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Aarón Paredes tiene 11 años y no había salido del Ecuador. Sin embargo, en agosto estaba en Beijing, durante el RobotChallenge 2026, en la pista de minisumo. A su lado, Mauro Vaca, de 14, corría entre dos categorías que se disputaban al mismo tiempo. Mientras tanto, Mathías Aldás, de 17, el mayor del equipo, manejaba el control remoto en la prueba que, dice, “depende más de reflejos y habilidades”. Los tres estudian en la Unidad Educativa Juan León Mera La Salle, de Ambato, y volvieron al Ecuador con dos medallas de un torneo con participantes de 90 países: oro en minisumo autónomo senior y bronce en minisumo RC profesional. Las ganaron desde el club extracurricular de su colegio, donde entrenan tres horas al día después de clases y más antes de las competencias.
En algunos colegios particulares, la robótica dejó de ser solo un taller. Hay clubes con entrenadores especializados, preparación para competencias nacionales y posibilidades de llegar a torneos internacionales. Los modelos son distintos: algunos colegios asumen el costo; otros trabajan con empresas o profesionales externos y trasladan parte del gasto a las familias.
Para los estudiantes, el club es un espacio para aplicar conocimientos de programación, diseño, electrónica y mecánica en situaciones concretas. Programan, diseñan piezas, sueldan motores y resuelven fallas en segundos, con el robot en la pista. “Aprendimos a resolver problemas bajo presión y a trabajar muy unidos como equipo”, dice Aarón. La robótica combina habilidades técnicas con otras competencias. En La Salle de Ambato, la rectora Silvana Meléndez habla de “seguridad y confianza en sus capacidades intelectuales”. El sistema público, en cambio, incorporó la robótica escuelas fiscales de nueve provincias, hasta 2025, pero aún no escalan a competencias internacionales. Mientras que en los particulares no hay un programa común. Cada colegio decide cómo ofrece la robótica y con quién.
El club de La Salle entrena de 14:00 a 17:00, de lunes a viernes. Y, antes de un torneo internacional, sube de cinco a siete horas al día. Mathías llegó al club a los 14 años. “En La Salle se decidió implementar la materia de robótica y por eso existió un club. Fuimos seleccionados porque ya habíamos ganado otras competencias a nivel nacional”. Ya obtuvo un segundo lugar en Robot Soccer en Colombia y compitió en EE.UU. Ahora está en tercero de bachillerato y dice que el club no le quita tiempo: “me retroalimenta”.
Matías, Aarón y Mauro entrenan juntos desde hace un año. No tienen tareas separadas: “casi todos hacemos lo mismo: diseñamos la estructura, soldamos los motores, calibramos los sensores y metemos mano en la programación“, explica Aarón. El trabajo se organiza a partir de los retos que enfrentan cada día, cuenta Mathías. Mauro entró al club a los 11 años. Antes de China compitió en Guayaquil, Quito, Riobamba y Ambato. Lo que más disfruta es “el proceso de aprendizaje, construcción, programación y diseño de cada robot”.
Construyeron alrededor de 12 robots antes del que compitió en Beijing. Los probaron en torneos nacionales. “Lo que principalmente falló fue la mecánica, que corregimos en cada competición local”, dice Mauro. En China, Mauro estaba inscrito en dos categorías que a ratos corrían al mismo tiempo. Por eso decidió concentrarse en el minisumo autónomo. Con esa estrategia llegó el primer lugar. Para Mathías, en cambio, la más difícil fue la de control remoto, “ya que depende más de reflejos y habilidades”.
Para Aarón, el rival más duro fue Mongolia. “Sus robots tenían imanes ultrapotentes instalados en la base para aferrarse con fuerza a la pista de metal y cuchillas que hacían casi imposible moverlos”, recuerda Aarón. “Eso nos demostró que en sumo la fuerza de los motores y la estrategia de ataque lo son todo”.
