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La falta de medicinas e insumos pasa factura a los pacientes

En los exteriores del Hospital Guasmo Sur, en Guayaquil, familiares buscan sondas y anestésicos ante el déficit. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La espera en los exteriores de un hospital es larga y angustiante. Quienes acompañan a la distancia a sus parientes, afectados por las serias complicaciones del covid-19, aguardan con esperanza noticias de su mejoría.

En su lugar, en las últimas semanas, reciben pedidos de fármacos e insumos que han empezado a escasear en las salas de cuidados críticos y de hospitalización. “Solo en un día necesité más de USD 400”, se queja un familiar en los exteriores del Hospital General Guasmo Sur de Guayaquil.

No llevan recetas, solo indicaciones escritas en papeles rasgados. Es lo que muestran en las farmacias aledañas, donde suelen comprar a costos por encima de lo usual.

Es miércoles y una mujer luce intranquila fuera de una botica. Busca rocuronio, uno de los anestésicos indispensables para mantener bajo sedación a los pacientes intubados.

“Para nadie es un secreto que no hay medicinas en los hospitales públicos y que mandan a comprar fuera”, dice decepcionada, sin revelar su nombre. Junto a ella, otras personas compran sondas y dispositivos para suministrar medicación intravenosa.

El Colegio de Médicos del Guayas confirma los problemas de desabastecimiento en hospitales públicos y del IESS. Su vicepresidente, Javier ­Carrillo, asegura que la escasez se ahondó con la última oleada de contagios.

“Los anestésicos son los que más se necesitan en UCI, al igual que los antibióticos. También faltan otros fármacos para tratar el cuadro inflamatorio, como el tocilizumab (Actemra), los corticoides y los esteroides intravenosos. Es medicina de alta demanda”.

Con la excesiva demanda, los valores se disparan al doble o al triple de lo autorizado. Carillo incluso afirma que algunos fármacos solo se obtienen en el mercado informal, en los corredores de la Bahía o a través de Internet.

El Ministerio de Salud ha fijado precios a varios elementos esenciales para el tratamiento de covid-19, como las pruebas PCR y las recargas de oxígeno. También para las ampollas de Actemra de 200 mg, medicina que puede frenar el proceso inflamatorio desencadenado por el virus. El precio techo es USD 342,60. Pero llegan a comercializarse en más de 1 000.

Fernando (nombre protegido) vivió por tres días una pesadilla por conseguir una ampolla. Hizo una campaña en redes sociales por un familiar hospitalizado en Chimborazo y recuerda que la búsqueda fue agobiante.

“Lo conseguimos con sobreprecio. Las venden en USD 800 y 1 000 en el mercado negro. Es algo terrible, hacen negocio con la vida”, dice.

Santiago Sotomayor, encargado de Control Posterior de la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa) Zona 8, pide denunciar los valores irregulares y no comprar por redes sociales ni en las calles, ya que podrían ser productos adulterados, caducados o que perdieron su eficacia por la mala condición de conservación.

La agencia realizó 2 000 operativos en farmacias en lo que va del año, incluidas las ubicadas junto a los hospitales. La Intendencia del Guayas realizó otras 1 440 inspecciones para controlar precios.

Pero para el vicepresidente del Colegio de Médicos, la solución de fondo es completar los ‘stocks’ en los hospitales, un trámite que no parece sencillo con el cambio de gobierno. “Hay paralización de procesos y los directivos no tienen autoridad para hacer este tipo de gestiones”, asegura.

El desabastecimiento va más allá del coronavirus. Faltan reactivos en laboratorios y no hay suficientes equipos de protección, dice Carrillo.

El problema se extiende a otras localidades, como El Oro. En Machala, los familiares de los pacientes denuncian que les piden guantes, gasas y antibióticos para tratar las infecciones generadas por la prolongada intubación.

La Corporación Empresarial por la Competitividad de la provincia donó insumos por casi USD 30 000. Al Hospital Teófilo Dávila fueron 5 000 mascarillas, 10 000 cajas de guantes, 20 000 jeringuillas, un concentrador de oxígeno y otro de alto flujo.

La directora distrital de Salud, Priscila Hurtado, reconoció que el apoyo empresarial permitió, por ejemplo, tener materiales para pruebas PCR.

Las quejas por la falta de medicinas e insumos se repiten en otros hospitales de Guayaquil, como el Abel Gilbert, en el Suburbio. Los familiares muestran los pedidos anotados en papeles sin firma: guantes, pañales, sueros, jeringuillas. “No tenemos dinero para eso”, dijo una mujer, llorando.

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