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Los estudiantes del régimen Sierra-Amazonía regresaron a clases entre el 1 y el 3 de septiembre de 2026 y, pocos días después, los resultados de PISA 2025 pusieron sobre la mesa las dificultades de Ecuador en matemáticas, lectura y ciencias. En medio de este nuevo año lectivo, el acceso a herramientas de inteligencia artificial plantea otra pregunta para las familias: ¿hasta dónde deben permitir que sus hijos las utilicen para hacer los deberes?
PISA 2025 evaluó a 9 128 estudiantes ecuatorianos de 15 años, pertenecientes a 266 escuelas de los regímenes Costa-Galápagos y Sierra-Amazonía.
Los resultados ubicaron a Ecuador por debajo del promedio en las tres áreas. El país obtuvo 366 puntos en matemáticas, 385 en lectura y 393 en ciencias.
Las diferencias también aparecen en los niveles de competencia. Solo el 20% de los estudiantes ecuatorianos alcanzó el nivel 2 en matemáticas. En lectura, el porcentaje llegó al 38%, frente al 69% del promedio internacional. En ciencias alcanzó el 40%, frente al 74%.
Los resultados promedio de Ecuador en matemáticas y lectura quedaron por debajo de los registrados en 2017. En ciencias permanecieron prácticamente iguales.
PISA relacionó el aparente descenso en matemáticas y lectura con la incorporación al sistema educativo de un mayor número de jóvenes de 15 años provenientes de poblaciones marginadas.
En el nuevo año escolar, especialistas consultadas plantean la necesidad de establecer límites para que estas herramientas apoyen el aprendizaje sin reemplazar las habilidades que niños y adolescentes necesitan desarrollar.
Lorena Naranjo, experta en inteligencia artificial y columnisa de EL COMERCIO, considera que prohibir estas herramientas no constituye la solución. Su propuesta apunta a enseñar a los estudiantes a utilizarlas como asistentes.
Un alumno puede recurrir a la IA para investigar un tema, obtener información adicional, contrastar posiciones o solicitar una revisión de un texto que escribió previamente.
También puede preguntarle qué elementos faltan en un ensayo para cumplir una rúbrica, solicitar perspectivas diferentes sobre un mismo asunto o buscar autores con posiciones contrarias.
“No puede sustituirte porque si te va haciendo, no aprende nada el estudiante”, explica Naranjo.
La diferencia está en quién realiza el proceso intelectual. Para la especialista, el estudiante debe convertirse en una especie de “orquestador”: formula las preguntas, decide qué necesita investigar, compara respuestas, cuestiona las fuentes y determina si la información resulta útil.
Angélica Quito, coordinadora de investigación de la Facultad de Ingenierías Digitales y Tecnologías Emergentes de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), considera que padres y docentes deben analizar qué busca desarrollar cada tarea antes de permitir el uso de inteligencia artificial.
Un ejercicio de cálculo o matemáticas, por ejemplo, puede tener como objetivo que el estudiante practique una habilidad específica. Si la herramienta resuelve todo, el alumno pierde ese proceso.
“Si nosotros permitimos que al 100% la puedan utilizar, vamos a estar perdiendo las habilidades que ellos deben desarrollar en su nivel tanto escolar como de secundaria”, sostiene Quito.
La especialista menciona entre esas capacidades las habilidades matemáticas y comprensivas. Además, señala que el uso de estas herramientas no se limita a escuelas y colegios, pues también llega al ámbito universitario.
Naranjo relaciona el uso educativo de la inteligencia artificial con los niveles cognitivos de la taxonomía de Bloom.
La especialista explica que el aprendizaje no debería quedarse únicamente en recordar información. El estudiante necesita comprender, aplicar, analizar, sintetizar y evaluar.
La IA puede intervenir en ese proceso como una herramienta de apoyo. Un estudiante puede pedir una comparación, cuestionar una respuesta, solicitar otro enfoque o analizar si determinada información funciona dentro de un contexto específico.
El límite aparece cuando la herramienta ejecuta el proceso completo y el alumno solo recibe el resultado.
Así, la discusión no se reduce al tiempo que un niño o adolescente pasa frente a una herramienta de IA. También importa para qué la utiliza y cuánto del proceso intelectual realiza por su cuenta.
Quito considera que los padres constituyen el primer filtro para el desarrollo escolar. Esto implica conocer qué tareas tienen sus hijos y revisar cómo utilizan las herramientas digitales para resolverlas.
También advierte sobre el riesgo de asumir que todas las respuestas que entrega una inteligencia artificial son verdaderas.
Naranjo coincide en que la tecnología no debe ocupar el lugar del acompañamiento familiar. Según explica, las herramientas pueden cometer errores o entregar información incorrecta.
Por eso, los estudiantes necesitan cuestionar las respuestas y contrastar la información que reciben.
El uso de inteligencia artificial abre otro frente para los padres: la información que niños y adolescentes comparten con estas herramientas.
Naranjo recomienda no cargar documentos ni datos personales o familiares. Entre los ejemplos menciona cédulas de identidad, recetas médicas e información relacionada con la identidad del niño o adolescente.
El uso educativo de la IA, por tanto, requiere límites tanto sobre lo que la herramienta puede hacer por el estudiante como sobre la información que este entrega.
Para las especialistas, la frontera está en evitar que la tecnología sustituya el aprendizaje. La IA puede ayudar a investigar, ampliar, comparar y revisar información; comprender, resolver, cuestionar y aprender todavía corresponde al estudiante.
Ecuador quedó por debajo del promedio internacional en matemáticas, lectura y ciencias.
Contexto: El país obtuvo 366 puntos en matemáticas, 385 en lectura y 393 en ciencias. La evaluación incluyó a 9 128 estudiantes de 15 años de 266 escuelas.
El 20% alcanzó el nivel 2 en matemáticas, el 38% en lectura y el 40% en ciencias.
Contexto: En lectura, el promedio internacional llegó al 69% y, en ciencias, al 74%.
Sí, pero las especialistas plantean utilizarla como una herramienta de apoyo y no como sustituto del trabajo del estudiante.
Contexto: Puede servir para investigar, ampliar información, comparar posiciones, revisar textos o buscar perspectivas diferentes.
Cuando realiza por completo el proceso intelectual que la tarea busca desarrollar.
Contexto: En ejercicios de matemáticas, por ejemplo, permitir que la herramienta resuelva todo puede impedir que el alumno practique la habilidad prevista.
El estudiante debe formular preguntas, investigar, comparar respuestas, cuestionar fuentes y decidir qué información resulta útil.
Contexto: Lorena Naranjo plantea que el alumno actúe como un “orquestador” y mantenga el control del proceso intelectual.
La IA no debería sustituir capacidades que los estudiantes necesitan desarrollar, como las habilidades matemáticas y comprensivas.
Contexto: Angélica Quito señala que padres y docentes deben analizar primero cuál es el objetivo de cada tarea.
Los padres deben conocer las tareas de sus hijos y revisar cómo utilizan las herramientas digitales para resolverlas.
Contexto: Las especialistas también advierten que la inteligencia artificial puede entregar respuestas incorrectas, por lo que la información debe cuestionarse y contrastarse.
No deberían cargar documentos ni información personal o familiar.
Contexto: Entre los ejemplos constan cédulas de identidad, recetas médicas e información relacionada con la identidad del niño o adolescente.
El límite está en evitar que la tecnología sustituya el aprendizaje y el razonamiento del estudiante.
Contexto: La IA puede apoyar la investigación, comparación y revisión de información, pero comprender, resolver, cuestionar y aprender corresponde al alumno.