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Altos índices de obesidad, otro azote de la pandemia

Comer alimentos procesados y con altos niveles de azúcares y grasas ocasiona problemas de salud. Foto: Pixabay

Para Alexandra Martínez, de 33 años, jugar con sus dos hijos cada vez le resulta más complicado. Le duelen las rodillas, la columna y se agita con facilidad. Recuerda que desde que empezó la pandemia de covid-19 en 2020 y obligó al cierre de las oficinas durante la cuarentena, miles de personas de los sectores público y privado debieron transformar su hogar en su sitio de trabajo.

Las ventajas, al parecer, eran muchas, como minimizar el riesgo de contagio, no invertir tiempo en desplazamientos, así como la posibilidad de conciliar la vida laboral con la familiar. Sin embargo, luego de dos años se descubrió que esas facilidades también le pasarían factura a su salud. Su cuerpo cambió; la ropa que antes utilizaba para trabajar terminó en un rincón.

En el confinamiento y teletrabajo, los almuerzos saludables fueron reemplazados por comida chatarra. En su mesa no faltaban las alitas BBQ, la pizza o la primera oferta tentadora que las aplicaciones de comida rápida ofrecían.

Así como Alexandra, muchas personas están sufriendo los estragos en su salud a causa de la vida sedentaria por la pandemia. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), seis de cada 10 adultos ecuatorianos tienen exceso de peso o son obesos y se prevé que hasta 2030 el número de fallecidos por estas condiciones ascenderá a
35 671, por año, en el país.

Gabriela Oviedo, coordinadora de Nutrición de la Secretaría de Salud, explicó que la obesidad es multicausal y está asociada a otros tipos de trastornos metabólicos, hormonales y mentales. El Índice de Masa Corporal (IMC) influye bastante para evaluar a la persona y clasificar el estado nutricional en el que se encuentra. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la obesidad como un IMC igual o mayor a 30.

En la pandemia se evidenciaron cambios en los hábitos de consumo alimenticio de la población. La elección de dietas poco saludables pone en riesgo la salud de la persona; y al extenderse el impacto y duración de la crisis del covid-19 aumentan los problemas de malnutrición; por lo tanto, se incrementa la vulnerabilidad sanitaria ante la propia enfermedad.

A causa del sobrepeso, cada año mueren en el mundo, como mínimo,2,8 millones de personas. La obesidad origina otras patologías graves, como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, accidente cerebrovascular y varios tipos de cáncer. Además, afecta a la vida diaria de quien la padece, ya que disminuye la calidad del sueño, produce dolores articulares y de espalda, sudoración excesiva, intolerancia al calor, sensación de falta de aire, fatiga y, en lo psicológico, ansiedad y depresión.

Alexandra dice que un efecto negativo del teletrabajo es la percepción de que comemos más, no tanto en el plato, sino que cada cierto tiempo nos asomamos a la nevera y picamos lo que hay. “En mi caso”, cuenta, “hasta preparaba postres para entretener a mis hijos”. La presión de su trabajo y la pandemia ocasionó que desarrollara cuadros de ansiedad.

El médico Sebastián Espinosa explica que cuando el paciente padece de ansiedad tiende a comer más, sobre todo alimentos que no cuentan con un aporte nutricional. Los alimentos ricos en grasa se convierten en un elemento que produce sensación de calma y satisfacción. No obstante, al tener mayor concentración calórica generan la necesidad de comer en grandes cantidades.

Dice que son muy diferentes los términos alimentación y nutrición. La primera es el acto por el cual el ser humano lleva cualquier comida a la boca, mientras que la segunda se refiere a los suplementos que realmente aportan nutrientes para abastecer la fuente energética diaria del cuerpo.

Con este concepto concuerda Oviedo. Cuenta que durante el confinamiento por la pandemia, la Secretaría de Salud, junto con los estudiantes de Medicina de la Universidad San Francisco de Quito, realizó un estudio para identificar detalladamente cuáles fueron los hábitos ali­menticios de la ciudadanía.

Los resultados arrojaron que el 80% de las personas encuestadas consumió alimentos procesados con altos índices en sal, azúcar, aceite y preservantes, que ­cambian la naturaleza de los ali­mentos originales.

En el caso del Ecuador, seis de cada 10 adultos sufren sobrepeso u obesidad. En este grupo se encuentra Mayra Bueno, quien, con 51 años, padece de hipertensión, diabetes y obesidad. Con la pandemia su peso llegó hasta los 91 kilos. Debido a esta condición, un bastón es su único soporte para movilizarse de un lugar a otro.

Al igual que Alexandra, el encierro durante la pandemia le ocasionó otro tipo de problemas, como la depresión. Mayra tuvo que acudir a ayuda psicológica y psiquiátrica. Cuenta, entre risas, que es una farmacia humana, ya que a los medicamentos que le recetaron para calmar su ansiedad también se ­suman los de la hipertensión, diabetes e hipotiroidismo.

Ahora que los índices de contagio han disminuido, Mayra aprovechó para emprender. Ella y su esposo inauguraron un negocio de comida rápida. Aunque va a paso lento, se emociona al ver que a diario llegan clientes a su local para probar su especialidad: las salchipapas en balde. Eso le ha permitido activarse y dejar a un lado la vida sedentaria.
En Ecuador, el 19,8% de la población de 18 a 69 años de ambos sexos es hipertensa. La obesidad se ha convertido en la mayor amenaza nutricional de América Latina y el Caribe. Casi uno de cada cuatro adultos es obeso.

El Municipio de Quito implementó clínicas Cardiometabólicas para brindar una atención gratuita a los pacientes que padecen obesidad. En lo que va de 2022, han atendido a 348 personas.