Lo más divertido de entrenar, dice, es cuando el robot de sumo saca al oponente del dohyo. Lo más aburrido, en cambio, es limpiar las llantas “a cada rato” y calibrar los sensores de luz “una y otra vez porque cambian con la claridad del cuarto”.
Aarón empezó a los 9 años. Le gustaba armar legos y desarmar juguetes. Su mamá lo acompaña a cada entrenamiento y competencia. Mauro, por su parte, dice que a Aarón le enseñó “a confiar en él, que no importa con quién tenga que competir”. Cuando volvieron, los amigos de Aarón lo felicitaron por WhatsApp y le pidieron ver las medallas. Los tres también identifican qué quieren aprender más. Mauro quiere reforzar el ensamblaje. Aarón, “inteligencia artificial aplicada a robots para que el robot sea más autónomo”. A Beijing viajaron sin sus padres, con dos adultos: su entrenador, Tomás Cobeña, y Andrés Guamanquispe, docente de robótica de La Salle. Guamanquispe fue el tutor legal de los tres.
El club de robótica de La Salle nació en 2023. Lo dirigen dos ingenieros. Andrés Guamanquispe es docente de planta del colegio. Tomás Cobeña es un entrenador externo que el colegio contrató para el extracurricular. Cobeña también compite. Viaja a los torneos internacionales con los estudiantes y, en paralelo, con su equipo de colegas profesionales, Smart-U, que está en proceso de constituirse como empresa. En esos viajes también lleva algunos equipos propios.
El colegio asume todo el costo del club, como hace con danza, básquet, fútbol, taekwondo y canto. “No tienen ningún costo adicional. Estos valores los asume la institución con el único afán de desarrollar nuevos talentos”, dice la rectora Silvana Meléndez. Las familias solo pagan matrícula y pensión. Además, los insumos y herramientas pertenecen al colegio. El año pasado terminaron el club 25 estudiantes. Todos pueden competir a escala nacional; 10 lo hacen a escala internacional.
El enfoque es la competencia. Los estudiantes trabajan diseño mecánico, programación y “resolución de problemas en tiempo real“, según Cobeña. Usan Arduino, el software de diseño Fusion y placas de control propias. Y los resultados están a la vista. Las competencias también sirven como una forma de evaluar aprendizajes. “A través de ellos se evalúan aprendizajes“, dice la rectora.
En Quito, la U.E. Ecológica Trilingüe Gonzalo Ruales Benalcázar tiene su club desde 2025. Lo dirige Daniela Pereira, docente de robótica y mecatrónica. Son 15 estudiantes y todos compiten a escala nacional. En su primer año ganaron siete podios. Primer lugar en carrera de insectos en Robot & Science Challenger. Segundo en soccer en Kunta Bots, en Santo Domingo. Segundo en seguidor de línea en el Colegio Técnico Pichincha. Dos primeros y un tercero en la competencia Jezreel. Finalmente, un segundo y un tercero en Starbot Planet.
La robótica empieza desde inicial. Los más pequeños relacionan números, vocales y formas con actividades de construcción. Trabajan motricidad fina y pensamiento lógico. En básica y bachillerato pasan a kits de construcción y programación, y luego a proyectos de competencia. “Buscamos que el estudiante no sea únicamente consumidor de tecnología, sino que pueda convertirse en creador”, dice la rectora Paola Ruales.
Este año el colegio sumó un aliado externo: Robot Planet Ecuador. La rectora explica que eligió su propuesta para “complementar y potenciar” el trabajo de la docente. La alianza incluye kits y equipos para el laboratorio, que pasan a ser del colegio. También incluye pistas para que el plantel sea sede de torneos, apoyo en la preparación para competencias nacionales y ‘acreditaciones’ para llegar a eventos en China y Rumania. El colegio invierte en el laboratorio. Las familias, por su parte, compran el kit de cada alumno. Para este año, el colegio proyecta una competencia abierta a toda la comunidad educativa.
