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El 3 de noviembre de 1820, Cuenca gritó libertad. Ese día, la ciudad se levantó con fuerza y esperanza para escribir una de las páginas más valientes de la historia ecuatoriana.
Inspirada por el ejemplo de Guayaquil, la gesta marcó el inicio de una lucha que definió su destino.
La Independencia de Cuenca, que este año se conmemoran 205 años, no fue un hecho aislado. Fue el resultado de años de descontento, de ideas que se filtraban entre escritos anónimos y conversaciones secretas.
Según Go Raymi, desde 1795 los cuencanos ya soñaban con romper las cadenas del dominio español.
Aquel 3 de noviembre, nueve patriotas armados de valor y liderados por el capitán Tomás Ordóñez tomaron la plaza central.
Ordóñez, herido en combate, continuó animando a la multitud que coreaba por la libertad.
Con él estaban José María Vázquez de Noboa, José Peñafiel y el sacerdote Juan María Ormaza, cuyas palabras encendieron el corazón de los cuencanos.
La población se unió en una sola voz. Desde El Vecino hasta San Sebastián, las calles vibraron con el júbilo de un pueblo que había decidido no rendirse.
Irfeyal recuerda que incluso mujeres como Margarita Torres, madre de Ordóñez, participaron en aquella causa que combinó fe, coraje y organización.
@elviejojeff La independencia de #cuenca_ecuador ♬ sonido original – Jefferson Castillo
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El triunfo fue breve pero glorioso. El 4 de noviembre llegaron refuerzos desde Chuquipata, comandados por el sacerdote Javier Loyola, y se consolidó la victoria en Verdeloma.
Nació así la República de Cuenca, con su propia Constitución aprobada el 15 de noviembre de 1820.
Pero el sueño duró poco. El 20 de diciembre, las tropas españolas retomaron la ciudad.
Hoy, Cuenca celebra más que una fecha. Celebra su espíritu. Su himno proclama: “Sin trabajo y virtud, no hay honor”.
Esa frase, citada por Irfeyal, resume el temple de un pueblo que levantó su historia con esfuerzo y civismo.
De arquitectura invaluable y geografía prodigiosa, la ciudad fue reconocida por la Unesco en 1999 como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Cada noviembre, la Independencia de Cuenca recuerda que la libertad no fue un regalo, sino una conquista construida con valor, unión y memoria.
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