21 de octubre de 2018 00:00

Algodón, el ‘Árbol de lana’

El algodón es actualmente la fibra natural más importante que se produce en el mundo.

El algodón es actualmente la fibra natural más importante que se produce en el mundo.

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Amílcar Tapia Tamayo

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Una de las primeras impresiones que tuvo Juan de Villegas y Alzamora, designado en 1570 como corregidor del asiento de San Juan Bautista de Ambato y que viajó desde Quito acompañando al comisionado de la Audiencia, Antonio de Clavijo, para delinear las calles del poblado, fue mirar a los indígenas del lugar vestidos con ropas tejidas con algodón, fibra totalmente desconocida en Europa, y particularmente en España.

En su informe al presidente Hernando de Santillán, fechado en diciembre de 1570, señala: “en deste pequeño asiento que V.S.I. me ha sido de encargar para que lo gobierne en nombre de S.M. e visto cosas notables como que los naturales visten ropas hechas de un hilo tosco que llaman algodón ques propio de las tierras bajas allende las montañas hacia el nasciente (…) Con curiosidad e visto que en las veras del río que pasa por deste lugar crecen unas matas de cuyos extremos salen pelusas dándome la idea de que son árboles de lana (…) me han dicho que los naturales traen estas lanas de los bajíos junto con unas hojas que produscencalor y fuerxa que llaman coca, así como ají, batatas largas que le llaman yuca y otros productos propios…”
(Copia de expedientes de la Audiencia de Quito, ‘Informes de Corregidores’, 1570, BAEP, hoja 18)

Gil Herrera (Andanzas por América, Madrid, s/e, 1902, p. 116) estima que el algodón fue cultivado por gentes de los pueblos andinos, sobre todo de Perú, y que luego las semillas fueron traídas a las tierras de Quito (Reino) mucho antes de la llegada de los españoles.

Las noticias históricas sobre uso de la fibra en tierras ecuatorianas son muy escasas; sin embargo, hay algunos datos y refieren que las “plantaciones de algodón eran notables en las selvas de Lita y en las inmediaciones de la villa de Ibarra, que se hallaban junto a cocales y sembríos de ají, sirviendo para cambiar con raciones de sal de Mira.

Los naturales llevaban fardos de algodón para hacer cambalache por estos granos, ya que con su lana se hacían ropas rústicas para los salineros que lo preferían por fresco y duradero (…) con las semillas hacían collares que los mindalas colgaban de sus pechos, siendo de buen gusto llevar estos a las reuniones de plenilunio, en donde luego quemaban las pepitas a los taitas y montes para que les dé abundante producción de sal y buenos negocios para regresar con jugosas ganancias” (‘Informes de Miguel de Ubidia, teniente de corregidor de Ibarra’, 1703, Archivo Histórico Ministerio de Cultura, Ibarra, hoja 70)

En una referencia del corregidor de Riobamba, Matías del Corso, signada en 1756, señala que “los naturales deste mi corregimiento usan para la elaboración de sus vestidos dos tipos de fibras: una ques de lana de oveja de Castilla, ya que sus propios animales que les dicen llamas ya no existen por la mucha persecución de su carne que es muy deleitosa, y la otra de algodón, sobre todo del que le llaman ‘enchurado’ que traen de las tierras bajas sea de Quijos o de las llanuras de Bodegas. Dicen que estas matas crecen de forma abundante en el monte y en más de las veces, las consideran una plaga, por lo que quien usa ropas de este hilo son mal vistas, haciéndolos solo la gente más pobre y común (…) Nunca es usada por las personas de bien, la cual hacen sus prendas con finos hilos, sedas y terciopelos. Hacerlo de este material sería vergonzoso”. (Ibid. BAEP, 1760, p. 119)

También Jorge Juan y Antonio de Ulloa, en sus ‘Memorias Secretas’ (1746), confirman la existencia de plantaciones de algodón en las cercanías de Babahoyo y Daule. También en Jaén de Bracamoros y Macas, material con el que los indígenas elaboraban sus ropas. Por otro lado, afirman que los indios del sur de Loja llevaban a la costa del Perú “sus algodones para cambiarlos con pescado”.

