22 de diciembre de 2019 00:00

Bajo crecimiento, el peor lado de la guerra comercial

Donald Trump y Xi Jinping son los protagonistas de un conflicto comercial que empezó en marzo del 2018.

Donald Trump y Xi Jinping son los protagonistas de un conflicto comercial que empezó en marzo del 2018.

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César Augusto Sosa

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Aunque los recientes anuncios apuntan a que el próximo mes se podría alcanzar un acuerdo entre EE.UU. y China, el 2019 quedará marcado como el año que mostró el peor lado de la guerra comercial entre ambas potencias. Y eso se reflejará en el bajo desempeño de la economía mundial.

El aumento de aranceles que comenzaron a aplicar EE.UU. y China desde marzo del 2018 fue escalando en los meses siguientes, ocasionando una reacción en cadena en otras regiones del planeta. Los países empezaron a aplicar medidas proteccionistas, cuyo principal efecto fue la reducción de los flujos comerciales, además de generar alteraciones en las cotizaciones de las monedas, una reorientación de las inversiones y caídas frecuentes en las bolsas de valores. Todo eso terminó frenando el crecimiento de la economía global.

Al hacer un balance del comercio mundial en el presente año, Roberto Azevedo, director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), señaló la semana pasada que las restricciones impuestas por los países miembros de la OMC al comercio han alcanzado niveles históricos.

Esas medidas frenaron las importaciones por un monto que asciende a USD 747 000 millones, la cifra más alta en los últimos siete años. “Los niveles excepcionalmente altos de medidas restrictivas del comercio están dañando el crecimiento, la creación de empleo y el poder adquisitivo en todo el mundo”, señaló Azevedo.

Esa declaración se desprende del estudio realizado por la OMC sobre el comercio mundial entre octubre del 2018 y el mismo mes del presente año, donde además se destaca que el crecimiento del comercio se paralizó el último año.

El informe muestra que los países miembros adoptaron 102 nuevas medidas restrictivas del comercio, entre ellas, incrementos arancelarios, restricciones cuantitativas y procedimientos aduaneros más estrictos, así como impuestos a la importación y derechos de exportación. Las nuevas restricciones a la importación se orientaron principalmente a combustibles y aceites minerales; máquinas, aparatos y artefactos mecánicos; máquinas y aparatos eléctricos, así como a metales preciosos.

La escalada de las tensiones comerciales y la desaceleración de la economía mundial llevaron a los economistas de la OMC a revisar considerablemente a la baja sus previsiones de crecimiento del comercio para este y el próximo año. Actualmente se prevé un crecimiento del volumen del comercio mundial de mercancías de tan solo un 1,2% en el 2019, una cifra considerablemente inferior a la tasa de crecimiento del 2,6% pronosticada en abril.

El comercio tiene un impacto directo en el desempeño de la economía global, por lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) también redujo sus proyecciones de crecimiento para este año, precisamente por la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

En su reciente informe sobre la economía mundial, presentado en octubre pasado, el FMI señaló queel ritmo de la actividad económica mundial continúa débil. “En particular, el ímpetu de la actividad manufacturera se ha debilitado sustancialmente y ha tocado niveles no vistos desde la crisis financiera mundial”.

En términos más generales, las crecientes tensiones comerciales y geopolíticas han agudizado la incertidumbre que rodea el futuro del sistema de comercio mundial y la cooperación internacional, perjudicando la confianza de las empresas, las decisiones de inversión y el comercio internacional.

Para el 2019, el FMI prevé un crecimiento mundial de 3%, que representa el nivel más bajo desde la crisis financiera internacional del 2008–2009.

En la actualidad, la pregunta que ronda en el mercado es si la guerra comercial llegará a su fin tras las declaraciones realizadas por el presidente estadounidense Donald Trump.

El Mandatario anunció hace una semana que se había cerrado la “fase uno” de un acuerdo con China, que incluye la retirada parcial de aranceles y el aumento de las compras chinas de productos estadounidenses.

El viernes pasado añadió que tras una conversación con su homólogo chino Xi Jinping, ese acuerdo va por buen camino. “China ya ha empezado las compras a gran escala de productos agrícolas y más. La firma formal (de un acuerdo) se está preparando”. Según el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, esa firma se prevé para inicios de enero próximo.

El presidente chino Xi Jinping se limitó a señalar que el acuerdo con Washington se alcanzó sobre la base del principio de igualdad y respeto mutuo, pero no se refirió a una posible resolución de la guerra comercial, tal vez porque la “fase dos” del acuerdo es la más importante y tomaría más tiempo, lo cual significaría prolongar el conflicto.

Según expertos, esta segunda fase podría centrarse en problemas relacionados con la política industrial y el desarrollo tecnológico de China, que quiere ganar la batalla por la supremacía tecnológica, lo que le permitiría destronar a EE.UU. como potencia global.

Los temas para la “fase dos” del acuerdo serán más complicados, por lo que Steven Mnuchin señaló que “tal vez haya una fase dos A, una dos B y una dos C. Ya veremos”.

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