3 de octubre de 2018 00:00

El Taller Folclórico Fortaleza basa su danza en la investigación

Niños y adultos integran el grupo de danza y taller de música folclórica Fortaleza. Ellos realizaron una gira internacional por ciudades de Perú.

Niños y adultos integran el grupo de danza y taller de música folclórica Fortaleza. Ellos realizaron una gira internacional por ciudades de Perú. Foto: Cortesía Taller Fortaleza

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido intercultural)

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Los niños y jóvenes son la fuerza del Taller Folclórico Internacional Fortaleza, de la ciudad de Ambato. Ellos inyectan alegría y entusiasmo a la hora de aprender a bailar y a entonar los ritmos andinos, especialmente los de los pueblos Salasaka, Quisapincha, Chibuleo y Tomabela.

A pesar de que el grupo de música y danza se fundó en el 2015, sus logros son importantes porque en poco tiempo iniciaron una serie de investigaciones con los taitas y mamas de las comunidades indígenas de la provincia. Su objetivo es rescatar bailes tradicionales de estos pueblos. También el año pasado efectuaron una gira internacional por varias ciudades de Perú.

Sus 50 integrantes siguen el proceso en música y danza. Ellos aprovechan las horas de descanso de los fines de semana para conocer la música, los instrumentos y cada uno de los bailes que ponen en escena. “La idea es que todos conozcan desde los orígenes, la historia de cada uno de los pueblos, su danza y lo que transmiten en cada uno de sus movimientos. Intentamos que Fortaleza sea un grupo diferente. No queremos ser una copia”, explica Pablo Sislema, actual coordinador del taller.

Con música en vivo, interpretada por los ocho músicos, los chicos ensayan una y otra vez cada uno de los pasos. Sus edades promedian entre 8 y 24 años, hombres y mujeres. Tienen un repertorio de 40 canciones tonadas, capishcas, sanjuanitos, albazos y cinco coreografías establecidas.

Una de las danzas en las que trabaja es Taita Salasaka, melodía que la compuso en 1972 la agrupación Inti-Illimani. Con más investigación encontraron que los pasos del baile son lentos y con el movimiento de cadera similares a las danzas bolivianas. “Determinamos que tenían un origen aymara y de ahí se desprende que el pueblo Salasaka es mitimae traído de Bolivia”, afirma Sislema.

Además, en Cochabamba y Tarija los movimientos son similares. “Eso tratamos de transmitir a nuestros músicos y bailarines, con eso fortalecemos su conocimiento”.

La agrupación también trabaja con los indígenas de Quisapincha del sector del Casahuala. Es un trabajo con pingullo, que es uno instrumento musical que tiene origen Salasaka, pero que se regó en toda la región central.

Uno de los experimentados en el grupo es Lenín López. Se encarga de transmitir los conocimientos de la danza a la agrupación. Trabaja conjuntamente con su hermana Jessi­ca. “Es un proyecto nuevo e interesante porque tiene su base en la investigación y en el talento”, dice Lenín.

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