9 de abril de 2019 00:00

Bachilleres ven su futuro en el campo y la microempresa

Los estudiantes del Colegio Eduardo Salazar Gómez trabajan en el terreno de hortalizas y cultivos andinos. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Los estudiantes del Colegio Eduardo Salazar Gómez trabajan en el terreno de hortalizas y cultivos andinos. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Yadira Trujillo

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Siembra, cuida, desyerba. El interés en el vivero del colegio surge de su vida cotidiana. Angélica Taipe, de 15 años, trabaja con su tía en una sementera de frutilla, cerca de Yaruquí.

Por eso se dedica y disfruta del trabajo en el campo, que es parte de su bachillerato.

La joven es una entre 27 423 alumnos, de 302 unidades educativas a escala nacional, que ofrecen Bachillerato Técnico Agropecuario (BTA).

Según el Ministerio de Educación, este permite a los jóvenes ampliar sus oportunidades de inserción laboral o desarrollar sus propios emprendimientos.

Cultivo de peces, moluscos y crustáceos; Conservación y manejo de recursos naturales, Industrialización de productos alimenticios y Producción agropecuaria son las figuras profesionales del BTA.

Los módulos formativos abarcan competencias relacionadas con la producción agrícola y ganadera o pecuaria, ligadas al medio rural y a las cadenas de producción afines.

Bachilleres ven su futuro en el campo y la microempresa


Es miércoles en el Colegio Eduardo Salazar Gómez, en Pifo. Esta es la única institución con BTA que pertenece al Distrito Metropolitano de Quito.

Allí, Angélica, junto con su compañera Tatiana Yanacayo, se ocupa del vivero con plantas de ciclo corto como las medicinales y ornamentales.

Al salir del colegio, Tatiana quiere ir a la universidad y graduarse de agrónoma. También le gustaría trabajar en una plantación. Asegura que para entonces podrá tener un cargo de supervisión, ya que desde ahora se forma para eso.

El profesor Ramiro Toapanta señala que en el BTA se desarrollan competencias para que los jóvenes ocupen mandos medios al salir del colegio. Los chicos -asegura- están capacitados para acceder a un trabajo en caso de que no puedan ingresar a la universidad.

Sus aspiraciones están en ingeniería agrónoma, veterinaria, agroalimentos, agroindustria, entre otras. Desde el colegio, los chicos tienen un plan laboral o incluso trabajan en el campo, con su familia. Pero no descartan ir a la ‘U’.

“Voy a ser veterinaria”, asegura Lady Carrillo. La joven se encarga de los conejos y los cuyes. Cuenta que los alimenta con alfalfa y balanceado. A sus 18 años, ella conoce en detalle cuáles son los tipos de cuyes y el manejo para su reproducción.

Junto a sus compañeros se ocupa de ‘destetar’ a los recién nacidos cuando llegan a los 15 días. ¿Cómo? Los ponen en otra posa para que sigan su crecimiento y alimentación.

El currículo establece que, de las 45 horas semanales de clase, en tercero de bachillerato, los estudiantes reciban 20 de asignaturas del tronco común como Física, Historia o Matemáticas y 25 del Bachillerato Técnico.

En la enseñanza se aplican prácticas que fomentan el “aprender haciendo”, según se detalla en la metodología planteada por el Ministerio de Educación.

Para el BTA se especifica que el docente debe dominar los contenidos establecidos en los módulos formativos, en lo referente al área agropecuaria. Además, debe conocer las normativas de calidad, seguridad y prácticas de producción.

Iván Flores es ingeniero. Enseña sobre la producción de hortalizas o cultivos andinos y sobre los procesos biológicos de las especies frutales a los chicos de segundo y tercero de bachillerato.

Vestida de blanco, Belén Torres realiza moldes para hacer queso, en la planta de producción del colegio de Pifo.

La chica se graduó y recibirá un año más de clases para especializarse en la producción de queso, yogur y postres. Sus padres tienen vacas lecheras. Anhela levantar su propio emprendimiento, cerca de casa.

Lo hará al terminar el año lectivo adicional que pueden seguir los bachilleres del BTA, que se acogen al Bachillerato Técnico Productivo en esa institución. Ahí se forma la primera promoción, de 20 chicos.

En el país, el 26% de los centros fiscales con bachillerato técnico tiene un enfoque agropecuario. La mayoría se localiza en Manabí, con 42 centros, que representan el 14%. Le siguen Loja (11%), Esmeraldas (10%), Guayas (6%), Los Ríos (6%) y El Oro (6%).

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