Gonzalo Ortiz

¿Se perjudicó Moreno a sí mismo?

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Es de suponer que Lenín Moreno y sus asesores sopesaron con cuidado el dilema entre una vicepresidenta del más recalcitrante círculo correísta y una externa, que permitiera ampliar su base de apoyo. Hasta puede que midiesen el posible impacto con encuestas.

Lo cierto es que Moreno optó por María Alejandra Vicuña, la exlegisladora correísta que defendió la superioridad moral de Rafael Correa por encima de todos los mortales y propició la reelección indefinida para prorrogar su régimen autoritario y corrupto. Otra cosa es que luego la popularidad cayera en picada y tuvieran que dejar de lado al objeto de su culto (el correísmo no es un movimiento político ni siquiera una iglesia, es un culto pentecostal).

La gran pregunta es por qué Moreno designó a la psicóloga Vicuña. Cuando la encargó de la vicepresidencia se dijo que era una táctica para asegurarse los votos que dependían del padre, el Econ. Leonardo Vicuña y su movimiento ABA. Deja de ser táctico cuando la nombran de manera definitiva a un puesto que está, como dicen en EE.UU., “a un latido de corazón” de la presidencia. Lo que nadie entiende es dónde está la estrategia.

Y ya que usamos expresiones gringas, viene a cuento la de serrucharse las piernas, que la emplean cuando algún político comete un error que le perjudica. Se la ha empleado mil veces para describir la conducción caótica de Trump, sus decisiones impulsivas y sus andanadas tuiteras de fanfarrón de patio de escuela, como la réplica a Kim Jon-Un de que su botón nuclear es más grande o jactarse de ser muy inteligente (“like, very smart”), más aún, “un genio”. Así, dicen, se serrucha las piernas y disminuye su estatura moral y, lo que es más grave, la de la presidencia de su país.

Pero Trump sigue siendo muy popular en su base. Ella es la que le preocupa, a ella cultiva y nutre con medidas tan inhumanas como decidir la expulsión de más de 200 000 salvadoreños que viven ya 20 años en Estados Unidos o abandonar el Pacto Climático. A Trump le basta con conservar el 30% de aceptación.

Pero, ¿es eso lo que quiere Moreno? ¿Contentar a su base y olvidarse del resto del país?
Es que el mensaje de la opción Vicuña fue ese: nosotros ganamos las elecciones, me enroco con los míos, me valen los demás. ¿Es tan débil la situación interna de AP que prefiere consolidar allí su liderazgo y olvidarse de los millones que, sin ser sus partidarios, estábamos apoyándole?
Lo más grave es que lo haya hecho en el camino a la consulta popular, pues es obvio que siembra dudas sobre el “cheque en blanco” que se le daría en el tema del CPCCS. ¿Y si lo llena de correístas? Pero también podría ser que su liderazgo y credibilidad en el país son tan fuertes que las encuestas le dijeron que prefiera a alguien muy, muy leal y no se arriesgue con nadie de afuera.