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Más de la mitad de pacientes con tuberculosis están en Guayas

Greta Franco realiza estudios sobre el bacilo de la tuberculosis en el laboratorio del Inspi, en Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El portal de Geoconda Pincay es un consultorio al paso. Cada día, en el horario que más convenga a los pacientes, entrega medicina para la tuberculosis, una enfermedad que, debido a la pandemia, está lejos de desaparecer.  

Dos, cuatro y hasta siete personas han llegado a su casa en Trinidad de Dios, en el noroeste guayaquileño, donde se aplica el DOTS comunitario o tratamiento directamente observado, una estrategia que cobró fuerza en el confinamiento. 

“Cuando los centros de salud cerraron, una enfermera repartía la medicina a los líderes comunitarios y nosotros, a los pacientes”. Así formaron una red que cubre a 40 personas con diagnóstico positivo.

Con la fugaz visita y una breve conversación -para verificar que tomen las pastillas- evitan la interrupción del tratamiento, un problema que se agravó con la emergencia sanitaria. El corte abrupto puede generar cuadros de resistencia a los fármacos.

Eso, sumado a una menor detección de nuevos pacientes, eleva el riesgo de diseminación de la enfermedad. “Son problemas serios que están provocando un aumento de casos en el país y en el mundo”, advierte el neumólogo Enrique Jaramillo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que, 10 años de lucha contra este mal, se perdieron por la pandemia. Y la meta de bajar su incidencia en un 80% al 2030 tambalea.

Con un aumento de muertes -4 100 por día -, la directora del Programa Mundial de Lucha contra la Tuberculosis, Tereza Kasaeva, confirmó que se ha convertido en la segunda enfermedad infecciosa más letal después del covid-19 en el planeta.

El escenario pospandemia agravará los determinantes sociales de este mal: desnutrición, desempleo, pobreza. Ecuador suma, desde mucho antes, otros factores, como el consumo de drogas y el hacinamiento carcelario que es un foco de contagios.

En el país no hay datos actualizados. Hasta antes de la pandemia se reportaban cerca de 6 000 casos de tuberculosis sensible, manejable con el esquema básico de medicación, y 200 del tipo resistente, más difícil de curar y que requiere fármacos caros. La letalidad, años atrás, era del 7%.

Más de la mitad de los casos está en Guayaquil, Durán y Samborondón (Guayas). La zona 8 tuvo 3 500 notificaciones en el 2019 y un año después se redujo a 3 100. Una cifra similar se proyecta al cierre del 2021.  

Dora Hasang, responsable zonal de la estrategia de prevención y control de la tuberculosis, dice que los esfuerzos en la vacunación contra el covid-19 incidieron en una menor búsqueda de casos en este año.

Y aunque no da cifras específicas de mortalidad, reconoce que al inicio de la pandemia hubo un leve aumento. “Pero no podemos distinguir si el fallecimiento fue por tuberculosis, por covid-19 u otra condición”. 

El INEC reportó 356 decesos en el país por tuberculosis respiratoria en 2020, entre casos confirmados y no. Un año antes el registro fue 395. Guayas reportó 219 fallecimientos por la enfermedad el año anterior.

La red comunitaria del noroeste de Guayaquil aporta a reducir las muertes. Esta iniciativa de la fundación Desarrollo y Autogestión (DYA) y de la asociación Martha Gutiérrez captó a 32 pacientes en 2020; el 90% se recuperó y dos fallecieron.

Carmen Vásquez es parte del equipo y recuerda que debieron superar obstáculos, como conseguir atención de urgencia en el hospital Guasmo Sur, con un área de aislamiento para tuberculosis, pero colapsado en esos días por la pandemia de covid-19. “Algunos pacientes recibieron el alta en medio de la pandemia. Otros ya tienen recaídas y cuando retoman el tratamiento, tampoco hay pruebas para detectar si son resistentes”. 

La tuberculosis es causada por el Mycobacterium tuberculosis. Es un bacilo que se propaga por el aire al toser, estornudar o expectorar.

Un desequilibrio en el sistema inmunológico es suficiente para activar la bacteria en quienes la contraen y al cabo de un mes aparecen los síntomas: tos constante, fiebre, pérdida de peso. Una persona no detectada puede contagiar a entre 10 y 15 en un año.

El abordaje inicial se hace en los centros de salud, donde se da la medicina y se supervisa su ingesta. Los fármacos de primera línea -como isoniacida, rifampicina, pirazinamida y etambutol- se suministran gratuitamente por entre seis y nueve meses.

Cuando hay resistencia a este esquema, el paciente debe pasar por múltiples pruebas hasta dar con una receta personalizada, explica Deccy Santana, responsable de la estrategia de control en la zona 4 de Salud.

En esta área -que abarca Manabí y Santo Domingo-, al igual que en el resto del país, la detección bajó. Pasaron de 110 pacientes atendidos en promedio trimestral a 70.

Santana dice que, por ahora, la búsqueda es solo pasiva, es decir, entre quienes llegan a los centros de salud.

El esfuerzo, a corto plazo, debe apuntar a la búsqueda. Jaramillo dice que se debe priorizar a pacientes respiratorios, con problemas inmunitarios y quienes tomen corticoides.

Los miembros de la red comunitaria del noroeste de Guayaquil han sido entrenados para captar nuevos casos. A más de entregar casi 150 pastillas por paciente a lo largo del tratamiento, visitan en sus casas y les dan soporte sicológico.  

El Inspi halla nuevas cepas

RDrio es una de las cepas del mycobacteruim tuberculosis

más difíciles de tratar. Fue detectada por primera vez en Brasil y gran parte de sus portadores no logra curarse totalmente.

Greta Franco es parte del equipo investigador que la identificó en Ecuador el año pasado. La responsable del Centro de Referencia Nacional de Micobacterias del Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (Inspi) explica que la migración ha incidido en su propagación.

Colombia y Perú pasan del 30% de reportes, Venezuela alcanza casi el 70%. “En Ecuador encontramos 35 cepas RDrio: 27 en la Costa, seis en la Sierra y dos en la Amazonía”, detalla Franco.

Otra cepa que activa alertas en el mundo es la de Beijing, altamente resistente. Y aunque su incidencia en el país es baja, la vigilancia se mantiene. 

El genoma del bacilo es el blanco al que apunta el Inspi. En sus laboratorios aplican técnicas para hallar mutaciones locales y analizar su comportamiento.

Los resultados de los estudios abren la posibilidad de evaluar con el Ministerio de Salud modificaciones al tratamiento estándar, para mayor efectividad.

En cuanto al diagnóstico, el Inspi recibirá de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) nuevos equipos GenExpert, que acortarán el tiempo de los resultados. Antes, algunas pruebas tardaban un mes. Con estos, el tiempo se reduce a cuatro horas la detección del bacilo y la resistencia a los fármacos.

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