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Christoph Baumann: ‘Si no tienes un grado de humor, te hundes nomás’

Christoph Baumann Llegó de Alemania, donde ya hacía teatro, a Ecuador hace 37 años. Foto: Santiago Estrella / EL COMERCIO

Es imposible no darse cuenta que por ahí está el actor alemán, radicado 37 años en el país, Christoph Baumann. Es uno de los más reconocidos en el Ecuador y que ha desarrollado el humor en teatro y televisión.

Ha trabajado el humor y como factor disruptivo, el alemán gigantesco… ¿Es algo que descubrió aquí o ya se daba en Alemania?

Más aquí. O sea, el humor es una línea que viene de mi padre, que en las situaciones más nefastas podía hacer un chiste. No se tomaba demasiado en serio y tampoco al resto. Es un arma invalorable para defenderte de la vida, porque en vez de deprimirte, te distancias un poco y tratas de ver desde una óptica no tan seria sobre todo lo que sucede. Claramente yo heredé eso y mi hijo Gabriel, el músico, también.

¿Qué sería el humor?

Filosóficamente, cuando te ríes de algo, todavía estás en la capacidad de razonar lo que has visto. Esto defendía Brecht, porque tiene siempre un cierto distanciamiento de la realidad. La ves, la observas, te ríes de ella, la pones en un plato y dices: mira esta situación y la expones al razonamiento. En la tragedia es difícil. Me gusta la tragedia, pero la tragedia está en todo lado. Más me gusta lo tragicómico.

Hay varios tipos de humor.

No soy humorista como el ‘Mosquito’ Mosquera, que se sabe miles de chistes. Él elabora todo y tiene una memoria absoluta. Lo mío es un sentido del humor sobre la vida que nos pasa, pero no sé nada de chistes. Me los olvido en seguida. Sin embargo, no me olvido de las situaciones cómicas, que las uso en mi trabajo.

¿Es tomar todo de la vida para generar una creación?

En la vena artística todo es creación. Esta entrevista es una creación entre dos personas. En la relación con la familia, en la obra de teatro, en un ambiente humano, estamos creando. Y no denigrarnos, a pesar de que hay obstáculos para hacer teatro…

Y, además, la burla es algo absolutamente importante desde los mismos griegos.

He trabajado con gente muy diferente. En los 90, con Peky Andino era ver al Ecuador, durante el gobierno de Abdalá Bucaram, como ‘Absurdistán’. Con Pablo Aguirre y con Alfredo Espinosa hicimos unos programas ‘Tocando fondo’. El título lo dice todo: era la época de Rafael Correa y Lenín Moreno. Era humor político. Alfredo es bien intelectual; lee mucho, sabe mucho y conoce a los políticos. Es un humor que va directo a la cara. No hay tapujos. Depende de con quién te juntas. Pero sí estoy de acuerdo en que el humor televisivo es como denigrante. La televisión por su propio medio necesita hacer algo más burdo aún para atraer. Yo no creo eso; se pueden hacer cosas finas.

¿Y en el teatro?

Eso es diferente. Estoy de acuerdo con Juana Guarderas en que nos hemos acostumbrado a que todo tiene que ser cómico para el público. El humor en el teatro es una reflexión sobre la realidad en un medio imaginario. No es la realidad, puede ser una distorsión de la realidad, pero nos hace reflexionar sobre lo que estamos viendo y viviendo. Es chévere una comedia. Cuando hicimos ‘Ladies Night’…

No es un título atractivo.

Pero fue una magnífica reflexión. Alfredo hizo la adaptación a Ecuador. Son seis hombres desocupados que creen que bailando ‘striptease’ van a ganar billete. Pero ese no es el tema, sino sacar a los hombres de su pedestal porque todos son machistas. La bailarina que los entrena se encuentra con 10 000 taras de estos hombres que parecen vivir en cuevas. Sí es full comedia, pero también hay mitos masculinos que hacían reflexionar.

¿Cree que tenemos miedo a hacer el ridículo y a reírnos de nosotros mismos?

Estoy en contacto con artistas de diferentes áreas. Pero con los actores hay un sentido del humor enorme porque todos vivimos en un medio totalmente adverso para nuestra actividad. Si no tienes un grado de humor te hundes nomás porque todo el tiempo hay catástrofes. Al inicio de la pandemia, el Ministerio de Cultura ofreció USD 60 mensuales durante tres meses como alivio. ¿Qué vas a decir? Más allá del absurdo, es una ofensa. En las reuniones que teníamos nos matábamos de la risa porque parecíamos ya pordioseros. La gente más resiliente que conozco en este país son los teatreros. A pesar de que les quitan todo, les quitan el escenario y les tratan mal, todavía creen en su pasión. Y muchos lo hacemos con sentido del humor: a pesar de lo peor que me puede pasar, vivo y reivindico mi derecho a vivir de mi pasión, de hacer lo que quiero a pesar de todo.

¿Qué es la pasión?

Hay este dicho que es medio terrible: no vives del teatro; vives para el teatro. No me gusta mucho porque involucra que estás tan apasionado que sacrificas muchas cosas por él. Sacrificas el estar económicamente más estable. La inestabilidad es como una condición del teatro ecuatoriano. Hay procesos sólidos de grupos, pero siempre hay un lado ambulante, de desequilibrio y de pronto se derrumban los castillos imaginarios, lo cual, para el artista no es una mala condición porque no se establece demasiado en lo que ha tenido éxito solamente.

¡Toca reinventarse!

La gente dice “oh, te has reinventado” porque estás haciendo teatro online, pero no es ahora que me reinvento: ¡es de toda la vida! La vida del artista es una constante reinvención de su condición, su forma de trabajar, de su relación con esa sociedad. Está reflexionando, transformando, lo que en un momento cree y ve para que ustedes confronten. Y de pronto, tres años después muere tu padre, y de pronto vas para adentro y dices no, ahora no hablo con la sociedad, hablo de lo que me pasa a mí. Entro en eso de qué es perder un padre y todo lo que sucede a partir de un hecho de esa magnitud. Y escribo mi primera obra. La presento solo 20 veces. Podrías decir que es un proceso de reinventarse porque es un reconocerse, entrar más adentro, ver quién soy yo frente a esto y si toco las vibras más profundas del público que se reconoce en lo que hago, mejor.

Trayectoria

Llegó de Alemania, donde ya hacía teatro, a Ecuador hace 37 años, siguiendo a quien ahora es su esposa: Támara Navas. “El amor se convirtió en una dulce trampa”, afirma, porque terminó quedándose en un país en donde se hizo de un público.