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Las donaciones mermaron en el nuevo paro

Las universidades Central y Salesiana abrieron sus puertas para recibir a los indígenas que llegaron a Quito desde la noche del lunes 20 de junio. Foto: Carlos Noriega / EL COMERCIO

Un grito advierte de la llegada de donaciones al coliseo de la Universidad Central, centro-norte de Quito. Una cadena humana se dispone para agilizar el proceso, pero apenas se trata de una caja mediana. Los estudiantes universitarios se miran unos a otros decepcionados. Esto ocurrió el 21 de junio, cerca del mediodía.

Karen Rodríguez arribó con su padre hasta este recinto para repartir agua y galletas a los niños. Se movilizaron en una pequeña furgoneta desde el norte de la ciudad  y cuentan que no tuvieron problemas. “Me motivan la lucha social y la injusticia que vive el pueblo”, agrega la mujer de 30 años. Ella ayuda “con lo que puede”. 

Salomé Quitto, del colectivo Casa Luna, también recolecta donaciones con grupos feministas en diferentes puntos de la urbe y al igual que los ‘centralinos’ ha visto mermada la ayuda. “La crisis económica es un factor importante. La gente no tiene dinero”.

El llamado para pedir la colaboración ciudadana empezó con el paro, el 13 de junio. Lo que más necesitan son alimentos no perecibles o de consumo rápido y agua.

Los efectos de la pandemia pudieran incidir en que ahora la ayuda a los manifestantes no sea igual.

En la última ocasión recibieron hasta seis quintales de arroz cada día. Ahora tienen suerte si completan dos, menciona una coordinadora del centro de acopio de la Universidad Central.

En Cutuglagua, en el sur de Quito, donde los indígenas se concentraron antes de avanzar al Centro, Paúl Andrango, secretario de la Unión de Organizaciones Campesinas del Norte de Cotopaxi, Unocanc, pidió ayuda. Según cuenta, ahí los vecinos les compartieron comida y agua.  

Al llegar a la Central, el dirigente constató que habían llegado donaciones, pero en menor cantidad que la última ocasión. “No hay (donaciones) para todos”, lamenta.  

Recuerda que en 2019 recibieron mucha comida y que la gente les entregaba tarrinas con más alimento. “Podíamos repetir”, cuenta. Ahora ve con preocupación las pocas cosas que se han reunido en el graderío del coliseo.

Niños necesitan pañales  

El padre Juan Cárdenas, rector de la Universidad Politécnica Salesiana, reconoce que la situación actual es diferente a la de 2019. Pero prefiere no hacer una valoración. Pese a la situación actual, dice que llegan familias a entregar alimentos para el albergue y para los manifestantes, pues hay gente sensible con la situación de los movilizados. Hay cerca de 120 niños al interior; que requieren, principalmente, pañales.

Cecilia Medina es la coordinadora del área de salud de los Socorristas de Paz, un grupo que se formó en el paro de 2019. 
En esa primera convocatoria tuvieron cerca de 200 voluntarios, esta vez solo hay 55. Así mismo, dice que antes las donaciones llegaban por montones y hoy faltan. Ahora -agrega- no reciben ni la tercera parte de las donaciones.   

Los requisitos para ser voluntario son tener formación sanitaria y llevar su casco. Espera recibir más insumos, como lidocaína (anestésico), guantes, mascarillas y leche de magnesia para contrarrestar los efectos del gas lacrimógeno.

Juan Carlos Rojas, miembro de la asamblea ciudadana de Quito, aclara que “la ayuda no significa apoyo a la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) ni a ningún grupo”.

Comenta que están colaborando con conocidos que han llegado de provincias y también con los policías que solicitan ayuda. Pero rechaza las acciones violentas contra la ciudad, que se han evidenciado en los últimos días.

Asegura que no está de acuerdo, por ejemplo, con el vandalismo del que ha sido víctima su barrio San Blas, en el centro.

Dirigente del Movimiento Nacional Campesino (MNC) señaló que esta agrupación no apoya las protestas de la Conaie » https://bit.ly/3xML1zn

Posted by El Comercio on Wednesday, June 22, 2022