22 de junio de 2018 00:00

La festividad Hatun Puncha recrea espiritualidad andina

30 comunas indígenas de Cotacachi celebran este mes el Inti Raymi, que en esta localidad de Imbabura se le conoce como Día Grande y coincide con el solsticio. Foto: cortesía.

30 comunas indígenas de Cotacachi celebran este mes el Inti Raymi, que en esta localidad de Imbabura se le conoce como Día Grande y coincide con el solsticio. Foto: cortesía.

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José Luis Rosales
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Desde la casa de Pedro Andrade, el flautero mayor de la comunidad de Pilchibuela, saldrán los danzantes al ritmo alegre del instrumento.  A lo largo del recorrido se irán sumando otros comuneros que avanzarán rumbo al centro de la ciudad de Cotacachi, en Imbabura.

Ahí, realizarán mañana (23 de junio del 2018), en la víspera de la Fiesta del Sol, conocida en esta zona como Hatun Puncha (Día Grande, en español), la toma de la plaza.

El rito es el agradecimiento por las cosechas. Pero también es un ciclo para reforzar la identidad étnica, fortalecer los lazos de parentesco y propiciar la fecundidad, explica el libro ‘La Cosmovisión Andina de Cotacachi’, editado por la Universidad Técnica del Norte (UTN), este año.

Pero no son los únicos. Los vecinos de la parcialidad de Ashambuela también marcharán, zapateando, rumbo a la urbe. Estas dos comunas son las primeras de los 30 poblados kichwas que iniciarán mañana la celebración del Inti Raymi, que coincide con la fiesta Católica de San Juan.

El resto de comunas saldrá el domingo próximo. De acuerdo con la tradición, las parcialidades de la zona baja como La Calera, Pilchibuela y Ashambuela serán las primeras en ocupar la Plaza Matriz. Luego lo harán las de la zona alta, como Morochos, Cuicocha, Italqui. Según la cosmovisión andina, estos espacios territoriales están divididos en el Hanan (Arriba) y Urin (Bajo).

Es un simbolismo espiritual. La primera representa lo masculino y la otra lo femenino, explica Raúl Cevallos, catedrático de la UTN.

Varios cronistas de la Colonia indicaban que esta festividad era compulsiva, durante la época incásica. Esto por la rivalidad entre habitantes de las diferentes áreas geográficas.  “Los comuneros de Cotacachi ahora recrean esta oposición simbólica, marcada en el pensamiento andino, señala el investigador.

Esta vez, los dirigentes kichwas, conjuntamente con las autoridades de la Secretaría de Seguridad del cantón, llegaron a un acuerdo para evitar que existan enfrentamientos en esta práctica ancestral, como han ocurrido en otros años. Es por eso que los vecinos de la zona baja deberán ingresar al parque a las 11:00. Y, los de la alta una hora y media después.

Paralelamente, esta vez, cada comunidad nombró una comisión de cultura, que está integrada por mujeres, que velarán para que la celebración se desarrolle sin incidentes.

Los preparativos se iniciaron con dos meses de antelación. Se han realizado charlas en planteles educativos y comunas sobre el rescate del Hatun Puncha y la identidad cultural, explica Alfonso Morales, líder de la Unión de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Cotacachi (Unorcac).

El miércoles último, en la localidad de Morochos se hizo un acto especial para designar a los capitanes de los niños, que participarán hoy en un acto similar al que realizan sus padres y abuelos.

Como en los danzantes adultos, los capitanes son los responsables de dirigir en orden y en paz al grupo. Uno de ellos es Miguel Flores. Antier aconsejaban a los chicos cómo se debe bailar y comportarse durante el ritual andino.

Todos los danzantes, que zapatean con fuerza, durante el desarrollo de la fiesta son hombres. Lucen zamarro, una especie de pantalón de cuero, y chompas de tela de camuflaje.

Ese es uno de los cambios que han introducido los jóvenes. “Antes salíamos con nuestra propia ropa o disfrazados y no se permitía el uso de aciales”, recuerda Alberto Campo, dirigente del cabildo de Morochos.

A pesar de ello, el Hatun Puncha congrega, cada junio, a la mayoría de habitantes de cada localidad. A más de los danzantes están los acompañantes y los encargados de los alimentos, pues la fiesta dura cuatro días, explica Marco Orbes, de Pilchibuela.

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