Robot Planet Ecuador comenzó hace nueve años en Quito con 15 a 20 estudiantes. Hoy ofrece cursos propios de robótica para niños y jóvenes de 5 a 17 años en cinco sedes de la ciudad. Y lleva sus talleres a colegios como extracurricular o club oficial. Enseña desde programación por bloques en Scratch hasta Python, modelado e impresión 3D, Arduino y LEGO Education. Un alumno de club recibe 12 horas al mes, unas tres a la semana. Los que van a competir suman jornadas intensivas en septiembre, antes de los torneos de octubre. Los costos mensuales por el extracurricular en un colegio están entre 30 y 60 dólares, mientras en sus sedes ronda entre 45 y 65 dólares. Los kits cuestan de 40 a 250 dólares. Su director, José Luis Ramírez, explicó que hay colegios con los que trabaja que prefieren mantener en reserva el convenio.
Cod3x Steam vende a los colegios un programa de robótica que entra al horario de clases, con dos horas semanales. Entrega una planificación académica por niveles, capacita al docente y lo acompaña durante el año. Además, ofrece una plataforma propia, Moodle Cod3x, con contenidos y seguimiento. Y entrega kits de aula a la institución para que el docente tenga material en clase. “La institución no paga nada”, dice John Hidalgo, representante. El único pago hacen los padres: el kit del alumno, entre 32 y 70 dólares según el nivel. Son kits de la marca china ZM Robo, compatibles con Arduino, Python y Tinkercad.
El modelo comercial funciona así: el colegio incorpora el programa y las familias compran el kit. Los alumnos trabajan robótica, programación, electrónica, sensores y automatización. También existe una modalidad de club extracurricular presencial: 20 dólares mensuales por estudiante, dos horas semanales y mínimo seis meses. Incluye kit, instructor y certificado.
Cod3x empezó en 2023 con cuatro colegios. Hoy tiene 16. Ambato: Santo Domingo, Celite, Nueva Era, Josué Elemental y Los Sauces. Riobamba: Iberoamericano y Pensionado Americano. Quito: Bethlemitas, Letort, Rudolf Steiner y Liceo Ortega y Gasset. Valle de los Chillos: Academia Militar, Marqués de Selva Alegre y John Osteen. Además, Internacional Cotopaxi en Latacunga y Ecomundo en Babahoyo. Cod3x tiene siete instructores: ingenieros en mecatrónica, electrónica, mecánica y automatización.
Para un estudiante, el camino a un torneo internacional empieza en el circuito nacional. Los colegios y profesionales consultados describen competencias recurrentes en Quito, Guayaquil, Riobamba, Ambato y Santo Domingo. Algunas las organizan las propias empresas del sector. Robot Planet organiza Starbot Planet. Cod3x organiza el WRC Ecuador, que otorga cupos a la competencia mundial de robótica (World Robot Contest). Este torneo lo organiza en China la Sociedad China de Electrónica.
En La Salle, el criterio es haber ganado en torneos nacionales. Los 10 que compiten afuera son los que más han ganado. En Cod3x, quien clasifica en el WRC Ecuador viaja con el pasaje pagado por la empresa.
Los resultados, a su vez, son parte de la estrategia de promoción. Los ingenieros consultados reconocen que las medallas sirven para mostrar sus resultados ante colegios y familias. “Son nuestra mejor carta de presentación”, dice Ramírez. Los colegios, por su parte, las anuncian como logros institucionales.
RobotChallenge es uno de los escenarios internacionales en los que Ecuador obtuvo medallas. En 2025, Cobeña viajó a Beijing con Dennis Hidalgo, de 21 años. Hidalgo estudia en la Escuela de Robótica Nastratech de Ambato y electrónica y automatización en la Escuela Politécnica de Chimborazo. Volvieron con cuatro medallas: oro en minisumo autónomo y bronces en seguidor de línea adulto, minisumo RC y sumo humanoide RC. En 2026 fueron otras cuatro. Cobeña y sus colegas Esteban Navas y Alex Holguín ganaron oro en minisumo RC profesional y bronce en carrera de humanoides. Los tres estudiantes de La Salle, oro en minisumo autónomo senior y bronce en minisumo RC profesional.
