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Enrique Tábara, el maestro que siempre se reinventó

En noviembre del 2016, el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) y el Museo Municipal de Guayaquil rindieron un homenaje al artista. Foto: Archivo / EL COMERCIO

En noviembre del 2016, el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) y el Museo Municipal de Guayaquil rindieron un homenaje al artista. Foto: Archivo / EL COMERCIO

En noviembre del 2016, el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) y el Museo Municipal de Guayaquil rindieron un homenaje al artista. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Enrique Tábara falleció el lunes, a los 90 años. El pintor guayaquileño deja un legado que ha tenido eco en varias generaciones de artistas ecuatorianos; y una obra que entró en diálogo con pintores de la vanguardia europea de los años sesenta del siglo pasado.

Una de las improntas de Tábara fue su capacidad de reinvención. Comenzó pintando obras relacionadas al realismo social de estilo expresionista, en el que aparecían personajes marginados de Guayaquil. Luego exploró la abstracción geométrica, el informalismo de inspiración precolombina y el surrealismo.

Una de sus series más famosas lleva por nombre ‘Pata Pata’. Los pies, piernas y botas comenzaron a marcar su quehacer artístico a partir de 1967. El primero de esos trabajos lo realizó en Nueva York. El pintor Miguel Betancourt explica que esta serie se convirtió en el mejor pretexto que tuvo Tábara para explorar y mostrar al mundo la magia y la poética del mundo tropical.

La beca que recibió del Gobierno ecuatoriano para viajar a España, en 1955, marcó un quiebre en su producción artística. Tábara, que admiraba la obra de Vasili Kandinsky, tuvo la oportunidad de conocer a artistas como Joan Miró, Antoni Tápies y Joan Brossa, que era el líder del grupo de intelectuales de Barcelona, ciudad en la que vivió.

Tábara mantuvo una relación estrecha con los vanguardistas de España. En 1960 participó en una muestra, en París, en homenaje al surrealismo, invitado por André Breton.

A criterio de Lenín Oña, Tábara fue uno de los pintores más importantes del siglo XX en Ecuador. Este crítico de arte destaca el talento que tuvo para mezclar los diseños precolombinos con un lenguaje actual y abstracto.

Asimismo, sostiene que uno de sus grandes aportes fue su capacidad de no encerrarse en un solo estilo y en una sola manera de ser como artista. Recuerda que este espíritu de libertad lo llevó, en las últimas décadas, a incorporar a su obra elementos como los insectos.

Katya Cazar, directora ejecutiva de la Bienal de Cuenca, sostiene que también es importante destacar que, más allá de su propia obra, Enrique Tábara tuvo apertura para valorar la riqueza de los nuevos lenguajes artísticos.

En la última entrevista que concedió a este Diario, en el 2018, Tábara reivindicó el papel que cumple el artista en la sociedad. “Creo que no se puede negar lo que uno es. Los artistas e intelectuales siempre tenemos que prestar atención a lo que sucede, sobre todo, con temas como el racismo y la desigualdad”, dijo.

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