 1936, la reina, que ahora tiene 95 años, hará todo lo necesario para preservar la institución a la que se ha comprometido toda su vida”, refirió en un artículo del diario conservador The Telegraph Anna Pasternak, autora del bestseller Princess in love, que relata la historia de la difunta princesa Diana y uno de sus amantes, el capitán James Hewitt.

Andrés, el tercer hijo de la reina, ha sido etiquetado de muchas maneras: niño bueno, playboy y hasta héroe de guerra. Su amplía sonrisa y carisma desarmaba tanto a súbditos como a dignatarios extranjeros, en sus más de un centenar de compromisos representando a la corona alrededor del mundo.

En sus años juveniles, era visto como el soltero más codiciado y se le conocieron múltiples conquistas antes de contraer nupcias, en 1986, con Sara Ferguson, con quien tuvo dos hijas, las princesas Beatriz (1988) y Eugenia (1990). El matrimonio se terminó diez años después, en 1996.

Fue muy polémica su relación con el yerno del expresidente tunecino Ben Ali, así como con el hijo del difunto dictador libio Muamar Gadafi y la prensa conocía de infinidad de aventuras amorosas en sus itinerantes viajes y fiestas.

El drama de Andrés comenzó en el 2011, cuando se le vinculó con el pedófilo Epstein y se hizo pública una foto, donde se ve al príncipe abrazando a una jovencísima Virginia Giuffre, que entonces era conocida por su apellido de soltera Roberts; en otra se le ve paseando por Central Park con Epstein, en diciembre de 2010, un año después de que este saliera de la cárcel. “Fue una relación imprudente”, reconoció Andrés.

Esas fotos pesaron en la decisión de abrir el caso contra el hasta ahora duque de York en Estados Unidos. En documentos judiciales, Virginia Giuffre dice que fue víctima de tráfico sexual y abuso por parte de Jeffrey Epstein desde los 16 años. Según la mujer, parte de su abuso involucró que la prestaran a otros hombres poderosos, incluido el príncipe Andrés, a quien señala directamente de haberla agredido sexualmente en tres ocasiones siendo menor de edad.

Más de 80 años después, podría parecer que la historia real se repite. Y con un eco misterioso, Andrés sigue a su tío abuelo, Eduardo, al exilio de la vida real. Aunque permanecerá escondido en Windsor, en lugar de vivir en el extranjero, el curioso inframundo entre sus antecedentes de privilegio y su condición de extranjero como ciudadano privado seguramente resultará no menos fácil de navegar de lo que fue para el duque de Windsor.

“Desde la perspectiva de la marca, la pregunta de Andrés ha estado rondando por ellos (la monarquía) durante un tiempo y solo va a empeorar”, anticipa Pauline Maclaran, profesora de marketing del Royal Holloway, Universidad de Londres y autora del libro ‘Royal fever: the british monarchy in consumer culture’.

Sin embargo, la académica cree que la gran popularidad personal de la reina le permitirá mantenerse por encima de esto, y eso, en todo caso, aumentará la simpatía del público por ella y su legado.

Lo cierto es que el caso de Andrés no podía haber llegado en un peor momento, justo cuando el Palacio de Buckingham había anunciado rimbombantes planes para la celebración de los 70 años de la reina Isabel II en la corona, quien con ello pasará a la historia como la monarca más longeva del mundo.

La celebración oficial será entre el 2 y el 5 de junio para aprovechar mejor las bondades del verano, en vez del mismo día del aniversario del ascenso al trono, el 6 de febrero, el primero en el que no estará el fallecido príncipe Felipe, esposo de la reina por siete décadas.

Dentro del plan está un concurso de pasteles en el que el ganador será servido en el almuerzo de la fiesta palaciega, a la que si bien estarán invitados cientos de miles de súbditos de la corona británica, la presencia de Andrés se mantiene en duda.