13 de junio de 2018 00:00

La leyenda de Cantuña se presentará en formato de ópera en Quito

250 músicos participarán en la puesta en escena de esta ópera sobre Cantuña. Foto: cortesía Conamusi.

250 músicos participarán en la puesta en escena de esta ópera sobre Cantuña. Foto: cortesía Conamusi.

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Karol Noroña
Redactora (I)

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Entre la historia y el mito, Francisco Cantuña pervive en la memoria colectiva del Ecuador. Su leyenda muestra al indígena que salvó su alma del demonio por medio de la razón, la seducción, la construcción del atrio de San Francisco y la reivindicación. Así define el compositor ecuatoriano Marcelo Beltrán a la ‘Ópera Cantuña’, obra de dos actos que contempla la danza, teatro y la música ecuatoriana.

La producción, liderada por el Conservatorio Nacional de Música (Conamusi) en colaboración con el Instituto Nacional de Danza Colegio de Artes Frederick Ashton, reúne a 250 artistas en escena entre coristas del Conservatorio y de la Universidad Central del Ecuador (UCE), ballet, solistas y una orquesta sinfónica.

Dirigida por el maestro Luis Ayala, la obra de Beltrán pertenece a una tetralogía operística que incluye las leyendas: San Antonio puesto de cabeza, el Cucurucho de San Agustín y el Gallo de la Catedral.

Para Beltrán, la historia original de Cantuña suelta un cúmulo de interrogantes que, en su obra, se logra dilucidar. “El contacto entre Cantuña y el diablo se muestra a breves rasgos. Además se desconoce la verdadera razón por la que no logró culminar la construcción del atrio de San Francisco en los seis meses que los padres franciscanos le dieron de plazo”, explica.

En la propuesta escénica, se retrata el boicot por un grupo de personas que no admiten la construcción del atrio por un indígena. Las peripecias que alcanzan a Cantuña finalmente le impiden culminar la obra.

El relato avanza con la presencia dual demoníaca. En el primer acto, Cantuña -interpretado por el tenor Edwin Gutiérrez y por Sebastián Guamán- es seducido por Luzbel, el diablo que acoge la figura femenina para convencerlo de vender su alma.

Al conseguirlo, en el segundo acto entra en escena Lucifer en su caracterización regular: cuernos, cola y forma masculina, personificado por la afamada voz merideña de Temix Albornoz.

La propuesta sonora de la obra se afianza en la música ecuatoriana. Sonarán géneros como el sanjuanito, el pasillo, el albazo, el yumbo y el fox incaico, compuestos por Beltrán sobre giros melódicos y construcciones armónicas propias del país. También intervendrán 25 bailarines del Ballet del Instituto Nacional de Danza, en tres momentos.

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