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La ganadora del Oscar, Viola Davis, es la protagonista de ‘La mujer rey. Este filme de drama y acción llega este fin de semana a la cartelera nacional como una epopeya histórica.
El guion está firmado por Dana Stevens y dirigido por Gina Prince-Bythewood. El filme está inspirado en los hechos reales que sucedieron en el Reino de Dahomey.
Situado en la región costera de la actual república de Benín, Dahomey fue uno de los principales centros de trata de esclavos, en el siglo XVII. Era una época en la que las principales potencias europeas consolidaban su crecimiento y dominio territorial a través de colonias.
En África, el dominio territorial y el control sobre el comercio de esclavos también suscitaba continuas batallas entre reinos. En eso, Dahomey se distinguía por poseer un feroz ejército de mujeres guerreras.
La historia de esta inusual milicia africana tiene un potencial cinematográfico que resulta irresistible a Hollywood. También contribuye al ejercicio reflexivo sobre la reivindicación de raza y género en una industria que empieza a enmendar sus deudas históricas.
Bajo los estándares de la industria y la asertiva mirada de Prince-Bythewood, la historia de las ‘Amazonas de Dahomey’ se decanta como una gesta histórica de acción, drama y resonancia cultural.
El filme ambientado en 1823 se beneficia del trabajo de Viola Davis. La actriz fue nominada al Oscar por dramas como ‘La duda’, ‘Criadas y señoras’ o ‘La madre del blues’ y que se alzó con la estatuilla por ‘Fences’.
Ahora, a sus 57 años encara un personaje inédito en su trayectoria, pero con el mismo nivel de profundidad emocional de sus mejores papeles.
En ‘La mujer rey’, la oscarizada actriz le da vida a Nanisca la líder tribal de las Agojie, la unidad militar exclusivamente femenina de Dahomey.
La determinación y la ferocidad de su personaje quedan demostrados desde la secuencia de inicio. Al arrebato de un grito de guerra, conduce a su destacamento a una batalla sangrienta, sin tregua ni piedad, contra un grupo de invasores.
La fuerza y destreza de las Agojie evocan el contundente poderío de las Dora Milaje. Esta era la unidad de fuerzas especiales en ‘Black Panther’, pero sin los superpoderes del caso.
La comparación es inevitable y no es mera coincidencia, pues las guerreras de Wakanda están inspiradas en las ‘Amazonas de Dahomey’. El punto de conexión en ambos casos es la reverencia por la cultura africana.
La primera mitad del filme está dedicada a revelar los detalles sobre la formación de esta milicia femenina. Sigue desde el reclutamiento y entrenamiento hasta la iniciación de una nueva generación de guerreras Nagojie.
En las filas de las Nagojie hay prisioneras de otras tribus conquistadas, mujeres condenadas por diferentes delitos y huérfanas o expulsadas de sus familias.
Este último es el caso de Nawi (Thuso Mbedu), una adolescente enviada a las Nagojie por resistirse a un matrimonio forzado.
El carácter impulsivo e irreverente de Nawi hace que entienda el deber de una guerrera. Al mismo tiempo cuestiona la autoridad de Nanisca, así como ciertos códigos y políticas del sistema al que ahora le debe su lealtad.
Nanisca libra sus propias batallas internas. Bajo la influencia de Nawi, en representación de una nueva generación de mujeres guerreras, también se cuestiona sobre el futuro de su pueblo. Dahomey participa del comercio de esclavos como forma de subsistencia.
De allí surge el dilema de seguir contribuyendo al esclavismo de sus coterráneos o buscar otras alternativas de autonomía y sustento. Esto, sin embargo, significaría abrir un frente de batalla contra el vecino reino de Oyo.
El pueblo y las Nagojie respetan a Nanisca como líder, mientras que el rey Ghezo (John Boyega) analiza con cautela y cierta desconfianza sus intenciones.
Alrededor de las protagonistas orbitan otros personajes interesantes como Izogie (Lashana Lynch), entrenadora y consejera de Nawi o Amenza (Sheila Atim), confidente de Nanisca.
Las historias individuales se van fundiendo en un espíritu de cuerpo femenino que se construye en rigurosos entrenamientos, pero también entre altercados internos y muestras de solidaridad, con el respaldo musical de Terence Blanchard.
El proceso deja ver el cuidado puesto en el diseño de producción que recrea las formas del siglo XIX, así como el vestuario y el detalle de las armas de la armada femenina y sus adversarios.
La acción es más intensa en la segunda mitad del filme a medida que va tomando partido entre el esclavismo o la abolición, entre la fuerza como método de dominio o camino a la independencia.
La inspiración histórica se toma sus licencias creativas y las habilidades tácticas, así como las escenas de combate están de cierta manera inclinadas hacia la fantasía, en favor del espectáculo visual.
El realismo no alcanza las cotas brutales de cintas como ‘Amistad’ o ’12 años de esclavitud’, pero la emotiva narración y la reflexión histórica y social permanecen intactos.
