1 de octubre de 2019 15:16

El amor y dolor materno detrás del primer Museo de la Memoria en Nicaragua

El Museo de la Memoria cuenta historias de las víctimas que fallecieron en las protestas en contra de Daniel Ortega.Foto: Twitter

El Museo de la Memoria cuenta historias de las víctimas que fallecieron en las protestas en contra de Daniel Ortega, en Nicaragua.Foto: Twitter

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Agencia EFE

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Setenta fotografías en blanco y negro cuelgan de un hilo transparente que con los rayos del sol brillan como lágrimas, cada una tiene la imagen de un joven fallecido en protestas contra el presidente Daniel Ortega, quien sin embargo calificó las muertes como "una gran mentira".

Son al menos 328 víctimas en casi un año y medio, pero fueron 70 integrantes de la Asociación Madres de Abril (AMA) las que tuvieron el valor de desengavetar sus pertenencias, para exponerlas en el primer 'Museo de la Memoria: AMA y no olvida'.

Ubicado en la sede del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, en el centro de Managua, el museo expone los calcetines de un mes de nacido de Hamer García, el carrito rojo con el que jugaba Michael Cruz, la pelota de béisbol del último juego de Franco Valdivia, y la bata blanca con la que Daniel Reyes atendía mascotas.

Son cientos de pertenencias las que quedaron sin sus dueños: ositos de peluche, libros, trompetas, zapatos, dobok, mochilas, trofeos, balones o camisas, cubiertos ahora por la ausencia, y con el relato georreferenciado de cada caso en el museo, que incluye entrevistas en medios audiovisuales.

Pero el Gobierno insiste en calificar a las víctimas como "delincuentes comunes", a pesar de que muchos de esos jóvenes eran estudiantes con excelencia académica, trabajadores dedicados, deportistas exitosos o campesinos conocidos por su honradez.

De ahí que el museo tenga como objetivo "dignificar y honrar la memoria de nuestros familiares asesinados, y a la vez contrarrestar la narrativa oficial por parte del Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo", dice a Efe Francis Valdivia, hermana del beisbolista.

Frente a la bata blanca está Cándido Reyes, papá del aspirante a veterinario fallecido al recibir el disparo de un supuesto francotirador el 30 de mayo de 2018. "Nosotros no la sacamos en todo este tiempo, hasta el día que la entregamos aquí para ponerla en el museo. Es realmente duro esto", sostiene, en entrevista con Efe.

El dolor del padre no significa debilidad, Reyes afirma que la memoria histórica es "importante para todo ser humano defender sus derechos, sus principios (...) porque no ayuda en nada al ser humano sólo estar diciendo chí cheñol (sí señor)".


"Se me vienen muchos recuerdos, muchos sentimientos encontrados", dice a Efe Eva Ruth Campos, madre de José Manuel Narváez, un amante de los tatuajes que se llevó consigo uno con el nombre de su mamá, y ésta en retribución se tatuó el de su hijo, junto con un lazo negro y un corazón.

Para algunas madres, el museo es fuente de tranquilidad, como le ocurre a Elizabeth Velásquez, mamá del estudiante y deportista Josué Mojica.

"Me siento muy bien porque así nuestros hijos nunca van a ser olvidados, Josué está en mi corazón, donde quiera que yo ande él siempre está conmigo, y cada una de las madres así lo sentimos", sostiene a Efe Velásquez, quien lloró al volver a ver la medalla de plata de tae kwon do que su hijo ganó tras su primer torneo nacional en 2017, ajeno a lo que le ocurriría un año después.

"No están con nosotros, pero espiritualmente en nuestros corazones siempre están presentes. Aquí estamos las madres exigiendo verdad, justicia, reparación y no repetición", reitera a Efe Susana López, conocida porque en el sepelio de su hijo, el universitario Gerald Vásquez, vistió de huipil y bailó folclor, con rabia y dolor.

M
argarita Mendoza, madre de Javier Munguía, insiste en que las víctimas "no eran delincuentes, que eran jóvenes, muchos trabajadores, personas pensantes, que querían una Nicaragua libre (...), que el mundo sepa que ellos existen aún, que si sus cuerpos no están, están sus recuerdos, que eran seres humanos, seres amados".

Por ser un primer paso, el museo será desinstalado a fines de octubre y volverá a abrir sus puertas con recuerdos de otras víctimas en una fecha todavía no definida.

AMA cree que mantener la memoria histórica colectiva ayudará a que Nicaragua no vuelva a vivir violencia por razones políticas, una experiencia que los nicarag enses no pensaron repetir tras la caída del dictador Anastasio Somoza Debayle, en 1979, cuando Ortega gobernó Nicaragua por primera vez.

En una esquina, al fondo, se encuentra la patineta de Alvarito Conrado, el adolescente que murió en abril de 2018 porque varios hospitales le negaron la atención médica tras recibir el disparo de un supuesto francotirador en la garganta, su padre del mismo nombre nunca se aleja mucho del lugar.

Álvaro Conrado sonríe al escuchar una pregunta sobre "el niño". "El niño, para uno siempre van a ser niños", comenta, frente a las fotografías en blanco y negro que cuelgan de un hilo transparente, y que con los rayos del sol brillan como lágrimas.

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