14 de diciembre de 2019 00:00

El oso andino es un atractivo del ecoturismo

Un ejemplar de oso andino desciende por una pendiente ubicada en San Francisco de Sigsipamba, cantón Pimampiro, en Imbabura. Foto: cortesía Andrés Laguna

Un ejemplar de oso andino desciende por una pendiente ubicada en San Francisco de Sigsipamba, cantón Pimampiro, en Imbabura. Foto: cortesía Andrés Laguna

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Edwing Encalada
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El oso andino, una de las ocho especies de úrsidos que existen en el mundo, es un animal emblemático del país y alrededor del cual se han establecido políticas de conservación y circuitos turísticos que valoran su presencia en los páramos de los Andes. Cerca de Quito, a este animal se lo puede observar por temporadas en Papallacta, Reserva del Antisana y Maquipucuna, en el Noroccidente de Pichincha.

En el Chocó Andino, la temporada de avistamiento se inicia a finales de septiembre y concluye en noviembre, época cuando la planta de aguacatillo da sus frutos y se los puede observar fácilmente mientras están trepados en los árboles.

En Maquipucuna, hace más de 30 años cuidan de una reserva natural de 5 000 hectáreas en pleno bosque nublado. Atesoran al aguacatillo, bromelias, achupallas y moras silvestres, ya que los osos van a alimentarse de esos frutos. Luego rompen las ramas de los árboles y arman una especie de cama en donde duermen.

En este lugar se han instalado 200 cámaras-trampa para registrar a 60 osos que cruzan por esta zona. Cada uno se diferencia por las manchas en el rostro, las cuales solo son comparables con la huella dactilar de los humanos.

Según sus últimos registros, la presencia de estos úrsidos en el lugar tiene un promedio de entre cuatro y 12 semanas, antes de volver a subir hacia la Reserva Cotacachi-Cayapas.

Lugares de avistamientos del oso andino. Infografía: EL COMERCIO

Lugares de avistamientos del oso andino. Infografía: EL COMERCIO

Maquipucuna es parte del proyecto Quito Tierra de Osos, que busca proteger al mamífero. El proyecto potencia, además, la declaratoria de Reserva de Biósfera que recibió el Chocó Andino el 25 de julio del 2018.

Hospedarse en Maquipucuna tiene un costo desde USD 70 por persona en una habitación compartida; mientras que alojarse en el lodge tiene un costo de USD 85 por noche. Estos valores permiten acceder a los servicios que ofrece esta fundación.

A tres horas de la capital, en San Francisco de Sigsipamba, parroquia rural de Pimampiro, se puede observar hasta ocho ejemplares de esta especie en su hábitat natural a lo largo de todo el año. Se trata del Mirador del Oso Andino, un proyecto en el cual han trabajado, por más de una década, Danilo Vásquez y el biólogo Andrés Laguna.

Un cañón de 800 metros de altura del río Pisque separa al mirador del lugar en el cual habitan los osos. El único requerimiento que se pide a los visitantes es llevar binoculares o lentes fotográficos de largo alcance. “Mientras realizan el recorrido, les mostramos las mejores fotografías y videos que recopilamos del oso en su territorio. Desarrollamos un árbol genealógico de los individuos que allí viven y sus nombres”, añade Laguna sobre esta experiencia.

Andrés Laguna, desde el Mirador del Oso Andino en Pimampiro. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

Andrés Laguna, desde el Mirador del Oso Andino en Pimampiro. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

En este lugar existe una temporada para observar a cachorros de osos, entre febrero y junio. Se han contabilizado hasta 35 ejemplares en esta zona, de los 100 que habitan en la provincia de Imbabura. Se estima que aproximadamente 3 000 ejemplares de osos andinos habitan en el Ecuador continental, distribuidos en 14 provincias del país.

Este mirador potencia, además, la declaratoria de Geoparque Mundial de Imbabura, que logró el pasado 17 de abril de este año, por parte de la Unesco.

Al oso también se lo puede observar en Papallacta y en la Reserva Ecológica Antisana, por temporadas. En estos lugares se habla mucho de la importancia de su conservación, ya que mientras comen y caminan, dispersan más de 300 especies de plantas que ingresaron a su tracto digestivo.

Su labor permite que se regenere la capa vegetal en los bosques de difícil acceso para los humanos y ayuda a que las cuencas hídricas que dan origen a las fuentes de agua, se mantengan en los páramos.

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