De la nieve al desierto, una expedición singular por un Ecuador de contrastes

Los artesanos de Tigua develan su arte y conocimientos ancestrales en el tallado y pintura en madera de pino. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Un viaje por estos tesoros implica detener el tiempo para enamorarse de la vida y encontrase a sí mismo redescubriendo sabores, rostros e historias. Después de todo, se viaja para ser feliz, para recargar energías y mirar al mundo con otra intención. Y, en esta ocasión, con la compañía del Chevrolet Tracker Turbo.

Las allullas de Latacunga

La antigua estación de tren de esta ciudad se aromatiza del olor de las allullas horneándose en los locales vecinos, desde las 04:00. Uno de estos, con 100 años de antigüedad, es el precursor en la zona: ‘Herencia y tradición’.

Allulla o hallulla es una palabra mestiza que no tiene regla sobre cómo escribirla ni de cuántas comerse. La harina de trigo, la sal, la manteca y otros ingredientes y secretos crean una delicadeza de bocado, que invitan a probar una, dos... o, quizás, cuatro, acompañadas de café, chocolate o colada morada.

Las máscaras de Tigua

Saquisilí, Pilligsili y Guangaje son algunas de las antesalas en la ruta para llegar a Tigua. Una comunidad de la provincia de Cotopaxi, de agricultores y artistas.

Al filo  de la carretera: un cementerio, la máscara de tres metros de alto y el aserrín son los testigos del trabajo de Julio Toaquiza. Diablos huma, payasos, monos, perros y tigres son algunos de los personajes de las fiestas indígenas que buscan representar en sus obras.

Laguna del Quilotoa

Por la cercanía del volcán más occidental de los Andes, el Quilotoa, la temperatura baja. La laguna, formada en su cráter, se puede admirar desde el Mirador Shalalá.

Un escenario de maderay cristal para admirar la inmensidad de la laguna. Aparece misteriosa, en un contraste del agua turquesa y la neblina, para atrapar la mirada y el lente de las cámaras.

Comida típica de Riobamba

El olor a leña quemada acompaña en la vía. La ciudad inicia sus ajetreos y un espacio reserva los sabores: el Mercado La Merced y 14 ‘caseras’, que brindan a los visitantes un pedazo de cuero crocante con halagos y frases de cariño. ¿Este es el mejor hornado del Ecuador? Según Ana, Zoila y Jenny, sí. Su peculiaridad es el ‘agrio’. Un encurtido preparado con chicha, cerveza, cebolla, ají, hierbas y otros secretos.

Jugo de sal  y ‘rompenucas’

El jugo de sal es herencia desde 1936 de la familia Luna. El sabor en un vaso con estofado de carne, huevos, culantro y unas gotas de limón encanta a quien lo pruebe.

‘Rompenucas’ es el jugo de fruta con hielo cercano al cielo del Chimborazo.La experiencia que deja una refrescante y congelada sensación se da gracias al último hielero: Baltazar Ushca. Un personaje de 78 años, quien lleva 63 en un oficio arduo en el nevado.

El Chimborazo

Llegar a las blancas laderas del volcán más alto del mundo es una oportunidad única a la que pudimos acceder con la potencia del Tracker Turbo. El Everest quedó relegado 1,8 metros con la medición de la distancia desde el pico del ‘Taita Chimborazo’ al centro de la Tierra .

Aquí, los visitantes se pierden de vista entre las capas de neblina y la nevada, que se siente como ligeros cristales en la piel. ¿Alguien dijo batalla de bolas de nieve y una espumilla para recuperar calor? Sí, el lugar tiene todo para uno ser feliz.

Desierto de Palmira

El escenario se transforma en las Dunas Galte Laime. Asombra: está en medio de una zona con lagos, páramos y tierra agraria. Basta una caminata, palpar su arena y oler el pino sembrado a su alrededor para entender que no es un desierto común, que no se parece al Sahara, que es un desierto de los Andes.

Paradójicamente, las 10 hectáreas de este tesoro escondido son espacios que no se pudieron recuperar en un plan de arborización para evitar el avance de la erosión del suelo del páramo.

Alausí: patrimonios

Mientras se la recorre es inevitable pensar en los capítulos de la historia que alberga: un tramo del Camino Inca; fue cuna de uno de los próceres de la independencia, José Antonio Pontón; es la ciudad que Eloy Alfaro escogió para construir la estación del tren más difícil del mundo por la ruta zigzagueante a la Nariz del Diablo y también fue la última parada del viaje de Alfaro camino a su asesinato en Quito.

Y tiene más. Una obra elaborada en Alemania que destaca sobre los tejados de las casas coloniales: el reloj público. Este tesoro con pocas réplicas en el mundo, cierra la ruta al límite con Cañar.

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