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Sol de los Andes imparte danza desde hace 11 años

Sara Flores, del elenco de bailarines, mientras participa en una fandango (baile) tradicional de Otavalo. Foto: cortesía Sol de los Andes

Sara Flores, del elenco de bailarines, mientras participa en una fandango (baile) tradicional de Otavalo. Foto: cortesía Sol de los Andes

Los profesores danclases de actuación en las jornadas de enseñanza para reforzar las presentaciones. Foto: cortesía Sol de los Andes

La formación de bailarines que amen la danza tradicional motivó a que tres jóvenes crearan el grupo Sol de los Andes, hace 11 años, en Quito. Actualmente, lideran un proyecto que convoca artistas de varias ramas, un domingo cada mes.

Los primeros ensayos de esta agrupación empezaron en una casa comunal del barrio La Kennedy, en el norte de la ciudad. Al inicio fueron apenas ocho danzantes, quienes idearon coreografías que incluían investigaciones previas sobre las culturas del país.

Once años después, el grupo se expandió hasta crear un elenco de cerca de 40 integrantes. Además, incursionaron en la formación integral de danza en jóvenes -desde los 12 años- y de adultos mayores.

Esta iniciativa surgió en septiembre del 2009. Así lo recordó Gabriela Pachacama, una de sus ideadoras. “Siendo bailarines y maestros imaginamos un lugar donde pudiéramos enseñar todo lo aprendido a personas que no tengan posibilidades económicas para pagar una pensión”.

Por estas razones decidieron, junto con los otros directores, Fernando y Paúl Bena­vides, cobrar solo la inscripción a quienes se sumaran a estas jornadas. El costo de esta es de USD 30.

Sara Flores, del elenco de bailarines, mientras participa en una fandango (baile) tradicional de Otavalo. Foto: cortesía Sol de los Andes

Desde entonces, Sol de los Andes organizó ensayos y clases gratuitas, que incluyen instrucciones sobre expresión corporal, danza y hasta el idioma kichwa. “Queremos ser embajadores de las tradiciones de una comunidad, de una etnia, pueblo y de la historia de nuestro país”, indicó Pachacama.

En casi una década, el elenco de bailarines ha participado en diferentes escenarios locales, de forma independiente y en colaboración con otros grupos y proyectos. También han representado al país con sus complejas coreografías en Colombia, Argentina y Perú.

Jéssica Valseca, de 33 años, ha formado parte del grupo desde hace nueve, por lo que considera a casi todos sus integrantes como parte de una familia. “Hemos compartido logros, momentos especiales y situaciones delicadas. El grupo nos ha permitido conocer a diferentes personas que les gusta otro tipo de danza o incluso conocer otras culturas cuando salimos del país”.

El esmero que ponen los instructores en la preparación de cada obra es uno de los puntos que más valoran los bailarines.

Para Valseca, no solo se trata de aprender los pasos sino de interpretar piezas como Ari, una coreografía que se baila con música andina, zamarros y faldas coloridas, y recrea una historia acerca del amor en pareja. “Es la que más me ha costado porque es muy seria y sentida, pero me fascina”.

Fernando Benavides,
director de Sol de los Andes, recalcó que hay un arduo esfuerzo detrás de cada presentación. Por ello, buscan que cada
pieza difunda un mensaje que sea valorado por los espectadores.

“Lo que queremos también es formar al público, para que la danza no sea solo vista como algo folclórico. Por eso mostramos un trabajo que tiene contenido, para tener un público crítico y satisfecho”, comentó Benavides, quien además dirige el grupo de folclor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).

Con esta intención, los directores impulsaron desde hace tres años el programa Arte en el Barrio, que reúne a otros grupos artísticos, actores, poetas y titiriteros. Estas presentaciones se realizan en la casa comunal de La Kennedy, el último domingo de cada mes.

La idea de esta actividad, explicó Pachacama, es compartir un escenario con otras personas que hagan arte en cualquiera de sus expresiones.

“Desde el inicio me encantó el grupo. Probé en otros espacios pero ninguno me ha llenado tanto como Sol de los Andes, porque hay un trabajo en equipo duro, pero que te llena de aprendizaje”, dijo Patricio Villacreses, de 30 años. 

Él es actor de profesión y otro de los bailarines del elenco juvenil. Se incorporó a este espacio hace cuatro años, tras formar parte del grupo de folclor de la PUCE.

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