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Los Pueblos Mágicos de San Antonio de Ibarra, Pimampiro y Cotacachi, en Imbabura, escogieron los platos que reflejan su identidad

Dulces tradicionales de San Antonio de Ibarra. Foto: Washington Benalcázar/ EL COMERCIO

La comida alegra, reconforta. Un plato típico, de sal o de dulce, puede ser un pretexto para visitar una localidad. Pero, también una vía para conocer la cultura y la tradición de los pueblos, que guardan las recetas como un tesoro. Por eso, la gastronomía tradicional también está considerada un imán para atraer a los turistas.

En la provincia de Imbabura, la parroquia San Antonio de Ibarra y los cantones Pimampiro y Cotacachi, que forman parte de los 21 Pueblos Mágicos del Ecuador, definieron sus platos emblemáticos. Lo hicieron con el apoyo del Ministerio de Turismo, la Asociación de Chefs del Ecuador y los gobiernos locales.

Sandra Potosí, representante de los comités ciudadanos de Pueblos Mágicos, considera que este tipo de iniciativas también constituye una oportunidad para la reactivación turística del país.

Los dulces de San Antonio de Ibarra, una tradición con 150 años de historia

Cosas secas. Así se denomina al conjunto de dulces conocidos como rosquetes, mojicones, panuchas y suspiros. Los dos primeros se elaboran con harina de trigo, manteca y huevos. Se obtiene una masa a la que se le agrega licor de caña. Luego de darles la forma de una pequeña rueda ingresan al horno. Cuando se enfrían, a los rosquetes se les embadurnan con azúcar en polvo, mezclada con agua. Eso les da el característico color blanco. Mientras que a los mojicones se les unta panela disuelta.

Las panuchas se producen con harina de maíz y de trigo. La masa lleva leche, yemas de huevo y azúcar. La forma es similar a la de una pequeña galleta circular.

Los suspiros son delicados postres que se producen con la clara de huevo y azúcar. Antes de que se cocinen brevemente en el horno se mezclan y se baten, hasta formar una especie de espuma.

Patricia Narváez es una de las herederas de la costumbre de elaborar cosas secas. Asegura que su bisabuela materna, Nicolasa Salazar, inició la tradición hace 150 años. “Producían los dulces para vender durante la fiesta del Corpus Christi, el 16 de junio. Pero, ahora yo elaboro las golosinas todo el año, como lo hacía mi madre, Dora Almeida”.

Estas delicias se los puede encontrar en el local D’Dory, ubicado en la calle 27 de Noviembre, diagonal al parque Francisco Calderón.

Otros platos representativos de San Antonio de Ibarra son las humitas, el dulce de sambo y las tortillas de tiesto. Estos menús quedaron en la fila en una votación popular virtual, para escoger el plato más representativo de esta localidad, famosa por la destreza de sus habitantes para tallar la madera.

La trucha se come acompañada de habas y papas en Pimampiro

Sin duda, la gastronomía de cada localidad refleja la riqueza de la tierra. En el cantón Pimampiro, ubicado en el nororiente de Imbabura, ese potencial se resume en el plato de trucha asada, acompañada de habas tiernas, papas y un choclo cocinado. La trucha va acompañada de un encurtido de tomate y cebolla. Además, lleva una porción de queso tierno.

La trucha asada es el plato emblemático del cantón Pimampiro. Se ofrece acompañado de habas, choclo y queso
Foto. Cortesía Municipio de Pimampiro 

Este menú fue seleccionado por los habitantes de esta localidad, como el platillo emblemático de Pimampiro. Lo hicieron a través de un sistema de votos por las redes sociales. De esta manera dejaron de lado a otras golosinas locales, como el emborrajado de pata de cerdo y el vicundo. El primero se elabora con una masa de harina de trigo y agua con la que se cubre un trozo de pata de chancho, previamente cocinado. Finalmente, se fríe en aceite el producto antes de servir.

El segundo es una especie de tamal, que se hace con harina de maíz, manteca y dulce de panela. Tiene la forma triangular. Antes de cocinar cada porción se envuelve en las hojas largas de la planta de achupalla, a las que se les denomina vicundos.

Según Gandhy Vásquez, director de Desarrollo Económico y Social del Municipio de Pimampiro, los turistas podrán disfrutar de este manjar en un patio de comidas, que construyó el cabildo, junto al Parque de la Independencia. Tiene capacidad para 16 emprendedores. Las truchas provienen de seis piscícolas que hay en el cantón.

Las carnes coloradas no pasan de moda en Cotacachi

Con una tradición que bordea un siglo, las carnes coloradas son una de las delicias de Cotacachi. El plato contiene productos como maíz tostado, mote, empanada rellena de plátano maduro, aguacate, papas cocidas con cáscara y la carne de cerdo. Esta última está sazonada con achiote, que le da ese sabor y color singular. La tradición dicta que el menú se ofrezca acompañado de una salsa de queso y ají.

Las carnes coloradas son el plato típico que identifica a Cotacachi. Foto: Washington Benalcázar/ EL COMERCIO

Aunque la carne colorada se preparaba antes solamente en septiembre, como una vianda especial de la fiesta de la chicha de jora, ahora se lo encuentra todos los días del año.

El precio bordea los USD 8. Se ofrece en, al menos, 10 restaurantes de esta urbe, famosa también por las artesanías y prendas de vestir que se fabrican con cuero.

De acuerdo con las crónicas la ciudad, el menú se preparaba en grandes pailas de bronce, sobre leños ardientes. Era una tarea larga y pacienciosa que permitía que la chicha de jora reposara y se fermentara en las frescas vasijas de barro, para acompañar al plato fuerte. Ahora el potaje se acompaña de jugos naturales o gaseosas.

Las carnes coloradas fueron seleccionadas por la mayoría de los habitantes de Cotacachi como el plato estrella, porque es parte de la identidad local.

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