27 de enero de 2020 00:00

Comida agroecológica y tradicional se ofrece en un sitio de Cuenca

Rosa Quinde es productora y forma parte de la Red Agroecológica del Austro. Foto: Cortesía/ La chichería de pukushka

Rosa Quinde es productora y forma parte de la Red Agroecológica del Austro. Foto: Cortesía/ La chichería de pukushka

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Evelin Caiza
Contenido Intercultural

La cocina va mucho más allá del espacio físico o de la mesa en donde se preparan los alimentos. Son las manos de los campesinos, el agua que regó la planta, los insectos que polinizan, el fuego que cuece todo, entre otros, según comenta Tatiana Rodríguez, de la Chichería de Pukushka.

Este punto de encuentro gastronómico y cultural ubicado en Cuenca busca juntar todas las manos y la energía que intervienen en el proceso alimentario, mediante sus preparaciones de cocina tradicional fusionada con nuevos sabores.

Este proceso se inició cuando Rodríguez terminó su formación en Gastronomía y sintió “un vacío grande en cuanto a la cocina ecuatoriana”. Tras ello decidió estudiar Agropecuaria en la Universidad Indígena Jatun Yachay Wasi, ubicada en Colta, Chimborazo.

Con el paso del tiempo, la gastrónoma se vinculó con organizaciones campesinas, productoras e indígenas para trabajar con artículos soberanos y realizar proyectos de investigación, como De los sabores, saberes y el sentir, Memorias culinarias de la zona rural del Tungurahua, Saberes y sabores del Inti y del Killa Raymi, entre otros similares.

Dichos proyectos tienen el objetivo de rememorar, proteger y reivindicar los saberes, técnicas y tecnologías culinarias ancestrales de Ecuador, sostiene Rodríguez.

La Chichería, además, forma parte de un proyecto denominado Pukushka, que es impulsado por la Red Agroecológica del Austro. Esta red la conforman 26 organizaciones campesinas de Azuay, Morona Santiago y Cañar.

Los servicios que se ofrecen en el lugar son talleres como cata de chicha, feria agroecológica, domingos en leña, catering andino, entre otros.

Además, los miércoles, de 07:30 a 10:00, el consumidor puede tener contacto directo con los productores de la ­región y adquirir, por un “precio justo”, alimentos frescos, sanos y libres de cualquier químico.

“Las huertas agroecológicas urbanas, rurales, familiares, colectivas, grandes y pequeñas son actos de resistencia, son un legado y son vida. Creemos en estos espacios como pasos de construcción al consumo consciente y como vínculo con nuestras raíces”, concluye Rodríguez.

El proyecto, que cumplió un año, busca “no convertirse en una moda”, sino conectar con procesos educativos, culturales, ambientales y otros.

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