Los tres modelos recurren a profesionales con formación técnica, aunque no todos funcionan igual. En La Salle, mecatrónicos, electrónicos o mecánicos con más de tres años en robótica de competencia. Robot Planet tiene ingenieros en electrónica, mecatrónica o sistemas con experiencia dirigen equipos en torneos. En Cod3x, mecánicos, electrónicos, mecatrónicos y de automatización que capacitan a docentes.
Lo que cambia es el tiempo y el enfoque. Un club de competencia como el de La Salle trabaja tres horas diarias sobre el prototipo: diseño mecánico, programación y estrategia de torneo. Robot Planet, en cambio, da tres horas semanales que van de Scratch a Python, con impresión 3D, y añade intensivos antes de competir. Cod3x da dos horas semanales de proyectos de aula. “El programa regular forma al estudiante y la preparación competitiva especializa y optimiza su desempeño para un reto específico”, dice Hidalgo. La rectora Ruales lo ve como un solo proceso: “Los aprendizajes adquiridos en el club son los que después permiten que los estudiantes puedan desenvolverse en las competencias”.
El gasto de los viajes se distribuye de manera distinta según el modelo. Para el viaje a Beijing, el papá de Mauro Vaca calcula que invirtió unos 3 200 dólares en pasajes y movilización. La Salle cubrió hospedaje, alimentación y materiales de competencia, como ya lo había hecho en el viaje a EE.UU.
En Robot Planet, según Ramírez, el costo se cubre “mediante un esfuerzo conjunto entre las familias, autogestión de los estudiantes y el respaldo de la academia”. Cod3x paga el pasaje aéreo del alumno que clasifica. Inscripción, hospedaje y alimentación corren por los padres.
Por eso no todos viajan. Cobeña estima que, de sus alumnos, un 40% llega a torneos nacionales y entre 15% y 20% a internacionales, “por motivos de costos de viáticos”. Cod3x, en cambio, no lleva un porcentaje: “no obligamos a las instituciones ni a los estudiantes a participar en competencias”.
En los próximos días, cuatro alumnos del club de La Salle viajan a Moscú-Rusia, al Battle of Robots Championship. Es un campeonato internacional de combate de robots en un ring. “Están preparando un robot totalmente diferente”, dice Aarón, que esta vez no va.
Cod3x, por su parte, llevará estudiantes a RHA Robotics, del 1 al 3 de octubre en Bogotá-Colombia. Mauro seguirá en torneos nacionales este año y volverá a los internacionales en 2027. Mathías, en tercero de bachillerato, ya decidió: estudiará ingeniería en mecatrónica y seguirá en las competencias.
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En clubes extracurriculares de colegios particulares o en academias privadas. En La Salle de Ambato, por ejemplo, el club entrena tres horas diarias con ingenieros y construye hasta 12 prototipos antes de un torneo. Otros colegios ofrecen entre dos y tres horas semanales con un aliado externo.
Entre cero y USD 65 al mes. En La Salle va dentro de la pensión. Con Cod3x la familia solo compra el kit (USD 32 a 70) o paga USD 20 al mes por el club. Con Robot Planet, de USD 30 a 60 en colegios y de USD 45 a 65 en sus sedes.
Unos USD 3.200 por familia solo en pasajes y movilización, en el viaje a RobotChallenge 2026 en Beijing. El colegio cubrió hospedaje, alimentación y materiales. Sin embargo, el costo varía según el país, la duración y la inscripción.
Un torneo internacional de robótica que se realiza en Beijing, China, con participantes de 90 países. Tiene categorías de minisumo (robots autónomos o a control remoto que se empujan fuera de una pista), carreras de humanoides y seguidor de línea. En 2026 se disputó del 7 al 9 de agosto.
Programación (de bloques a Python), electrónica, sensores, diseño mecánico e impresión 3D. En los clubes de competencia, el trabajo se orienta al prototipo y a la estrategia de torneo. En los programas institucionales, en cambio, a proyectos de aula de dos horas semanales.