A pesar de la escasa demanda, la primera exportación de “mazos” (fardos) de algodón a España se hace por Guayaquil en 1750. “ El comerciante Miguel de Urraca lleva a Canarias 40 arrobas de algodón del parmellano para confeccionar vestidos para la tropa del Ejército Real, ya que esta fibra es de mejor calidad y resistencia que la lana ordinaria” (Viteri, Juan de Jesús, ‘El comercio en tiempo de los Borbones’, México, Cultura Popular, 1972, p. 99)

Mirando la economía de ultramar, las razones por las que el negocio del algodón con España no era rentable, se debía a que también México producía fibra de buena calidad, causa por la que llevar este producto desde el puerto de Veracruz a la península demoraba de treinta a cuarenta días, a diferencia de Guayaquil cuyos comerciantes debían tomar la ruta de Cabo de Hornos hasta llegar a Europa en un tiempo de ciento sesenta días, aproximadamente. De allí que su siembra y cosecha era casi nula en tierras de la antigua Real Audiencia de Quito.

En el Museo de los Amantes de Sumpa, en Santa Elena, se conserva una casa rural de 1935, con utensilios para trabajar el algodón.

En el Museo de los Amantes de Sumpa, en Santa Elena, se conserva una casa rural de 1935, con utensilios para trabajar el algodón.

Cuando la situación económica de España se tornó crítica por las numerosas guerras sostenidas por la Corona, particularmente la anglo española que duró de 1761 a 1763, en donde la producción de telas y vestidos, sobre todo para soldados y el pueblo común, era urgente y necesaria, el rey Carlos III, llamado “el político”, expidió una cédula el 12 de mayo de 1772, que decía: “Siendo muy convenientes promover en las provincias de España las hilanzas y consumos de algodón de las Indias, sin perjuicio de las fábricas de lana establecidas en ella ha resuelto el Rey a este fin, que la franquicia de derechos que se sirvió conceder por Real Orden de 17 de octubre de 1766 al algodón criado en los dominios de S.M. en América, que viniese con destino a las fábricas de indianos, cotonadas, blabets y lienzos pintados, sea extensivo, no solo al que se traiga a Cataluña, sino también al que venga a las demás provincias del Reyno, por cualquier parte de él” (Navarro, José Gabriel, ‘Estudios históricos’, Quito, Producción Gráfica, 1999, p. 404)

Las guerras de las independencia permitieron que el algodón tuviera cierto auge debido a que “el Libertador dispuesto que no se utilice lana en la fabricación de uniformes por cuanto son pesados y de poca duración, no así el algodón, sobre todo el cultivado en las cercanías de Guayaquil, que proporciona mayor protección para los soldados que se trasladan al Perú, por lo que mandó se remate toda la producción de hilos para que las guarichas que los acompañan elaboren sobre todo camisas y camisones en número suficiente….” (Villarreal, Juan, ‘Bolívar y la independencia del Perú’, Lima, Gráficas Sol, 1965, p. 201)

En la construcción del ferrocarril Quito-Guayaquil, Eloy Alfaro contrató con Manuel Mejía, propio de Alausí, la entrega de diez mil ovillos de algodón para la fabricación de prendas de vestir para los trabajadores, “por lo que se incrementó grandemente la siembra de estas matas que no tenían mayor costumbre en Ecuador…” (Flores, Eulogio, ‘La Nariz del Diablo’, (folleto), BAEP, s/a, s/e, p. 15)

Esta generosa fibra debió esperar la Revolución Industrial del siglo XVIII para que se incremente su empleo a nivel mundial, convirtiéndose en una planta indispensable para las economías de países como Estados Unidos, ya que el algodón producido por esclavos negros africanos fue clave para mantener la economía de ese país luego de su independencia de Inglaterra.
 * Historiador e investigador, especializado en temas nacionales.

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