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Estudiantes recuperan las vertientes por el Kollay Raymi

300 estudiantes participaron en la minga. Ellos también se autogestionaron para adquirir las plantas nativas. Foto: cortesía Bacilio Pomaina.

300 estudiantes participaron en la minga. Ellos también se autogestionaron para adquirir las plantas nativas. Foto: cortesía Bacilio Pomaina.

La siembra se realizó en los páramos de Colta. Unos 700 metros cuadrados se protegieron con plantas nativas. Foto: cortesía Bacilo Pomaina.

Tras casi ocho horas de trabajo, las vertientes y páramos de Colta quedaron protegidos con 2 400 plantas de yagual y retama. Los alumnos del programa de escolaridad inconclusa de la Dirección de Educación de Colta y Guamote participaron en mingas para proteger el agua como parte de los preparativos para la temporada del Kollay Raymi.

Los alumnos, que tienen entre 45 y 50 años y, en su mayoría, son oriundos de diversas comunidades indígenas, llegaron a los páramos con palas, azadones, rastrillos y centenares de plantas nativas que ellos mismos adquirieron.

“Lo hicimos por dos razones, la primera tiene que ver con el cuidado del medioambiente ahora que el clima está cambiando. La segunda es uno de nuestros objetivos como institución, recuperar los saberes ancestrales y la cultura”, dice Bacilio Pomaina, director del programa de escolaridad.

La siembra se hizo como preámbulo del inicio del Kollay Raymi. Según Pomaina, quien también es investigador cultural, en esa temporada el mundo andino celebra la preparación de la tierra para la siembra. Termina el tiempo de descanso de los terrenitos, dice, y colocaron nuevas semillas. Para celebrar este momento tan especial se decidió sembrar en los páramos.

La actividad se inició con una ceremonia ancestral. Los participantes trazaron un círculo en el suelo con frutas y flores, y en el centro colocaron algunas de las plantas que iban a sembrarse.

Durante el ritual, Pomaina, quien presidió la ceremonia, pidió permiso a la Pachamama y a los cuatro espíritus sagrados para iniciar la siembra. Además, recordó a los estudiantes la importancia de conservar la armonía y la conexión con la naturaleza y la vida que hay en ella.

“Nos recordaron que todo lo que forma parte de este planeta, las plantas del páramo, la tierra, el aire, el agua, todo lo que vemos alrededor tiene vida”, dice Ana María Tucumbi, una alumna.

300 estudiantes participaron en la minga. Ellos también se autogestionaron para adquirir las plantas nativas. Foto: cortesía Bacilio Pomaina.

A la minga por el Kollay Raymi llegaron unos 300 estudiantes del programa de escolaridad. Ellos estudian las materias básicas que no pudieron tomar en la escuela todas las tardes en los centros del Ministerio de Educación.

Pero además de las clases académicas, tienen una agenda de actividades especiales que se cumplen según el calendario andino. Ellos celebran las cuatro fiestas sagradas.

Un propósito adicional del programa educativo es el rescate cultural; por eso los 32 maestros que dictan las clases en los dos cantones también reciben capacitaciones sobre prácticas ancestrales andinas como la Pachamanka, una técnica culinaria indígena.

Los estudiantes ahora se preparan para disfrutar de la siguiente temporada del calendario andino: el Kapak Raymi.

En esa época del año las plantas que sembraron empiezan a nacer de los surcos y se miran las primeras hojas tiernas. Es un momento especial, se celebra la nueva vida, a los niños, y coincide con la fiesta cristiana que recuerda el nacimiento de Jesús, explica Pomaina.

Para celebrar el nacimiento de las nuevas plantas los alumnos participarán en varias ceremonias ancestrales en cada centro educativo. Además, regresarán al páramo de Colta para mirar el crecimiento de las plantas que sembraron en septiembre, al iniciar el Kollay Raymi.

Cada uno sembró entre cinco y 10 árboles cerca de las vertientes. Como parte de la agenda de la nueva festividad, ellos retirarán las malezas, aporcarán las plantas y colocarán guías para que los árboles continúen su crecimiento.

Los estudiantes y maestros protegieron con las plantas un área de 700 metros cuadrados que se considera sagrada.

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