9 de marzo de 2020 00:00

El arte contemporáneo, sin impulso en colecciones

La obra Data personal corrompida, de Pamela Pazmiño, está en préstamo en la Embajada de Brasil desde el 2015.

La obra Data personal corrompida, de Pamela Pazmiño, está en préstamo en la Embajada de Brasil desde el 2015. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactora (I)

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A mediados de febrero del 2020, la obra Acuérdate de mí, de Karla Torres, pasó a ser parte de la colección de arte contemporáneo ecuatoriano de la Embajada de Brasil en Quito. La piezaganó el Premio Adquisición de la IV edición del Premio Brasil de Arte Emergente, creado en el 2013.

Con esta obra, un bordado hecho en servilleta para envolver tortillas de maíz, con cabello encontrado en los lavabos de un internado para chicas, en México, suman cuatro las piezas que ahora forman parte de esta novel colección.

Las otras obras son Las no completamente buenas, de María Gabriela Chérrez, Errare humanum est, de Gary Vera, y Data personal corrompida, de Pamela Pazmiño, una pieza que está en préstamo en la Embajada desde el 2015.

La colección que está armando la Embajada de Brasil es una de las pocas que existen en la ciudad destinadas al arte contemporáneo ecuatoriano manejada por una institución. A esta se suma la que hay en la reserva del Ministerio de Cultura y la del Museo Mena Caamaño, que es parte del Centro Cultural Metropolitano. En este espacio se guardan varias de las obras que han ganado el Premio Mariano Aguilera.

Para Belén Santillán, excoordinadora del Centro de Arte Contemporáneo, el coleccionismo de obras actuales por parte de instituciones públicas es necesario, sobre todo por una razón: el impulso al trabajo que necesitan los artistas emergentes y jóvenes.

Una de las alternativas que plantea frente a este incipiente coleccionismo institucional es que, al menos, una de las obras del Premio Nuevo Mariano sea adquirida para ser parte de la reserva de algún museo público de la ciudad.

A criterio de Gabriela Moyano, dueña de la galería +Arte, la importancia de que las instituciones públicas coleccionen arte contemporáneo también radica en que así se puede ayudar a sostener el sistema del mercado de arte y las redes de arte contemporáneo.

Por su parte, María del Carmen Oleas, académica e investigadora independiente, cree que para impulsar este tipo de colecciones, uno de los caminos podría ser la creación de políticas públicas. Sin embargo, dice que más importante es la creación de públicos. “A partir de la creación de públicos se puede crear interés. Después, el coleccionismo viene por añadidura y no solo del sector público sino del privado, que es el que realmente mueve el mercado”, dice.

Otra alternativa que plantea Oleas es la creación de colecciones por parte de las universidades. “Recordemos que el arte contemporáneo no solo lo hacen los artistas emergentes, sino la gente con trayectoria”.

João Almino, embajador de Brasil en Quito, cuenta que la colección que está construyendo la Embajada sirve para ver los nuevos caminos y la evolución de los artistas ecuatorianos, así como para generar un diálogo entre el arte que se hace en Brasil y el que se hace en Ecuador. “El arte contemporáneo que se crea acá -añade- dialoga perfectamente con las grandes tendencias que hay en el mundo”.

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