26 de abril de 2020 00:00

Monserrat Creamer: ‘El cambio en el modelo educativo será más rápido’

Foto: Archivo/ Patricio Terán/ EL COMERCIO.

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Mariela Rosero
Editora (I)
mrosero@elcomercio.com

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Entrevista a Monserrat Creamer, ministra de Educación

¿La emergencia sanitaria que vive el mundo, a causa del covid-19, ha empujado a un cambio de modelo educativo en el país?

Sí. Este fenómeno que vive el mundo entero me hace recordar una frase de Einstein que dice: si queremos que las cosas cambien, no podemos seguir haciendo lo mismo. La escuela no solo en Ecuador está en crisis, tiene que cambiar, renovarse hacia desarrollar habilidades para la vida, del siglo XXI, apegada a contextos reales, no basada en contenidos sino en desarrollo de pensamiento. Y eso estamos viviendo, las crisis dan una oportunidad para innovar.

¿Qué características tiene ese modelo educativo de transición que se vive?

Están definidas en el Plan Educativo covid-19 Aprendemos Juntos en Casa. Tiene una primera fase de emergencia, desde y en la casa. Las familias deben asumir un rol protagónico y los docentes pasan a ser tutores y a dar más apoyo emocional. La segunda fase es de vuelta, de asistencia progresiva, y la tercera fase será la vuelta total a clases, con un modelo repotenciado. Vivimos el gran desafío del cambio de mentalidad y paradigma.

Los padres están preocupados. Dicen que es un año fallido, mejor que lo repitan. ¿Modificarán el contenido del currículum?

Sí, proponemos un currículum compacto, centrado en objetivos de aprendizaje esenciales. No hace falta cubrir todos los contenidos, hay que identificar aquellos conceptos indispensables. Desarrollaremos habilidades para adaptarse a la incertidumbre; a comunicarse de forma empática, a resolver problemas, manejo de lenguas y tecnología. Hacia allá va el mundo y ahora de modo más acelerado. Las tareas deben ayudar a que los estudiantes puedan aplicar esos conocimientos y a evidenciar su comprensión y nivel de desempeño. No evaluaremos para decir si es bueno o malo en algo sino el esfuerzo y en qué se requiere apoyo.

Ahora mismo, ¿usted ya piensa en un ajuste al currículo vigente, empujado por este cambio?

Siempre he dicho que hay que revisar el currículum para volverlo más amigable, experiencial, simplificarlo y no en el sentido de hacerlo más fácil sino de que sea más accesible para la heterogeneidad; es urgente desarrollar el pensamiento computacional, enseñar competencias digitales, el mundo virtual requiere hasta de una nueva ética. A los docentes los estamos capacitando en un modelo pedagógico para uso de tecnologías, revisamos nuevas propuestas de evaluación y metodología.

Cuando se supere la emergencia, ¿rescatarán algo de la experiencia que deja el estudio en casa?

Sí, le daremos fuerza a modalidades vigentes a las que no se veía potencialidad como ahora. Hablo de la educación a distancia, que se ha usado para personas de 16 años para arriba y cubría el rezago escolar de jóvenes y adultos. Estamos analizando normativas, para que sea la opción de escuelas públicas privadas y sobre todo de las familias; también queremos darle vida al ‘homeschooling’ o educación en casa.

¿Por qué?

En verdad estamos en un proceso irreversible; y los colegios deben reinventarse en sus propuestas. No significa para nada que se cancele la clase normal, en donde los niños, que se extrañan hoy, socializan. Solo ofreceremos otras posibilidades a las familias.

¿Y el concepto de teleeducación se mantendrá?

Quedará como una línea paralela, incluso cuando volvamos a lo presencial, será un refuerzo que ayude desde casa; igual la radio educación, para lugares más aislados.

En este nuevo modelo, ¿qué tipo de profesores se requiere?

Uno que sugiera actividades al estudiante, para que tenga más autonomía al estar en su propio espacio, lo que implica mayor responsabilidad. Ahora es más un tutor, que facilita procesos, que ayuda. Y que esté más abierto a dialogar, porque se preocupa por el bienestar de los estudiantes, de que estén bien emocionalmente. El neuroaprendizaje dice que eso permite la concentración. Y que pueda formar personas con habilidades o competencias del siglo XXI.

El salto que se está dando a otro modelo, empujado por la emergencia sanitaria, ¿cuánto tiempo hubiera tardado en darse?

Al menos un par de años. Los cambios de mentalidad y hábitos en la vida cotidiana, así como en las rutinas son duros. Es difícil salir de la línea de confort. Modificar estrategias de manejo de clase que funcionan suelen ser una tortura para un docente en el día a día. Este es un desafío para todos. También para los padres.

¿Aumentará la brecha entre chicos de escuelas particulares y de las públicas, más en zonas rurales?

El país queda al desnudo en brechas en lo social y económico. Pero tratamos de garantizar el acceso a la educación. La computadora y la conectividad son un instrumento, no una garantía de tener el mejor modelo pedagógico, si un profesor pretende trasladar la clase pasiva que daba en el aula a la pantalla. Nuestros docentes hasta por WhatsApp buscan la forma de contactarse.

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