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Liz Zhingri: ‘El diálogo es importante, pero en condiciones de igualdad’

Liz Zhingri aparece de pie en el puente Mariano Moreno de Cuenca, renombrado Unidas Nos Queremos. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Liz Zhingri. Activista y comunicadora feminista de Cuenca

La lucha por los derechos de las mujeres y por romper paradigmas históricos de violencia han acompañado a Liz Zhingri desde su adolescencia e incluso como herencia de su abuela, su abuelo, su madre y su padre.

Comunicadora y activista feminista cuencana, con apenas 25 años, se tomó con otras compañeras el puente Mariano Moreno, para rebautizarlo como puente Unidas Nos Queremos y hacer de ese lugar icónico de la capital azuaya un espacio de homenaje a las víctimas del femicidio.

A principios de este año, Liz fue amenazada públicamente a través de un cartel con su imagen en el mismo puente. Pero eso le ha servido para ser más fuerte y valorar las muestras de solidaridad con su lucha en todo el mundo. Este es su testimonio.

“Cuando estaba en el colegio, una gran profesora y activista por la defensa del agua, Verónica Cevallos, me llevó a una reunión con la Federación de Organizaciones Campesinas del Azuay. Fue una de mis primeras experiencias. Luego, en los movimientos estudiantiles de la universidad conocí a compañeras que me llevaron por los caminos del feminismo. Me vinculé al Cabildo de las Mujeres de Cuenca, quienes a través de talleres me enseñaron sobre la lucha histórica por los derechos femeninos.

La mañana del 3 de noviembre de 2019 ocurrió el femicidio de Maribel Pinto, una mujer afrodescendiente del Azuay, en plenos festejos de la Independencia de Cuenca. Pero no se pararon las celebraciones.

A los pocos días, apareció en el puente, que después lo renombramos Vivas Nos Queremos, un grafiti con las palabras “Dejen de matarnos”. Fue una declaración espontánea desde la rabia, pero también desde la impotencia por la indiferencia del Estado ante los femicidios.

Como respuesta, un concejal del Municipio de Cuenca propone poner cámaras en el puente para criminalizar esta manifestación y terminaron pintando el puente de blanco. Se indignaron más por una pared que por una mujer asesinada.

Es allí donde junto con compañeras de diversas organizaciones de todas las edades decidimos hacer una acción más colectiva y más grande para volver a pintar el puente, pero esta vez de morado, el color de la lucha feminista, y a la luz del día. Fue un 25 de noviembre, fecha que da inicio a los 15 días por el activismo de la mujer.

Decidimos convertir este puente en un espacio de memoria de las víctimas de femicidio en Cuenca, que lleva escrito en sus pilares los nombres de más de 30 mujeres. También es un lugar de congregación de organizaciones de desaparecidos.

Allí dejamos flores y hacemos rezos en memoria de las compañeras. Pero también, cada 27 de noviembre, colocamos el nombre de compañeras trans, lesbianas y bisexuales que han muerto producto de la violencia patriarcal, que da paso a las fobias. Tiene muchos sentidos. Por eso lo denominamos Vivas Nos Queremos.

Me reconozco desde mis raíces indígenas, pero también desde el antirracismo y los feminismos. Hay muchas formas de imaginar cómo podemos cambiar los paradigmas, deshacernos de los sistemas de pensamientos que históricamente nos han oprimido y cuestionar estructuralmente todos los sistemas de opresión.

El patriarcado no está divorciado del colonialismo, que tampoco está divorciado del capitalismo.

Hay que hacer críticas estructurales para dar respuestas más reales y concretas que apunten a transformaciones más profundas.

Siempre vamos a tener algo en común con las otras personas, incluso con las personas que parecen totalmente opuestas a nosotros. Y la idea es hablar desde lo común, antes de los lugares que nos distancian.

Para mí, es muy importante el diálogo, pero siempre que se dé en condiciones de igualdad.

Para hablar con otras personas tenemos que bajarnos de las nubes de las jerarquías y entender que lo que siente, piensa y comprende el otro del mundo es igual de válido de lo que yo siento, pienso y comprendo también del mundo.

Mi trabajo siempre será con las comunidades y las organizaciones, por la justicia y la dignidad colectiva”.

Su vida

Nació en Cuenca en 1996. Estudió el bachillerato en el Colegio Intercultural Bilingüe Narancay y posteriormente Comunicación en la Universidad de Cuenca. Es miembro de la colectiva Femininja y ha estado vincu­lada a organizaciones feministas como Willkakuna, Sororidad y el Cabildo de la Mujeres, entre otros grupos de derechos de las mujeres.

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