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1999. Ecuador vivió uno de los momentos más traumáticos de su historia contemporánea: el feriado bancario decretado por el entonces presidente Jamil Mahuad. Lo que empezó como una medida temporal para evitar el colapso financiero del país -un congelamiento de los depósitos bancarios por 24 horas- se extendió por meses, dejando a millones de ecuatorianos sin acceso a sus ahorros.
Esto precipitó una crisis económica en Ecuador que desembocó en la adopción del dólar como moneda oficial en enero del 2000.
El feriado bancario, el fenómeno de El Niño y la inestabilidad del sistema financiero desató una ola migratoria. Fue una de las más grandes de la historia ecuatoriana. Durante los primeros años de crisis económica y de la dolarización, miles de ecuatorianos abandonaron el país en busca de oportunidades, principalmente hacia España, Italia y Estados Unidos.
Para el 2000, el saldo migratorio negativo alcanzó su pico con 175 922 personas que decidieron marcharse, según cifras oficiales.
Al ver qué la dolarización dejó mermados sus ahorros, España se convirtió en uno de los principales destinos de la migración ecuatoriana. En el 2000, el Instituto Nacional de Estadística de España registró a 19 481 ecuatorianos sin nacionalidad española. Cinco años después, el número ascendió a 479 978.
Muchos migrantes llegaron sin papeles, buscando estabilidad en zonas como Madrid, Barcelona, Murcia y Valencia. Las mujeres se incorporaron rápidamente a trabajos de limpieza y cuidado de ancianos. Los hombres trabajaban en construcción y agricultura.
El proceso de regularización en España permitió que, para 2022, 308 549 ecuatorianos tengan la nacionalidad española. Esto refleja un alto nivel de integración.
El número de migrantes sin nacionalidad española para el 2022 fue de 112 024. Pese a esta reducción, España sigue siendo un destino fundamental para quienes buscan mejores oportunidades fuera del Ecuador.
La migración trajo consigo un flujo constante de remesas que han sido un salvavidas económico para las familias que se quedaron en el país. Entre 1998 y 2000, las remesas pasaron de 794 millones de dólares a 1 317 millones, y para 2004 ya alcanzaban los 1 604 millones. Esta cifra ha seguido creciendo a lo largo de las décadas, cerrando el 2023 con un récord de 5 447 millones de dólares. Así lo registra el Banco Central del Ecuador.
Las remesas han sido un pilar crucial para la economía ecuatoriana, compensando en parte las secuelas sociales de la migración masiva.
Aunque la ola migratoria más intensa ocurrió a inicios de los 2000, en años recientes se ha visto un nuevo repunte. Entre 2020 y 2022, el número de ecuatorianos que decidieron emigrar volvió a aumentar. Este fenómeno está impulsado por la falta de empleo, el aumento de la violencia y las secuelas de la pandemia por la covid-19.
En 2022, 113 931 ecuatorianos dejaron el país, en busca de un futuro mejor. A 25 años de la dolarización, la migración sigue siendo una realidad vigente para miles de ecuatorianos.
Las remesas, el sacrificio y la separación de familias han marcado a toda una generación que, desde distintos rincones del mundo, sigue ligada al Ecuador.
Tras 25 años de dolarización, EL COMERCIO presenta el primer episodio de Ecuatorianos de a pie. Se trata de un podcast que revelará historias humanas detrás de las cifras.
En este primer capítulo exploramos las vivencias, desafíos y logros de Aníbal Chicaiza, más conocido como Hannibal Ariel, el marqués de la bohemia, un ecuatoriano que, al igual que las aves migratorias, emprendió un vuelo cargado de valentía.
Con maletas llenas de sueños y la esperanza de un futuro mejor dejó su tierra natal en busca de recursos para mantener a sus hijos.
Así como las aves elevan sus alas y recorren miles de kilómetros en busca de mejores vientos que las guíen hacia climas más benignos, los migrantes, impulsados por la necesidad, dejan su hogar con la esperanza de encontrar en otras tierras la estabilidad que les fue arrebatada en la suya.
Detrás de cada cifra migratoria hay una historia, y detrás de cada migrante, un ecuatoriano de a pie que, al igual que esas aves en su travesía, sigue construyendo país, esté donde esté.