Guayaquil vive en el esfuerzo de mujeres emprendedoras, guardianas de los sabores de la ciudad

De recetas familiares a negocios exitosos el camino del emprendimiento femenino en Guayaquil.

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La gastronomía guayaquileña tiene un ingrediente que no aparece en ninguna receta: las manos de mujeres emprendedoras que apostaron por cambiar su destino.

En el marco de las Fiestas de Guayaquil, EL COMERCIO llegó hasta las cocinas de tres tradicionales puestos de comida que, por más de 20 años, se convirtieron en puntos de encuentro para quienes buscan el auténtico sabor porteño. Descubre el camino de tres mujeres que mantienen vivo el sabor de Guayaquil: Angélica Cujilán, de El Pez Volador; María Enriqueta Cevallos, de La Menestra de Pocha; y Rosa Amendaño, de La Tradicional Resbaladera. Sus historias inspiran a otras mujeres y demuestran que el emprendimiento femenino en Ecuador es una fuerza que mueve al país.

No es casualidad que Ecuador destaque a escala internacional: según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), en 2023 registró una tasa de emprendimiento femenino del 33,4 %, una de las más altas entre los 46 países analizados.

María Enriqueta Cevallos, la sazón detrás de La Menestra de Pocha

Desde que cruzas la puerta, el aroma inconfundible de una menestra recién hecha te envuelve y despierta el apetito. A esto se suma la calidez de María Enriqueta Cevallos, quien con su sonrisa confirma que llegaste al lugar indicado, incluso antes del primer bocado.

‘Pochita’, como la conocen con cariño, no solo es el alma de La Menestra de Pocha; también es el pilar de su hogar, una mujer que aprendió a enfrentar cada desafío con trabajo y perseverancia.

Este sitio tradicional en La Atarazana, norte de Guayaquil, abrió sus puertas el 19 de enero de 1998. Ese día logró vender cinco arroces con menestra. Pero antes, en 1982, ya había empezado a vender empanadas y carnes en palito desde su casa. “Todo el que entraba, entraba a pedir arroz con menestra, pero en ese entonces yo no era la cocinera que soy hoy, yo no sabía ni hacer agua caliente”, afirma.

Ante la insistencia de sus clientes, un día dejó los miedos atrás y creó su primera menestra. Recuerda que anotó cada ingrediente en una servilleta para replicarla si le quedaba buena. Los frijoles canarios que utiliza llegan exclusivamente desde Guaranda y los cocina en ollas de 10 litros.

Cevallos, a sus 70 años, cuenta que sus días libres son los lunes; prefiere pasear con su esposo y degustar un plato diferente.

Su mayor sueño es que su tradición continúe en las siguientes generaciones, y que haya La menestra de Pocha de largo. También espera que la inseguridad a la que están expuestas los comerciantes, a causa de los extorsionadores, reduzca.

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Angélica Cujilán: rebeldía en cada plato

Angélica Cujilán, de El Pez Volador.

Angélica Cujilán, de El Pez Volador. • Enrique Pesantes

Hace más de 20 años, Angélica Cujilán abrió las puertas de su picantería El Pez Volador con una convicción inquebrantable: salir adelante con su propio esfuerzo. Su energía, perseverancia y carácter han sido los verdaderos ingredientes de una historia cocinada a fuego lento.

Cuando se convirtió en madre soltera, tomó una decisión que marcaría su vida: trabajar para sacar adelante a su familia, pero sin renunciar a su dignidad ni aceptar empleos donde no fuera valorada. “Me votaban por sindicalista… yo no aceptaba que me griten”, dice la mujer que llegó de Milagro en 1977.

A pesar de no tener idea sobre cómo preparar un encebollado al inicio, memorizó toda la preparación mientras trabajaba como cajera en una picantería. “Yo comía, chequeaba, eché ojito en la cocina y todo”, dice.

Con unas cuantas ollas y cucharones inició su relación con ingredientes frescos. “Quiero vender encebollado porque no duro en los trabajos”, recuerda haberle dicho a sus padres.

El encebollado de El Pez Volador tiene 35 ingredientes.

El encebollado de El Pez Volador tiene 35 ingredientes. • Enrique Pesantes

Una mesita fuera de su casa fue su estación provisional para cocinar y ofrecer este plato, con el que fue captando clientes, también con ayuda del recordado Rey de la Cantera (+) que indirectamente se convirtió en su vocero. De hecho, de él provino la idea del nombre por un arquero al que lo apodaban pez volador. “Me trajo una tablita con ese nombre que la verdad sí me gustó…el pez volador… Podía ser también que el pez vuele del mar al plato, o del plato al mar”.

Pero el camino no fue fácil, porque con el paso de los años fue prohibido vender en vía público. “No sé cuántas veces me quedé sin mesa, sin bandeja, sin olla, sin nada”. Años después, en 2014, abrió su local en Luque y Jose Mascote, y desde entonces prepara su auténtico encebollado con más de 35 ingredientes.

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Rosita mantiene viva la tradición de la resbaladera en Guayaquil

Cuando el calor aprieta en Guayaquil, pocos remedios son tan reconfortantes como un vaso de ‘chicha’ resbaladera bien fría. Rosita Amendaño, a sus 58 años, ha dedicado años a preservar esta bebida elaborada a base de arroz, cuya receta tiene más de 100 años.

Desde su local en las calles 6 de Marzo y Gómez Rendón, el aroma inconfundible anuncia que allí se prepara una tradición familiar.

Todo empezó en 1990, cuando vendía esta bebida desde una ventana. La necesidad la llevó a emprender con ayuda de su esposo. “Le pusimos ganas y vimos que esta bebida muy popular debía difundirse”, dice Amendaño.

Años después, y tras la buena acogida, lograron abrir su local propio en 2014 con apoyo privado.

Asegura que su bebida recuerda a la abuelita que preparaba coladitas con especias.

Se considera una mujer que siempre sale adelante, para iniciar sus labores en la cocina se levanta a las 04:00 de la madrugada todos los días. De hecho, se ha modernizado y ahora ofrece frozen de arroz clásico y otro con sabor a café. “Teníamos que innovar el producto”.

Cuando no está preparando La Resbaladera o atendiendo su local, lee libros, dice que sus preferidos son de motivación y de historia. “Me gusta leer en el libro físico… nada de estar leyendo en el celular”.

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