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884 kilómetros de vías de Tungurahua bajo el cuidado de 48 gremios

Un grupo de mujeres trabaja en la limpieza y mantenimiento de la vía asfaltada hacia Cuatro Esquinas en Santa Rosa. Foto: Modesto Moreta / EL COMERCIO

Una gruesa capa de lodo y piedras cubrió un tramo de la vía Pasa-Ambato. Eso dificultó el trabajo de cinco integrantes de la Asociación Pucaucho de la parroquia Pasa, encargados del mantenimiento de esta carretera de 15 km.

El grupo de trabajadores remueve la tierra con herramientas manuales, como palas, picos y una carretilla.

Hermelinda Chipantiza, de 50 años, es parte de esa asociación; cuenta que durante dos días limpió una cuneta que se tapó con material pétreo que descendió desde la parte alta de la montaña.

El pasado miércoles, esta mujer llegó con sus compañeros, a las 08:00, para limpiar los escombros acumulados en la carretera de dos carriles (uno de ida y otro de vuelta). Visten con cascos, ropa gruesa, botas de caucho para protegerse y un chaleco.

Hasta el mediodía, 70% de la vía ya estuvo libre de escombros y basura, que habitualmente botan los conductores o usuarios de la carretera.

Pucaucho es una de las 58 asociaciones comunitarias de conservación que tienen a cargo la limpieza de los desechos, escombros, maleza y tierra, producto de los deslizamientos que se presenten en la red vial de Tungurahua.

Este plan es impulsado por la Prefectura desde 2005. Al menos 500 personas entre hombres y mujeres laboran a lo largo de los 884 km de vías asfaltadas. Esas carreteras unen a las comunidades y parroquias de los cantones Ambato, Quero, Tisaleo, Píllaro, Mocha, Baños, Patate, Cevallos y Pelileo.

Estas asociaciones suscribieron los convenios con las juntas parroquiales para trabajar en las vías, en febrero pasado. Este año, el programa es financiado por la Prefectura con una inversión de USD 350 000.

La inspección de los trabajos está a cargo de Ramón Caiza, responsable de Mantenimiento Vial del Consejo Provincial de Tungurahua.

Cuenta que estas agrupaciones trabajan bajo la lógica de una minga y, a cambio, reciben un incentivo económico por su trabajo.

Hay grupos que laboran ocho días a la semana y otros una o cuatro veces al mes. Por esa labor reciben de entre USD 75 a 125 mensuales. Aclara que no es un salario, sino un reconocimiento.

El esquema consiste en que la Prefectura suscribe cada año convenios con las juntas parroquiales y estas, a su vez, con las asociaciones o comunidades para laborar en las vías rurales de la provincia. “Lo interesante del ­proyecto es que más del 60% son mujeres.

El objetivo del proyecto es que las vías se mantengan limpias, en buen estado y que las familias de las ­asociaciones tengan un ingreso económico”.

Dice que dos problemas afectan al sistema vial rural de Tungurahua. El primero son los deslaves ocurridos por un mal manejo del agua de riego en las comunidades, esta se desborda y ocasiona daños a la capa asfáltica. Y el segundo es que los conductores y pasajeros botan basura, que se acumula en las cunetas y es arrastrada por el agua. “Al año recogemos casi dos toneladas de desechos que taponan los desfogues de agua lluvia y dañan las vías”.

Hermelinda Chipantiza empuja despacio la carretilla llena de lodo y piedras. Ella cuenta que los USD 79 que recibe por los ocho días de trabajo al mes le ayudan a financiar parte de los gastos de la casa y los estudios de sus dos hijos. El resto de la semana labora en su chacra y en ocasiones como jornalera agrícola, en su comunidad de Pucaucho, y gana USD 15 al día. Sus ingresos mensuales representan el 23,5% de un salario básico de USD 400.

En la vía Ambato-Pinllo-Quisapincha, en cambio, laboran los 10 integrantes de la Asociación Nuevo Amanecer, de la parroquia Quisapincha.

Con agilidad limpian el granillo que cubre la vía asfaltada. Jessica Moposita, una joven socia, explica que dejan bien limpia la vía porque es peligrosa y puede ocasionar accidentes.

En el recorrido de 7 km cortan la vegetación, recolectan la basura y cortan ramas que tapan parte de la vía. Llevan puestos chalecos de color negro con franjas reflectantes y botas de caucho.

Ellos dedican un día a la semana a estas mingas. Moposita recibe al mes USD 80, que le sirve para comprar pañales y leche para su hija de 1 año y medio. “La situación es complicada, no hay trabajo por eso mis padres tuvieron que emigrar a Estados Unidos”.

Concepción Guangatal es la presidenta de esta Asociación, que se encarga del mantenimiento de 39 km, que integran a las comunidades El Galpón, Putugleo, Ambayata, Pucará Grande, Santa Elena y Quillalle.

Asegura que si hay una emergencia por las lluvias o por el desbordamiento de una acequia, tratan de solucionar el problema y si es complicado solicitan maquinaria a la junta parroquial, para habilitar el tránsito vehicular.

Para Alejandro Chuquiana, vocal de la Junta Parroquial de Quisapincha, el desempeño de las cuatro asociaciones viales que laboran en esta parroquia es positivo, ya que las carreteras están en buenas condiciones para dirigirse a las comunidades o sacar con facilidad los productos a los mercados.

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