12 de February de 2011 00:00

Ni fueron felices ni comieron perdices

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Tres acercamientos al amor fallido, en la obra poética de Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño y Emily Dickinson. Los desencantos en la dimensión de la palabra escrita. Lea más de su trabajo literario en nuestro sitio web.

El sobrio terror de los amores imposibles

Alejandra Pizarnik

El lugar común obligaría a decir de Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936- 1972) que fue una poeta depresiva que terminó suicidándose. Se suicidó, es cierto; también sufría depresiones horrendas; y claro que era poeta, una de las mejores. Pero también era, por ejemplo, muy amiga de Julio Cortázar, con quien compartió París; ella misma un poco cronopio. Y, a criterio de Babelia (el suplemento literario de diario El País, desde 1991), su poesía marcó el paso hacia el nuevo milenio.

De la poesía de Pizarnik, Octavio Paz creía que era “una cristalización verbal por la amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas”. Y es que sus poemas, los que hablan del amor sobre todo, llegan a doler, pero con un dolor sereno, sin aspavientos ni melodrama; un dolor seco, silencioso, corrosivo...

Amor y terror: dos constantes en la poética de esta mujer que apenas vivió 36 años. Un amor que se desborda en su imposibilidad (los imposibles son su especialidad) y que quizá por eso mismo la aterra, pero con un terror sobrio. El terror que produce el atestiguamiento de la propia desmembración en el intento inútil de ser con y por otro...

A Pizarnik, el amor le fue concedido de una forma rara, fea... y ella lo convirtió en poesía.

 Voy cayendo

1

el vino es como un llanto

desolado que humedece mi

juventud frente a tus besos

que otra deglute.

el vino es el elixir que pulveriza los pestilentes deseos de mi cuerpo que aletea gimiendo frente a tu efigie de sombra amodorrada.

2

el vino se aclara mezclado a mis lágrimas tan mudas.

tu rostro de gitano enharinado aparece en cada burbuja.

mi garganta es un archipiélago maldito. mi sien la tapa de un pozo inmundo.

desearte amor y enfrentar tu altura con cursis angustias.

Papeles arrugados, el fin de una relación

Idea Vilariño

Gris, como solo Uruguay es gris, es la poesía de Idea Vilariño (1920-2009). Sus ‘Poemas de amor’ se corresponden a un nombre y apellido: Juan Carlos Onetti. Acaso por ello es también gris la palabra de la poeta.

Los años 50. En los círculos intelectuales de entonces, en los cafés de entonces, ambos se miraron, se enamoraron... relación explosiva, con rupturas y reconciliaciones. Desencantados e incompletos, no llegaron a entenderse sino en el deseo.

Dejando otros amores, Vilariño acudía al abrazo del escritor, este se daba la vuelta y leía un libro. “Al día siguiente -contó la poeta- le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos una bestia. Y me fui”.

Luego sería él quien se marchó, dejando los poemas de amor de Vilariño arrugados al pie de la cama.

Textos íntimos e intensos, siempre llenos de angustia, armaron el resto de la obra de Vilariño, una creación que rehusaba publicar ante el pedido de los editores. También tradujo las tragedias de Shakespeare.

En una entrevista, Onetti le dice a la periodista: “...nunca sentí que estuvo (enamorada). Yo creo que lo suyo es algo muy cerebral, intelectual”.

– “¿Nada más?”

– “También cama”, cierra el escritor uruguayo. Y su libro ‘Los adioses’ es de ella, de Vilariño. 

Carta II

Estás lejos y al sur

allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla

apoyado en la mesa del café

de tu cuarto

tirado en una cama

la tuya o la de alguien

que quisiera borrar

-estoy pensando en ti no en quienes buscan a tu lado

lo mismo que yo quiero-. (...)

Pero en algún momento

me volveré a este cuarto

me tiraré en la cama

y entonces tu recuerdo

qué digo

mi deseo de verte

que me mires

tu presencia de hombre que me falta en la vida ...

Una soledad severa, llena de añoranzas

Emily Dickinson

Solitaria y nostálgica, educada estrictamente en la vida puritana, la poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886) mantuvo hasta su muerte la voluntad de que sus escritos no fuesen publicados.

Con pocos visos sobre su vida privada, los textos poéticos de Dickinson dejan entrever amor y pasiones intensas, que no llegaron a concretarse, pues existieron solamente desde la admiración o la añoranza.

El sujeto de sus escritos podría corresponderse a dos hombres que dejaron fuerte impresión en la joven poeta y con quienes no pudo mantener una relación más íntima.Ambos serían también guías y mentores literarios y espirituales de la poeta.

El primero, Benjamin Franklin Newton, trabajaba para su padre, mas nunca fue de su agrado. A este, Dickinson se referiría, en cartas, como su “hermoso amigo”. El segundo fue el reverendo Charles Wasdworth, tras cuya muerte la poeta escribiría: “Él fue el átomo a quien preferí entre toda la arcilla de que están hechos los hombres; él era una oscura joya, nacida de las aguas tormentosas y extraviada en alguna cresta baja”.

Alejada de ambos y con sus emociones destrozadas, optó por la reclusión voluntaria. La soledad marco sus años finales...

 Él era débil y yo era fuerte.

Él era débil y yo era fuerte,

después él dejó que yo le hiciera pasar

y entonces yo era débil y él era fuerte,

y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,

tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,

no había ruido, él no dijo nada,

y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,

ahora ninguno de los dos era más fuerte,

él luchó, yo también luché,

¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

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